Es sólo el otoño


Domingo, 22 Octubre, 2006 a las 16:55

Otoño en Irati

Este silencio no es ausencia de mí, no es que me haya ido por la puerta de atrás del camerino aprovechando que no miraba nadie. No son las horas sin dormir, ni las esquinas de las calles de este ningún_lugar que se me han llevado demasiado lejos. No me ha malherido de nuevo la memoria ni me he desangrado de desgana hasta morir. No es el grito ausente de la víscera que se revuelve sin aire para respirar, ni el roce de la punta de unos dedos más allá de donde adornan las costillas.

Es sólo el otoño. Que me ha dispersado con el viento y la caída de las hojas hacia el paisaje invernal. Sólo el otoño, que alimenta mis semillas en el suelo. Que se lleva con el frío tantas cosas tras la lluvia en el cristal.

Sólo el otoño que, desnudo y gris, me atrapa hacia un invierno desnudo y sin abrigo.

Whitney Houston


Lunes, 9 Octubre, 2006 a las 2:42

Algunos de vosotros me han preguntado qué tal me va. Qué es de mí. A muchos otros, hace demasiado que no os llamo. Y la verdad, sólo se me ocurre un miserable ejemplo que lo condense todo en pleno.

Hace unos días, quizá la semana pasada, bajé a tomar café a la cafetería de abajo. Un café que fueron dos y cinco teóricos minutos de una tarde que acabaron conmigo echando la reja al local por dentro mientras hablaba con César, el dueño y camarero, unas horas más tarde.

La conversación, en esencia, fue trivial. Pero César es uno de esos tipos que de vez en cuando sale con la reflexión filosófica del mes y conviene estar cerca para escucharla y, justo al despedirnos, me dijo:

- Sabes, Javi, cabes dentro de una canción de Whitney Houston.

Y yo me reí, ingenuo, mientras salía del bar.

Hoy han puesto una canción suya en la radio y he comprendido exactamente a qué se refería. La canción la conocemos todos.

… But I guess that’s just the way the story goes
You always smile but in your eyes your sorrow shows

No I can’t forget tomorrow
When I think of all my sorrow
When I had you there but then I let you go
And now it’s only fair that I should let you know
what you should know…

Withney Houston - Without You (extracto)

Y es que por tiempo que pase y máscaras que vistan mi frente supongo que el que sabe ver distingue, cómo no, que por más esfuerzo y tiempo que dedique a este sinsentido de la realidad, aún son tuyas mis pupilas.

Unos pisos más abajo


Lunes, 28 Agosto, 2006 a las 21:59

Podría decir que hay una pareja en mi edificio, unos pisos más abajo, que no se quiere. Nunca los he visto, no sé ni cómo son ni cómo hablan, lo que tantos días se cuela por la ventana de mi habitación es poco más o menos un conjunto desgarrado de improperios que se dicen uno al otro. Él suena como a voz masculina y fuerte, y entre gritos todo suena a frustración y nervios; ella, por contra, rebosa una femineidad agresiva con la que devuelve grito con grito y aspereza con lija verbal.

A veces imagino que en el fondo sí, que hay algo detrás de tanta violencia verbal que acaba siempre con portazo y estampida en la escalera para retomar horas después, como un boomerang, en las mismas circunstancias. Imagino que en algún momento fue feliz, que existió una época dorada en la que pasearon juntos por los mismos jardines de la vida y que tenían algo que contarse, de qué hablar. Quizá ella tenga una voz dulce y él sea un paraíso de amabilidad, y por la noche, cuando se apagan los incendios en el pecho y dejan encendidas solamente las farolas, se devoran uno al otro como pidiéndose perdón, masticándose gritos y culpa a mordiscos entre sábanas revueltas y arañazos en la espalda.

Pero luego oigo los gritos, los portazos y las maldiciones y me queda sensación de cementerio.

Decía, a juzgar por lo anterior, que uno puede pensar que unos pisos más abajo hay una pareja que no se quiere.

Sin embargo quiero creer que lo que les pasa es que ya no saben ni gritarse. Que se están diciendo una y otra vez “te quiero, pero ya no te conozco”, que se gritan porque no saben qué hacer, porque el corazón les ata pero por cualquier motivo los caminos en la vida se les han desenlazado y ahora va cada uno por aquí o por allá sin saber muy bien dónde dejaron de sentir la palma del otro entre sus propias manos.

Y así viven sumidos en la bronca hueca, en el gritar por gritar, en esa pugna imposible por recuperarse y volver a lo que conocían, que hace tanto tiempo que no está que pretenden desandar todo el camino recorrido en un paso y decir “ya está, estamos en casa de nuevo”, y que con un par de palabras está todo solucionado y se acabó el gritar y el llanto sordo, y el pedir perdón clavando uñas y portazos en la espalda.

