Cuadernos (III)
Para leer escuchando la canción de abajo
Pasos de arena, como un reloj vencido al que se le escurre el tiempo por entre su esfera de cristal. Vacío. Como un recuerdo triste que dejase alguien olvidado en un armario, abrazado al marco que me atrapa en un oscuro fotograma entre polillas.
Así tendrías que encontrarme, derritiéndome en mi propio sinsentido, muriéndome en los brazos de mi propia sombra. Con los ojos agrietados y, ante el mundo, un cristal de milagrosos espejismos y una sonrisa dibujada a base cenizas y alquitrán.
Y tú observabas tras los muros de tu manto de silencio. Desde más allá de donde alcanza el viento y la tormenta un par de agujas afiladas devorando cada punto de un paisaje sin final.
Y se cruzaron sin querer mis granos y tus pasos. Estallaron todos mis cristales de espejismos. Se rompieron tus ladrillos de silencio y, por un instante, un momento, hubo paz.
Luego vendría el recital de huidas. Tú al silencio de tu fortaleza, y yo de nuevo al ojo de mi inabarcable huracán, a mi agujero en el pecho con un nombre impronunciable (que recito como un mantra al despertar). Y rápidamente se tiñeron nuestros mundos del color de la distancia sin rencores.
Me llevé de ti un mechón de pelo imaginario para despertarme con tu paz, te regalé el espacio para el viento en el que hoy flotan mis sueños. Y un abrazo aquel instante en que abarcaste el mundo con tus brazos tras la puerta de una habitación para no echarte a llorar, y que yo devolví para que no se me escaparan ya más lágrimas desde la comisura de los labios.
Guardé el paquete de cerillas que me diste.
La última se consumió esta noche entre mis dedos. Fue como tú. Silencio, luz, llama por un instante.
Guardo tu olor en el pecho. Y por la noche a veces oigo el viento, y recuerdo.
Madrid, 28 de Julio, acabo de soñar con viento.
Ayub Ogada - Kothbiro

