El amor por las pequeñas cosas


Jueves, 10 Noviembre, 2005 a las 15:31

Un momento. Jugar con la mano fuera de la ventanilla del coche, dejándola moverse sintiendo la presión del aire en cada dedo. Sentarse en un banco a ver las hojas de un sauce llorón al caer mecidas por el viento. Caminar por la calle haciendo equilibrios por la acera. O saltar entre poste y poste en un puerto.

saltando

Cualquiera que vea al tipo de Lacoste haciendo el cabra en los postes del puerto se puede tirar a criticar diciendo que “ni siquiera se moja los pantalones”, como en este blog. Y lo cierto es que a mí me da un poco lo mismo, pero desde la primera vez que lo ví (y el modelo sabe de qué hablo a juzgar por su expresión) me llamó la atención la sonrisa con la que salta alegremente entre poste y poste.

Si, esa sonrisa.

El amor por las pequeñas cosas. Por los detalles. Por los momentos. Contemplar cómo una hormiga va mordisqueando la hoja de un árbol. Ver a una pareja de niños jugar. A una pareja besándose en el banco. O dejar pasar la mano por las hojas de un seto, escuchar el sonido leve que se despierta en una barandilla de metal esmerilado cuando bajaos por las escaleras mirando hacia ningún lugar.

Nos rodea un auténtico universo de belleza que consiste en eso, en pequeños instantes que si sabemos mirar, pueden llegar a alegrarnos la mañana.

Y no resulta tan difícil darse cuenta de los ojos con que precisamente miramos cuando Vemos algo así. La sonrisa interior que despierta, casi de felicidad, durante el tiempo en que ya no somos un cúmulo de problemas y quehaceres para convertirnos en algo un poco más allá. Formamos parte de ese beso, somos los niños jugando y hormiga que mordisquea la hoja y poco importa lo demás.

Y sí, esa forma de mirar.

Mantenemos el equilibrio en el bordillo de la acera, miramos atontados en la fronda de los árboles por si uno de esos pequeños milagros llegase a suceder, o saltamos entre palo y palo con una sonrisa estúpidamente feliz en la boca.

Pero a pesar de todo, yo no dejaría que nada en este mundo me arrebatase uno de esos pequeños placeres, de disfrutar de uno de esos Momentos en los que nada, ni siquiera el llover, importa.

Battlestar Galactica o el androide que me enamoró


Jueves, 27 Octubre, 2005 a las 1:25

Eso diría Gaius Baltar, uno de los personajes con más fuerza de la serie de televisión Battlestar Galactica (un remake de una que ya era antigua, con algún cameo que otro de sus antiguos actores en otros personajes) a la que, me confieso, soy adicto. La verdad es que no soy un aférrimo seguidor de prácticamente ninguna serie de televisión, pero ésta es una de las contadísimas excepciones. Una gran serie de ciencia ficción donde, dentro de contar una historia más bien clásica (la salvación de la humanidad por culpa de sus retorcidas acciones), el enfoque hace sudar con prácticamente cada capítulo.

gaius & number 6

No se centra en las batallas contra los alienígenas, androides o demás amenazas (que las hay) ni hace gala de ese militarismo proestadounidense absurdo al que inevitablemente nos han acabado acostumbrando en todas las películas del género (si bien, hechos como que haya un “presidente de las colonias” dejan un cierto tufillo). Tampoco se centra en las clásicas historietas de amor entre sus protagonistas (que evidentemente también hay). No.

Battlestar Galactica es una serie de ciencia ficción con temática muy clásica pero con un guión escrito con muchísimo cuidado (tanto es así que el primer capítulo, “33 minutos”, se llevó un premio Hugo), en el que lo que prima es un análisis muy acertado sobre las relaciones humanas. Sobre el poder y la presión. Sobre la guerra y lo que, en demasiadas ocasiones, un soldado o un civil, tienen que vivir en ella.

