700 km. de puñales


Martes, 18 Abril, 2006 a las 2:11

Un teléfono entre el imposible y la garganta, una llamada que hacer, reaprender el diccionario de tu voz.

Que mostraras cómo era de fácil explotar un corazón con una sola de tus carcajadas (y tenía hasta el chiste que contarte en la recámara).

Oírte hablar del qué_tal_hoy y todos los lo_pasaste_bien_ayer, qué_harás_mañana porque nunca te expliqué que eras la espuma de mis olas, que hasta que llegaste yo no había hecho más que estar de más, y que con eso me bastaba.

Pretender jugar a ser tu amigo sin dejar que vieras que le sonrío al cielo por cada segundo de inolvido que le arranco a tu reloj.
Hablarte a ojos cerrados que aún no han aprendido a verte en la distancia y dibujarte entera con el corazón hablándome a un centímetro en la almohada.

Decirte agarrotando hasta la voz que te cuides mientras muerdo un que te comería hasta los tuétanos del alma.

Y contar las horas hasta que volviera a suceder.

Pero comí la mano a medio camino del segundo cuatro y el uno de después.

Bastante_tiene_con_lo_que_tiene_que_tener.

Cambio el teléfono por sobredosis de nicotina, por el disco que no sé si algún día te grabaré. Todas las canciones que son nuestras, las que han venido después. Pensar que la que hacíamos con sólo mirar quizá no vuelva. Clavarme a Sabina hasta devolver, el desde hace tanto inaudible romance (que hice quitar a un amigo en una fiesta hace poco, una vez) en cada una de las venas.

No me sorprende que en pleno sin ti no entiendo el despertar llegue un mensaje.

Y antes de mirarlo ya sé que eres tú, como sabe el mar cuándo pasará la luna para acercarse. Porque tanto te grabé la cicatriz que así sabes de mí (te escuece el corazón cuando aquí descarga la tormenta). Porque funcionamos así, tremenda máquina sincronizada e imperfecta.

Quiero leer que tampoco tú consigues olvidarme. Que en realidad aún crees, pero pasado y miedo te hacen correr. Que perdiste la espadas pero para luchar aún puedes usar las uñas y los dientes.

(No lo haces).

Y yo no sé ya cómo alejarme, qué ponerme de cristal para estamparme cada vez que eche a correr. Qué cadenas usar para no saltar hacia el vacío hasta encontrarte. Que este filo de navaja me ha dejado ya sin pies. Que esta pluma sangra demasiado como para que la calle.

Y es que te comería el alma hasta rebosar. Hasta el olor y emborracharme. Te arrancaría mi nombre entre las sábanas. Te cosería a mi piel.

Y seguiría despertándome mirándote otra vez. Real. Mañana tras mañana.

Como un príncipe destronado


Miércoles, 12 Abril, 2006 a las 1:12

Como un río de sangre reseca.
Como una pluma que empuja al vacío palabras que ni siquiera comprende.
Como la flor que no entiende que ha de morir en los últimos días de la primavera.
Como un corazón gastado de palpitar ceniza dentro del pecho.
Como una cama vacía.
Como un perro en los huesos.
Como una casa sin puertas.
Como un niño ciego.

Así se pasan las horas, así juega conmigo el tiempo.

Yo que fuí todo sangre
Yo que fuí pluma con que escribirte en la piel de la espalda.
Que fuí por la vida como la flor del almendro (aquel febrero que fue primavera)
Que me rompí las costillas para contenerte dentro del pecho.
Que aún guardo en el colchón la silueta de tu cuerpo.
Yo que te abrí la puerta.
Que te encontré a pesar de mundos y de kilómetros…

Contemplo ahora, perdido, los ecos de aquel imperio.

Como un príncipe destronado, viendo pasar las horas vuelto en ceniza y gris.

Y la sangre, siempre, en otro lado.

Got up early, found something’s missing…
my only name.
No one else sees but I got stuck,
and soon forever came.
Stopped pushing on for just a second,
then nothing’s changed.
Who am I this time, where’s my name
I guess it crept away.


Andain - Beautiful things (extracto)

Like the deserts miss the rain


Lunes, 3 Abril, 2006 a las 14:10

Ahora que ya no me preguntas por qué busco el reflejo de tus ojos escondiéndose detrás de los cristales, ahora que ya no ves que estoy muerto de sed y no hay agua que me sacie. Ahora que vuelven las hojas y los trinos y los árboles, y que ya no sé si este sabor es sal del mar o es que hasta el aire sabe a lágrimas.

Ahora que ya no me queda llanto que ofercerle a estas paredes. Que todo el tiempo recorrido se me vuelve marcha atrás. Que se acabó la música y me he cansado de silbar los últimos acordes. Que esta ciudad me sabe a guitarra herida, a gris, a talco empapándome las muelas.

Ahora, mientras estoy sentado en el salón vacío a media luz, dejando que se pierdan los rayos de sol entre los átomos del aire que los reflejan. Ahora mientras aquel se esconde al fondo entre nieve y montañas. Ahora que ya casi no puedo ver. Ahora que te he maldecido una vez más por todos tus adioses. Ahora que te he recordado amanecida entre las sábanas. Ahora que se me olvidó tu voz. Que me acuerdo demasiado de la textura de la punta de tus dedos.

