[R]: Dos de dos


Lunes, 12 junio, 2006 a las 2:25

Creí que había aprendido a llorar por entre los dedos de los pies, capaz de elegir miradas limpias y máscaras de porcelana si me muero por dentro.

Creí que había aprendido a vivir un poco más o menos en ese espacio que dejó la sombra de tu espalda, que había comenzado a no pensar. Creí que el mundo me devolvía a veces los colores. Creí en principios y finales. Creí en paradas técnicas. Y en el vuelta a empezar.

Crecí, como la planta miserable, por entre las ramas del árbol caído y mirando al mar. Crecí cuatro centímetros en esta tierra del olvido. Cuatro centímetros o cinco toneladas métricas de ubicuidad, de pecho malherido.

Creí y crecí. Con la verdad de dos factores desangrándome la frente. Que uno no puede caer hacia lo más profundo a veces, porque acaba de llegar… y que una escala de grises puede dar la forma a un universo que antes tuvo dieciseis millones de colores.

Pero se puede seguir cayendo. Y la fuerza de la gravedad atiende solamente a dos verdades. Que caigo más deprisa porque ahora peso más.

Así que sí, reuní la fuerza para desangrarme en el infierno de tus ojos. Nos regalamos un puñado de verdades cerca de los hombros. La tuya por partir de aquellos brazos (no los míos) que han dejado marcas en tu cara y en tu espalda. La mía por necesidad.

Y te volví a abrazar, y descubrí el error. El pelo no te huele a mar.

Tu pelo huele a Casa.

Io sono il vento
sono la furia che passa e che porta con se
che nella notte ti chiama che pace non ha
sono l’amor che non sente pietà…

Coctail Lido – Io sono il vento (original de Mina Mazzini. Extracto).

[R]: Uno de dos.


Viernes, 9 junio, 2006 a las 0:18

Desear que el mundo estalle en llamas,
que me abrasen desde el corazón y evaporen cada gota de agua de mi cuerpo.
Expulsar de mi garganta este rugido sin final,
este canto de victoria de un millón de cuervos masticando mis entrañas.

Hoy recé por un camino de púas y calaveras,
por un corte en una vena de alquitrán,
por un eje partido de dos ruedas y el retraso
inevitable
de un convoy peninsular.

Y sucedió (como suceden siempre los milagros cada cierto tiempo).

llegaron tarde todos los caballos de reserva,
se agotó la munición contra esta realidad
de muñeco dominado por la pena.
De tu paso leve entre las puertas de un Madrid
sobre la que espesa el aire de una asesinada primavera.

Concedidos los minutos, el instante, el cruel suspiro de mirar
y ver qué realidad esconde
el silencio aguamarina de tus pozos.

Tiempo que arañar desde el olvido de tus pasos.

Plumas disolviéndose en la prisa de este tren sin humildad,
que siempre viajará demasiado despacio.

¿Qué se ocultará en lo más profundo de tu rostro,
más allá de las sonrisas y el “¿Qué tal estás?”.

El mundo en llamas.

Un abrazo contenido, y un azul. Y una sonrisa.

Por dentro.

Por tiempo que pase y corazón que muera. Por silencios demacrados y palabras entre dientes que se nos desprendan. Por años de encierro y de oscuridad y de equipajes… por siglos de miedo que me arranquen las pupilas de tus ojos, que de tanto querer no sé mirar.

Es sólo una nota que resuena. Un acorde sin final.

Y una sonrisa por dentro.

(Aún te olía el pelo a mar).

On me dit que nos vies ne valent pas grand chose,
Elles passent en un instant comme fanent les roses.
On me dit que le temps qui glisse est un salaud
Que de nos chagrins il s’en fait des manteaux
Pourtant quelqu’un m’a dit…

Que tu m’aimais encore,
C’est quelqu’un qui m’a dit que tu m’aimais encore.
Serais ce possible alors ?

On me dit que le destin se moque bien de nous
Qu’il ne nous donne rien et qu’il nous promet tout
Parait qu’le bonheur est à portée de main,
Alors on tend la main et on se retrouve fou
Pourtant quelqu’un m’a dit …

Carla Bruni – Quelqu’un m’a dit (extracto)
(gracias por la banda sonora de ésta, Ginger)

Possibly Maybe


Miércoles, 7 junio, 2006 a las 13:06

Pedirte. Decir. Callarme…

… Que no le hablen de amor tus dos ojos azules a este mar de lágrimas resecas.
Que este cuerpo pálido y vencido ya se vació de todas sus promesas.
Que no te aceptaré un adiós vendido
a un espacio mal vestido
de silencios y de ocasos.
Que no me cambies corazones por cariño.
Que no quiero hablar de nada eterno.
Que no quiero querer espacios huecos en el pecho
por donde esperar calor o frío
derramándose desde las uñas de tus dedos.
Que no quiero orden para este sinsentido
en una copa de cristal.
Que hace tiempo que me bebo el miedo frío.
Que no me queda paz para soñar.

And so fucking on.

Así, a dos metros de mí, cuestión de verte (o no), me sobrarán todos los ques y cien millones de palabras. Como siempre me sobró cada imposible adorno entre tus dedos. Con un poco de suerte llegarás (de paso siempre hacia otros puertos). Y…

“estás más delgado. Pareces más viejo”.
“A ti te ha crecido mucho el pelo. ¿Qué tal el viaje?”.

