Quise pintar un cuadro


Miércoles, 28 Febrero, 2007 a las 1:39

… Es sólo una fracción de tiempo, un instante, poco más que un parpadeo que se escapa entre el amor y la sombra para llegar a los pies. Un escalofrío fugaz en la piel, y más allá de ti sólo queda el silencio de este campo. De su hierba, sus colinas impasibles al paso del tiempo y la caricia leve de la lluvia que nos baña. ¿Entiendes?

Un arrebato sutil que robarle al viento a medianoche, una palabra esquiva en la puerta de habitación que se disuelve en tus entrañas cuando a tu espalda, al calor de un millón de lámparas quemadas queda el reflejo en el espejo de los labios de la mujer que amas.

Así hablaba mi padre de la felicidad cuando, pensando que yo era demasiado joven para comprenderlas, aquellas palabras le brotaban lentamente de los labios y sus dedos arrugados por el tiempo y el mar me acariciaban recostado en sus rodillas.

Tenía quince años y un pincel que nunca se quedaba seco en el bolsillo. Pasaba las tardes sentado frente al mar, pintando los perfiles de las nubes del atardecer mientras, de fondo, me arropaban los sonidos de las jarcias en los mástiles. Y aunque jamás llegué a cruzarme con una idea clara al enfrentarme al lienzo en blanco, perdiéndome en ensoñaciones propias de la juventud imaginaba, distraído, que encontraría algún día mi camino. Y así, mientras buscaba sin esfuerzo aquella imagen que plasmar y que me encumbraría para siempre, disfrutaba con cada cada gradación y cada puesta de sol que pudieran imitar mis manos.

Al regresar a casa con gesto triunfal, entrada ya la noche, mi padre me hacía sentar a su lado y, dejando a un lado mi última creación, hablábamos. Nunca se cuestionó que cada cuadro fuera igual que el anterior, ni me manifestó (de aquello me enteraría años más tarde) que se hacía cada día más temprano al mar para poder pagar los lienzos y pinturas de mis cuadros. Se limitaba a observar, y aquello que le produjera la imagen del mar, las nubes y tanto color desperdiciado se lo iba guardando dentro, muy profundo, en el lugar -decía- que tenía reservado a los recuerdos más intensos.

Hasta que un día, años después, bajo una lluvia que amenazaba con llevarse por delante el mundo se presentó en mi cuarto antes del amanecer, con mis pinceles lienzos y pinturas bajo el brazo.

- Ven, Javier.
- Mmmfffmmmff… ¿Qué hora es?
- Pronto. Acompáñame, hoy te hablaré de algo.
- Pero si es de noche y llueve a mares.
- Andando.

Y así recorrimos el camino desde nuestra casa hasta el lugar donde había pintado cada cuadro, cada atardecer, y se cruzó de brazos.

- Hoy pintarás el amanecer.
- ¿Cómo? ¡Si el lienzo está inservible y empapado!

Y se sentó dejando que el agua le escurriera a chorros por los costados.

Pero pinté. Por cada trazo que daba el agua lo iba emborronando, una y otra vez. Sentí crecer una furia y una frustración en mi interior que enloquecieron cada pincelada, cada trazo. Quería darle un cuadro hermoso a mi padre en su primer encargo y aquella lluvia maldita no dejó de emborronarlo. Pinté hasta destrozar el pincel y continué, llorando, con las manos. Cuando lo terminé, sólo quedaba una masa informe de color azul y gris churreteado. Justo entonces dejó de llover y allí, a mi lado, mi padre me observaba con entusiasmo.

- No puedo pintar, padre.
- En eso estás equivocado.

Entonces, mientras recogía aquella ruina en color gris, me dijo:

- Hijo. Esta mañana has pintado tu primer cuadro. Algo que no podrías repetir, como tu atardecer, con los ojos cerrados. ¿Recuerdas la furia, la rabia, la frustración?. Está todo aquí escondido, esperando a que lo dejes florecer. No sé cuál es tu camino sobre el lienzo, ése has de recorrerlo en solitario. Pero aprende de una vez que sin pasión nunca crearás absolutamente nada más que copias de otras copias de tus propios cuadros.

