Querer el absurdo

Quiero decir que nada es como entonces
y que he dejado de querer
vivir la vida a trompicones
entre tus labios y el después.
Que no me quedan cicatrices en las manos
de arañar tu nombre en la pared.
Que mi alimento ya no brota de tus labios,
y que olvidé lo que es la sed
o disolverme tras tus pasos.
Que he dejado de creer
en que aprendemos cada vez que erramos,
y que por qué no puede ser
que acabaremos por dejar de equivocarnos
por pura y simple tozudez.
Y así pensar que aun queda espacio
entre la espada y la pared
de esta sequía de tus brazos.
Que no navego a la merced
del viento helado de tus ojos.
Y pueda dejar de preguntarme
qué será de ayer.
Dónde dejé olvidados los veranos.
Si los dejé
prendidos del murmullo de tus manos
para no poderlos recoger.
Si volveremos a encontrarnos.
Si no has dejado de creer.





