Se dejarán caer así las frases sin nada mejor que hacer. En dos instantes. Dos segundos. Dos milenios. Dos paradas de tren. O siete, o setecientas.

Un segundo o cinco mil.

Porque todo lo que en realidad aún nos quede por hablar, lo habremos dicho con un simple cruce de miradas. Lo sabes tan bien como yo. Los ojos (estos) nunca mienten. Y para todo lo demás nos sobra la conversación.

I’m just a peeping tom
On my own for far too long
Problems with the booze
Nothing left to lose

I’m weightless… I’m bare
I’m faithless… I’m scared

Placebo – Peeping Tom (extracto)

Al final, canciones


Jueves, 25 mayo, 2006 a las 11:20

Así que dices que no entiendes el por qué de mi silencio. De mi puerta repentinamente cerrada. De la alternativa binaria entre arrancarme la vida con las manos o dejar de hacerlo sobre el papel. Del blanco o negro. Del querer Querer o no querer.

No tendría que decirte que de tanta rendija abierta ya no queda más que polvo y viento en el desván. Que de tanto jugar a corazones no me queda nada que apostar, que a esta partida se le acaban las monedas. Que a este pecho ya no puedo declararle más palabras porque te lo he dicho todo ya.

Me he cansado de este tiempo de estatua de sal.

De recorrerte a base de miradas hacia atrás.

Y ya no quiero sueños e ilusiones de observarte con las manos, de esperar el cielo de tu voz.

Ya no quiero hablar de cómo era el mundo cuando aún era grande. No quiero esperar aquella vida que siempre fue mejor para acabar viviendo en esta proyección que se repite hasta la saciedad de lo que fue un “nosotros”. Que todo tiempo vivido fue mejor.

Y aunque sepa que siempre sonará mejor el viento que vivimos en aquellos árboles, aunque aquello sí que fuera sol, hoy prefiero este silencio y sumergirme en brisas que me calmen.

Arroparme en sinsentidos que no me hablen ya de amor.

Y vivir sin sangre.

No acordarme de dónde te dejé mi corazón.

E ignorarte. No olvidarte.


Vesti la giubba e la faccia infarina,
La gente paga e rider vuole qua.
E se arlecchin t’invola Colombina,
Ridi, Pagliaccio, e ognun applaudirà!

Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto;
In una smorfia il singhiozzo e il dolore…
Ah! Ridi, Pagliaccio, sul tuo amore infranto!
Ridi del duol che t’avelena il cor!

Ruggiero Leoncavallo - Vesti la Giubba (Pagliacci), extracto

Sic transit gloria mundi


Domingo, 7 mayo, 2006 a las 18:00

Aprendí a vivir lejos de ti, como aprende uno a manejarse siendo manco, como vive uno cuando acaba dejando las maletas en una ciudad que le resulta totalmente extraña. Aprendí que caminar ya no es cuestión de conocer el nombre de las calles, que siempre buscaría alguna esquina que llevase un eco de tu nombre. Que intentaría recorrerte dibujando mapas con el corazón, que siempre habría algún punto de mi cuerpo en el que jamás alcanzaría ya a rascarme.

Aprendí a vivir huyendo del silencio, porque lejos de acallar esa locura interior, el murmullo general apaga algunas voces. Como aprende uno que ciertas heridas no terminan de cerrarse, o que siempre dolerán en días de tormenta.

Hoy, digamos que un año después, puedo decir que tengo más arrugas en la frente. Que me quedan todavía cinco dedos en la otra mano. Soy una reposición caduca de una peli de domingo. Otra vez los mismos gritos, otra vez los mismos nombres, otra vez los pies perdidos entre ésta y aquella otra ciudad en la que puse nombre a todos los gestos de tu frente.

Sigo buscándome el brazo al dormir.

Sigo pintando mapas con que descubrirte, imaginando formas de encontrarte. Sonriéndole de nuevo al mar que nunca he vuelto a ver al despertarme.

Y así me van saliendo sombras en las líneas de las manos, y callos en las plantas de los pies. Tú te mueves. Viajas. Subes o bajas. Recorriendo todas las distancias que traduce un no volver, pero sin terminar de marcharte.

Yo aprendí a vivir lejos de ti. Pero nunca aprenderé a olvidarte.

Esta sala de espera sin esperanza,
estas pilas de un timbre que se secó,
este helado de fresa de la venganza,
esta empresa de mudanzas
con los muebles del amor.
Esta campana muda en el campanario,
esta mitad partida por por la mitad,
estos besos de Judas, este calvario,
este look de presidiario,
esta cura de humildad.
Este cambio de acera de tus caderas,
estas ganas de nada, menos de tí,
este arrabal sin grillos en primavera,
ni espaldas con cremallera,
ni anillos de premusir.
Esta casita de muñecas de alcoba,
este racimo de pétalos de sal,
este huracán sin ojo que lo gobierne,
este jueves, este viernes,
y el miércoles que vendrá.

Joaquín Sabina – Nos sobran los motivos (extracto)

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