Starbuck

Se ponen en la mesa argumentos interesantes como la actuación “en pro de la especie” aunque signifique dejar a un 10% de la humanidad indefensa frente al enemigo. Se ponen en la mesa traiciones involuntarias por una mujer. Uno siente en sus carnes la humillación de la tortura, psicológica a veces y muy física en algún momento. El amor a pesar de las insalvables diferencias. Y por supuesto, naves, combates imposibles de ganar, muchas derrotas, movimientos magistrales, excelentes pilotos, motines, rebeliones, terrorismo, cerebros incomprendidos, máquinas terribles, bellezas solitarias, manipulación en los medios de comunicación, más combates, disparos, explosiones…

El reparto, que yo desconocía casi por completo (alguna cara conocida de “corrupción en Miami”, por ejemplo, sí se ve), pero acertadísima en su papel) borda su interpretación en absolutamente todos los capítulos, incluyendo la clásica femme fatale -una modelo llamada Tricia Helfer- que, lejos de poner una cara y un cuerpo bonitos y ya realiza una interpretación de lo más correcto. Todos los actores y actrices saben ejecutar su papel, son auténticos profesionales. Cuando uno sufre, sufre el espectador. Son, y aquí hay un bonito juego de palabras, muy humanos.

Commander Adama

Una de las cosas que más me ha llamado la atención es la carencia total de “spielbergismo” en la serie. No te apabullan con sus efectos especiales, ni se recrean en visiones imposibles del espacio, o de los planetas que recorren, o de la tecnología que usan. Los ves, están ahí, pero no sobrecargan. No estamos ni frente a un matrix ni una guerra de las galaxias.

Tampoco encontramos al típico personaje con el que se identifica todo el mundo. No hay un gran héroe, así como no hay un gran villano. Todos tienen sus fallos y sus errores, y sus virtudes también. Pero sufren para conseguir sus objetivos día a día. Y, el más importante de todos, sobrevivir, pesa cada vez que uno de ellos es eliminado o asesinado.

President Roslin

No quiero dejar aquí ningún “spoiler” (o lo que es lo mismo, reventaros el argumento de la serie), así que no contaré nada -absolutamente- sobre el desarrollo de la misma. Ni sobre su argumento, ni sobre su primer espectacular capítulo, porque lo que tenéis que hacer es sintonizar la mula y dejarla galopar los bits y los bytes, descargar la serie (en v.o. subtitulada en su mayoría) y verla. Os aseguro que no os va a decepcionar.

Y sí, a veces hago algo más que lamentarme de mí mismo y sacar fotos de pájaros. También veo, de cuando en cuando, la tele. Ja.

La máquina (im)perfecta


Lunes, 5 Septiembre, 2005 a las 23:15

Es asombroso el cuerpo humano.

Pero dista de ser perfecto. Los primates son capaces de usar los pies como si fueran manos. Los felinos tienen una agilidad que ya quisiéramos para nosotros. Las aves vuelan. Los insectos son capaces de transportar cientos de veces su peso. Los anfibios respiran tanto dentro como fuera del agua. La lista es infinita.

Es asombroso el ser humano. Dicen que nos diferencia (en sentido positivo) nuestro cerebro, y el que seamos capaces de crear herramientas; modificar el entorno para adaptarlo a nosotros y suplir las carencias físicas que con el tiempo seguro estamos adquiriendo (tiendo a pensar, aunque no lo he comprobado, que hoy en día nuestros huesos son más débiles, o somos más miopes, ese tipo de cosas).

Si ese hecho diferencial que nos ha valido para situarnos en la cima de la pirámide alimenticia es beneficioso o no, es algo que habremos de ver (oh, sí, el fin del mundo tal como lo conocemos se acerca gracias a nosotros) con el tiempo y paso de las generaciones, pero el hecho es que yo nos veo débiles. La mayoría de nosotros sería incapaz completamente de sobrevivir por sus propios medios en la naturaleza, y seguramente de conseguir alimentarnos correctamente, no duraríamos mucho.