Y yo callé.

- Vete. Descubre el mundo más allá de estos prados. Márchate y no vuelvas hasta que puedas decirme, con orgullo, que me traes ese cuadro con el que sueñas en tus manos.

Y sin decir palabra me marché, cogiendo un polvoriento tren que me alejaba de aquel puerto, de mi padre y de un ayer en el que la felicidad era un instante pasajero que buscar para plasmar en un retrato.

Durante un viaje que acabó por terminar años después, pinté sin detenerme en cada puerto, en cada calle, cada plaza en que me pude detener, pagando como pude el material a base de vender algunos cuadros. Me vieron crecer París, Madrid, Marruecos, Londres, Roma y Estambul. No volví a pintar una puesta de sol, ni a hacerlo sin sentir un profundo arrebato que naciera de entre las costillas y se me llevase con él hasta acabar con el último de los trazos.

Escribí a mi padre una y otra vez, enviándole fotografías de cada lugar en el que estuve y cada cuadro que pinté, sintiendo que cada vez me aproximaba más a aquella imagen que me hiciera sonreír de satisfacción sin terminar de conseguirlo.

Y fueron pasando los años.

Hasta que por fin y de una vez, volví a la casa que me vio crecer; situada en un viejo pueblo al borde del mar donde la lluvia siempre había sido generosa con el campo, con las manos vacías y todos los sueños por cumplir, un bote de pinturas y un pincel, y un lienzo en blanco.

Allí estaba mi padre, sentado, contemplando un cuadro emborronado en color gris, y un corcho con un sinfín de fotos de cuadros.

- Volviste.
- Volví….
- ¿Lo descubriste?
- ¿El mundo? Claro.
- El mundo no, hijo, ese siempre va a estar ahí. Digo tu cuadro.
- He venido a pintarlo.

Y le pinté, sentado en aquel mismo sofá, con su hijo sonriéndole desde el regazo.

15 Comentarios »

  1. MeFuMo dijo,

    Un buen relato, lleno de imagenes y evocacion, como me tienes acostumbrado aunq nunca te comente. El unico punto negativo es como se puede Javier “de Algeciras a Estambul” si apenas puede pagar el material, pero eso no malogra el pequeño cuadro q has compuesto, y q por cierto no esta nada emborronado…

    Comentario realizado el Febrero 28, 2007 @ 10:11 am

  2. Per&kles dijo,

    clap, clap, clap!!!!

    Comentario realizado el Febrero 28, 2007 @ 2:48 pm

  3. Livett dijo,

    Me ha gustado mucho ;)…para que más…

    Comentario realizado el Febrero 28, 2007 @ 7:55 pm

  4. Cecilia dijo,

    sansara,en mi blog, hay un texto.. unas líneas del libro que estoy leyendo.. es un juego propuesto por Cuántos cuentos cuentas tú..
    si lo deseas.. puedes jugar.. si?
    si no te interesa.. todo bien.. si?
    Gracias
    Ce

    Comentario realizado el Febrero 28, 2007 @ 8:13 pm

  5. MeFuMo dijo,

    Oie nano, te enlazo en mi caverna de elitismo y sabiduria, tu hazlo si quieres, aunq el estilo de mi blog no es q vaya mucho con el de este… :P

    Comentario realizado el Marzo 1, 2007 @ 10:52 am

  6. lagrimadelguadiana dijo,

    Ese “he venido a pintarlo” me ha atrapado, impactado..me quedé ahí, como cierre perfecto para una historia envolvente y conmovedora.

    Y como me dejó en suspenso, la última frase quizá la habría eliminado, porque se entiende / siente con lo anterior.