Ahora le hablaría de tu corazón a estas paredes que me miran y no entienden. Del por qué de este silencio a media luz de por las tardes. Y del día que te vi pasar. Y del que te quedaste. De por qué contigo al lado todo se vestía de otra luz.

Y hablaría con el suelo, con los muebles, con cada mota de polvo de la habitación de cómo era el mundo cuando aún era grande.

Pero dejo que esta última voluta de humo del cigarro se pierda en dirección al sol, allá a lo lejos, hacia las cumbres.

Ahora quise oír tu voz. Y me quedé buscando tu reflejo más allá de los cristales.

Y es que nunca comprendí que la palabra fin no dejaba espacio a las segundas partes.

Maybe the lateness of the hour
Makes me seem bluer than I am
But in my heart there is a shower,
I hope she’ll be happier with him.
Maybe the darkness of the hour
Makes me seem lonelier than I am,
But over the darkness I have no power,
Hope she’ll be happier with him.

I can’t believe that she don’t want to see me,
We lived and loved with each other so long.
I never thought that she really would leave me,
But she’s gone.
Maybe the lateness of the hour
Makes me seem bluer than I am,
But in my heart there is a shower,
Hope she’ll be happier with him.

Dayna Kurtz - Hope she’ll be happier (with him)
Original de Bill Withers

De la tinta seca…


Martes, 28 Marzo, 2006 a las 1:30
De la tinta seca...

Acabé,
tan harto de buscarte en los espejos
que ahora paso de perfil
cuando veo mi reflejo en ellos.

No paré
hasta ver tu sombra sujetándome los pies.

Hasta hablarte, por hablar, del tiempo.

Y mientras grito un qué será de ti
todo lo que te quise decir
se lo traga insatisfecho este silencio.

la inevitable diferencia entre pensar e imaginar


Lunes, 13 Marzo, 2006 a las 23:23

Pienso en este lugar, en los primeros rayos de una luna llena que se filtran por entre las azoteas para dar en mi ventana. En esta brisa ya primaveral que arrulla cada pulso del teclado.

y mil imposibles carabelas se desplazan surcando un cielo en el que sólo cabe el viajar sutil de sus velas impulsadas al batir enamorado de un ejército de mariposas. La quilla de la embarcación que lleva la bandera (construida cuando el tiempo aún no era algo importante que contar) es de obsidiana pura, y adornan a lo largo de toda su eslora, esparcidos como por azar, cristales surgidos de la misma piedra al calor y la presión de cada beso.

Pienso en la primavera que se acerca inevitable cuando veo despertándose, tímidas todavía, las primeras hojas en las ramas de los árboles. En la hormiga que celosa corretea por los brotes de una tardía hierba. En la sequía. En el mar.

… y por las jarcias del navío, de plata pura, se descuelga una figura de ojos verdes con una intención amordazada entre los dientes. Apenas un susurro de su piel acaricia cada cuerda en su caída mientras juega solo en la más pura oscuridad a rozar con cada una de las yemas de sus dedos el saludo inevitable de un tiempo mejor, surgido mucho más abajo de las copas de los árboles. Y al posar sus pies descalzos en ésta, su cubierta, un millón de gotas de rocío hacen cosquillas en sus plantas. El tacto le recuerda a la plenitud de aquel que un día fue su hogar (paisaje en el que tantas veces se perdió), océano de verdes praderas.

Pienso en la gente que dio nombre a cada calle, en cada desconocido escrito en blanco sobre azul. En Karen Blixen cuando abandonaba la tierra a la que amaba (¿Acaso conoce África una canción que hable de mí? ¿Se agitará el aire sobre la llanura con un color que yo he llevado? ¿O tal vez los niños inventarán un juego en el cual figure mi nombre?). En el bálsamo reparador de cada minuto de olvido cuando duele lo que se recuerda.

Y la figura de desplaza por el barco que le vio crecer, testigo incólume de sol abrasador y las más terribles tempestades, agradecido de volver por fin a casa. Las tablas de madera crujen susurrándole la bienvenida, y el chasquido inevitable de la lona de las velas hace correr la voz al resto de la armada. Él ha vuelto a casa. Al fondo, una pequeña luz anaranjada, un camarote, una figura recortada en claroscuro durmiendo plácida en su cama.

Pienso en el silencio de esta noche, sorprendido de la ausencia de palabras. En esta paz. En esta calma. En este ritmo sosegado de la música que invita, casi demasiado, a soñar. Te pienso acurrucada y de perfil, perdida tu consciencia entre las sábanas.

… Abre la puerta y, sin ruido alguno que le pueda delatar, vuelve en acto cada segundo abrasador de su intención; y el eco que se derrumba al instante desde el centro de sus vidas (allí donde abriga el recuerdo cada pecho), es la melodía despiadada de un enjambre de violenta percusión que le pone fin al sueño, a la ausencia, al dolor. Y nada falta.

Porque, ya lo ves, tratando de pensar en lo hermoso que es el mundo tal y como está, sigo imaginando que por invisibles y fantásticos que sean los mundos por los que te quieres escapar, allí donde duerme tu corazón se construyó el mío su casa.

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