¿Por qué digo esto?. Salvo las palomas, que es el único animal que vemos con frecuencia mutilado por la calle (carecen de depredador en las ciudades), no se suelen ver animales heridos o mutilados. Cosas de la selección natural, la competencia entre miembros de la misma especie, los depredadores y demás se encargan de quitar de en medio a los débiles, a los heridos. A los que no sirven.

Es curioso pensar que la naturaleza premia, de alguna forma, a aquellos animales en los que su sentido de la “autoconservación”, por ponerle un nombre, es más fuerte. El que se arriesga menos, tiene más posibilidades de llegar sano a la edad adulta… (y de comer menos, también. Pero en un entorno que ofrezca posibilidades, creo que es así) y con ello, de dejar una herencia genética en el planeta.

Quizá mis antepasados fueron así (una panda de vagos) y mi instinto de la autoconservación está deteriorado hasta límites insospechados, y mis huesos son más débiles y estoy peor construído para la supervivencia de lo que debería. Si hubiera habido un depredador cerca, creo que yo no seguiría por aquí escribiendo esto.

¿A cuento de qué viene toda esta reflexión absurda?

Tengo un esguince en un dedo. Y repasando mi lista de lesiones, me parece ciertamente abultada…

5 luxaciones del hombro derecho (bicicleta la primera)
4 en el izquierdo (más bicicleta la primera)
1 esguince en el pie (el metro)
1 luxación del dedo gordo de la mano izquierda (un tropezón subiendo a un autobús)
1 rotura de la muñeca izquierda (esquiando)
2 roturas de la aritulación de la segunda falange en el dedo corazón (baloncesto las dos)
1 rotura del ligamento cruzado de la rodilla izquierda (gimnasia deportiva)
1 rotura de coccix (patinando)
1 fisura en una costilla (¡¡más bicicleta!!)
1 fisura en una costilla (más esquí)

y ahora, para rematar, un esguince en la segunda falange de la mano derecha (anteayer jugando al fútbol)

De todo esto se deduce, supongo, que no debo hacer deporte… que soy torpe y descuidado (no, no soy tan deportista, ni de lejos) y que el día que los dinosaurios reinen de nuevo sobre la tierra, si estoy por ahí, no duraré mucho.

Mañana prometo escribir aquí algo más interesante.

Hacking Sansara


Jueves, 11 Agosto, 2005 a las 10:28

Por los pelos, Flanagan.

Internet no es un lugar seguro. Las redes inalámbricas no son un lugar seguro. Uno puede pensar que sí, que está a salvo, usando un par de configuraciones básicas de seguridad en casa. Y dice el refrán que en casa del herrero, pelota de goma.

Vamos, que hace dos días tuve un visitante inesperado en mi red doméstica… a través de, cómo no, la red inalámbrica.

Hace tiempo asistí a un seminario sobre seguridad en redes inalámbricas en el que ví que la cosa, aún poniéndola complicada (filtrado de MAC y cifrado WEP), es mucho más sencilla de lo que a primera vista puede parecer.

Y por lo visto la gente empieza a saber cómo hacerlo.

En fin, que hace dos días, como decía, alguien entró en mi red. Y después intentó continuar con las máquinas que había dentro. Por suerte, o me dí cuenta cuando acababa de empezar o realmente mi máquina aguantó las primeras embestidas, pero el caso es que la actividad que realizó el tipo no pasó del típico escaneo de puertos y dos o tres ataques clásicos contra el puñetero servicio RPC de Windows… y luego, se puso a navegar.

Y lo que no entendía antes, era… por qué después de ver que no conseguía entrar en mi máquina se lanzó a Internet como alma que lleva el diablo. Yo pensaba que iba a darle duro a la mula, pero… pero resulta que se me ha ocurrido pensar que desde mi red doméstica alguien ha debido de sufrir un poco; no me puedo creer que mi “vecino” se lo currase tanto (spoofing de MAC, y romper la seguridad de mi punto de acceso o bien capturarme una sesión de login habiendo conseguido información suficiente para poder cifrar en RC4) solamente para navegar por la Red…

Así que, como consejo, deciros solamente que… bueno, que tengáis cuidado. Más.