Y esas palabras que antaño calmaban no les valen ya. No saben pedirse tiempo muerto a tanta mezquindad y ahora, mientras les veo arrancándose la ropa por el hueco que dejan las cortinas y el cristal, y escucho sus “lo siento” entrecortados entre gemidos y jadeos, mientras les sé esperando que aquella discusión haya sido el punto y final, puedo decir…

Que hay una pareja en mi edificio, unos pisos más abajo, que se quiere con locura, pero se quiere mal. Y que de tan juntos y tan lejos, sólo les queda separarse.

Y luego ya verán.

Crees…


Domingo, 27 Agosto, 2006 a las 19:13

que por iniciar una conversación a media voz en un sofá ya está todo resuelto. Que basta con echar de menos y de más, y que puedes correr febril y a pies desnudos por el mundo gracias a un rozar de labios, y que se te despierte el hambre por saber qué habrá detrás de un par de ojos que se clavan en los tuyos con la misma intensidad.

Crees que es tan fácil tirar bor la borda todo un mundo de desilusión y desconcierto, que ya está. Que cada segundo de tu historia se ha de transformar, en in instante, del infierno en un vergel de luz sin sombra, mil palacios de sonrisas y final feliz con beso y noches estrelladas.

Y cuando dejas que una mano se te acerque al pecho te sorprendes dando un salto hacia atrás, los músculos completamente rígidos y el frío helado de unos dedos que se abrazan a cada vértebra que llevas en la espalda.

Porque has pasado lo peor, dices y crees, y de todas las heridas que te abrieron rezas que aprender a veces cuesta algo más que esfuerzo, unas gotas de sangre y lágrimas.

Pero es al ver tu salto, el miedo cerval, la huida fácil más allá de aquella puerta y su escalera comprendes que lo peor acaba de llegar. Acabas de salir de un coma y ahora, al intentar mover las piernas, descubres tu tetraplejia emocional. Toca el control de daños. El descubrir cada secuela incomprensible de estar tanto tiempo agazapado en el rincón de lo que quedó atrás. Dos mil análisis de sangre, radiografías que te muestren todo lo que se enquistó y que te tendrás que operar. Los clavos para tu fractura múltiple de alma. Los mil años de corazón escayolado. La rehabilitación total.

Puedes, en los momentos en que todo se te antoje más allá de aquello que llamas sostenible, soñar con ir descalzo por el mundo y por la vida a toda velocidad. Imaginar sueños de arena dispersándose bajo tus pies y verte con los brazos extendidos hacia un horizonte de verdes y praderas. Y soñar con brazos y canciones, con miradas y sus besos y el saber que un día te despertarás para encontrarte sonriendo con que tu pareja te lleva espiando entre las sábanas desde minutos atrás. Puedes soñar con lo que quieras. Con un acervo inabarcable de nuevas canciones. Con inagotables lienzos que pintar. Con la vida llena de ilusiones.

Pero ahora…

ahora toca levantarse de la silla, y aprender a andar.

Quizá hace un mes


Domingo, 20 Agosto, 2006 a las 15:38

… Y ya podrían desangrarse en mis oídos las canciones, y hacerme sangrar con música y palabras que todo daba igual, de todos es de sobra conocido que cuando uno muere no le sangran ni los cortes ni los golpes que le puedan dar.

Así arrastré mis pies por el camino el día en que dejé olvidada en el armario la sonrisa para mis pestañas, y aquella lámpara de alcohol que hiciera recordar que existe un fuego que buscar cuando en por la punta de los dedos ya no viajan más que sombras.

Fueron tantas las vidas que perdí, tantas las manos que buscaban arrancarme de mi propia historia que aprendí el instinto de esquivar aquellas voces que gritaban que dejase de correr por las cuchillas del silencio, que me arrancaban a tirones de la oscuridad, y susurraban tenuemente que me estaba enmoheciendo en la memoria.

Hoy, en este pecho vacío, las heridas ya no sangran.

Y al fondo del pasillo una luz, quizá el reflejo de mí mismo sonriendo desde el otro lado de la vida, invita a abandonar este pasillo de cristal y pies descalzos, este horror personal, este cajón desastre de puñales con un nombre, esta maldita ingenuidad, y grita:

Llega la primavera de tu nombre. ¡Sal!.

« Entradas anterioresEntradas siguientes »
En mis retinas. Get yours at bighugelabs.com/flickr
ibsn_img.php.gif

Creative Commons License
Esta obra es publicada bajo una licencia Creative Commons.

27 Consultas. En 0.410 Segundos. Qué guay.