    Disfruté mucho con la intensidad del momento en que el chico descubre lo que es la pasión y el desgarro…

    Thrilling…

    Comentario realizado el Marzo 1, 2007 @ 11:12 am

  7. EFESOR dijo,

    he sentido ese paso por algeciras, la ciudad que a mi particularmente me vio nacer y crecer, y me he sentido un poco como ese chico buscando su cuadro, el que su padre está esperando. y aqui ando, en helsinki buscando las palabras perfectas que compartir mi padre, el poeta… aunque yo nunca pueda escribir poesías como él hace, pero se que puedo darle parte de lo que espera de mi… y que sus ojos me digan cuanto le satisface.

    quizás tu texto me esté diciendo que tengo que volver a mi tierra a pintar mi cuadro también, a escribir esas palabras que salgan de la inspiración que estoy esperando.

    Comentario realizado el Marzo 1, 2007 @ 12:26 pm

  8. Tron! dijo,

    Mucho tiempo esperando, pero ha merecido la pena, sabes que la historia me ha llegado…

    Creo que hay un día en que nos damos cuenta de que ni admiramos ni nos parecemos a nuestro padre. Es más facil, simplemente somos parte de el.

    Un abrazo tron.

    Comentario realizado el Marzo 1, 2007 @ 6:05 pm

  9. anmonites dijo,

    ¡ Bienvenido ! Aunque para mi nunca te fuiste…

    Comentario realizado el Marzo 2, 2007 @ 12:07 am

  10. Para,creo que voy a vomitar dijo,

    En muchos de tus textos la figura paterna está muy presente :)

    Me encanta la moraleja, pese a que no me suelen gustar los textos “moralinos”.

    Las imágenes descritas contienen belleza, niño :)

    Un besote.

    Comentario realizado el Marzo 5, 2007 @ 3:34 pm

  11. Melpómene dijo,

    Cómo me ha gustado! Mucho, mucho de verdad

    Comentario realizado el Marzo 7, 2007 @ 12:21 am

  12. Marta dijo,

    Tu vocación frustrada de pintor saliendo a la luz… jeje. “Tenía quince años y un pincel que nunca se quedaba seco en el bolsillo”.

    ¿Entonces la conclusión de este cuento es que el mejor paisaje es una persona querida? Pues te reto a disfrutar más de la gente que de la naturaleza, ¿es posible?

    Comentario realizado el Marzo 7, 2007 @ 10:03 am

  13. kay dijo,

    Llevaba mucho tiempo si asomarme, sin hacer señales de humo. Hoy me voy a dedicar a saborear pedacitos de piezas. ¿Cómo va todo? Quizá me haga una idea, leyendo.
    Un abrazo

    Comentario realizado el Marzo 12, 2007 @ 2:37 am

  14. Sansara dijo,

    MeFuMo : Gracias, camarada. Por la lectura, por el comentario y por el enlace!
    Per&Kles: Siempre que pienso que ya no pasas por aquí, me encuentro con algún aplauso tuyo cuando menos me lo espero…
    Livett : :)
    Cecilia : Gracias por la oferta (en ese momento no estaba leyendo nada), pero no me gustan estos juegos, sorry.
    lagrima : Genial, pero para mí la última frase es necesaria, ya te comenté…
    EFESOR : Quizás…
    Tron! : Me encanta que sepas leer tan bien, honestamente.
    anmonites : ¡¡¡Por eso el texto!!!
    Para, creo que…: Sí, lo está. Como en la vida real en la que, curiosamente, fue la materna la que preponderaba más hasta su muerte…
    Melpómene : ¡Gracias!
    Marta : Tu reto es inaplicable. ¡Depende de la gente y de la naturaleza!. Y… la conclusión del texto es que en el caso del Javier de mi relato, la perfección que buscaba la había tenido siempre en casa. Pero tenía que viajar para encontrarla ;)
    kay : Pues sí, kay. Mucho, mucho tiempo… y sí, entre todos, quizá tú sí ;)

    Comentario realizado el Marzo 13, 2007 @ 4:03 am

  15. graciela dijo,

    barbaro¡¡¡¡¡

    Comentario realizado el Septiembre 20, 2007 @ 10:43 am

¡Pero di algo, hombre!

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