Más noticias en un futuro. Ahora escucho la red con auténtico interés, así que si vuelve mi vecino quizá os pueda contar una o dos cosillas más sobre él. Qué bien.

¡¡Ochi Chornia!!


Martes, 9 Agosto, 2005 a las 2:16

Venía de hacer la compra (ya véis, no empiezo quejándome de nada) y me ha venido a la cabeza esa locución. Ochi chornia significa “ojos negros” en ruso (muy parecido a “oci ciorne”, en italiano, curioso) y esla frase con la que el gran bailarín Fred Astaire saluda a su eterna pareja de baile, Ginger Rogers, en una de sus películas, “Shall we dance”.

Es del libro sobre la vida de Ginger Rogers, pero qué más da! :D

Y de eso va el tema, de esa clase de cine que uno observa con una leve sonrisa en el corazón y en la mirada. De esas películas que no recurren al emodrama, o a la picaresca más absurda, o a nada en general salvo a contar, de una forma agradable y llevadera, una curiosa y babosa historieta de amor, y en la que además bailan. Era ese otro cine, el cine de antes, el de entretener y ver en familia, el cine que no te pinta el mundo como lo peor que se puede concebir y te enseña lo horrible de la miseria humana. No… era un cine simpático, como lo eran ellos dos en la pista de baile y en el escenario; cómplice como lo eran sus sonrisas y miradas. Con sus chistecillos y bromas algo más que facilonas pero de tan buen oír y ver, que al final uno se acaba olvidando de todo lo que tiene alrededor y al pasar los créditos, tiene la sensación de que todo puede ir un poquito mejor.

La susodicha parejita

Y creo que estoy de acuerdo con toda la humanidad en que no ha habido pareja de baile con más gancho que estos dos cuando se subían a un escenario. Cuando veo una película suya (tampoco soy un gran fan), como la mencionada más arriba me emociono. No me entra el llanto ni la alegría ulteriores; pero me emociono, me sacan un poco la fibra. Me encanta cómo se miran y cómo se hablan cada vez que mueven los pies y, sin que el claqué sea un estilo de baile fantástico, es casi imposible verles bailar y no ver todos esos prodigios que dejaron plasmados para siempre en la gran pantalla.

La pareja feliz

Y las letras de las canciones que cantan y bailan, aunque no son la gran maravilla de las maravillas, merece la pena.

Ahí van patinando los dos...

Con un par de imágenes y una letra maravillosa, os dejo por hoy, prisionero del recuerdo de una película que cuando ví por primera vez, me dejó un gran sabor de boca.

They Can’t take that away from me

Our romance won’t end on a sorrowful note,
Though by tomorrow you’re gone;
The song is ended, but as the songwriter wrote,
The melody lingers on.
They may take you from me, I’ll miss your fond caress.
But though they take you from me, I’ll still possess.

The way you wear your hat
The way you sip your tea
The memory of all that
No, no, they can’t take that away from me

The way your smile just beams
The way you sing off key
The way you haunt my dreams
No, no, they can’t take that away from me

We may never, never meet again
On the bumpy road to love
Still, I’ll always, always keep the memory of

The way you hold your knife
The way we danced till three
The way you changed my life
No, no, they can’t take that away from me
No, they can’t take that away from me

We may never, never meet again
On the bumpy road to love
Still, I’ll always, always keep the memory of

The way you hold your knife
The way we danced till three
The way you changed my life
No, no, they can’t take that away from me
No, they can’t take that away
Can’t take that away
Can’t take that away from me

Elink (para la mula) de la película:Shall We Dance (Fred Astaire-Ginger Rogers).avi

Y el de la canción: Fred Astaire & Ginger Rogers - They Can’T Take That Away From Me.mp3

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27 Consultas. En 0.860 Segundos. Qué guay.