Cuadernos (I)


Miércoles, 26 Julio, 2006 a las 16:57

Vine hasta este paisaje completamente vacío; una pura tumba de crisantemos, un mundo de agua y sin luz a la espera de algún gobierno.

Brilla la luna llena sobre esta estepa asabanada del Serengeti, con la que tantas veces soñé repleta de una vida que deseé tener, y a la que llego plagada de ausencias que todavía duelen por dentro.

El aire huele a vacío y a gris. A eso me huele hoy el pecho. A caricias de púas que te atraviesan la piel. A la lija del polvo inevitable (en que habré de convertirme una vez) que se me ha llevado a rastras con cada manojo de viento.

Soy una carcasa vacía que lucha por retener sus recuerdos. Soy cada vaso de vino que vierto entre las entrañas buscando la ausencia, y el eco del mar, perdiendo el olvido su inevitable batalla con cada suspiro.

Y me siento animal herido, temblando con cada traspiés a sabiendas de su debilidad. A la espera de aquellas zarpas que habrán de arrebatarle sus pasos.

Soy como el viento que se estrella en la roca, incapaz de arrancarle un milímetro de piel.

Soy poco más que un breve eco de lo que he sido.

Soy el deseo de esta boca sobre otra boca, el suspiro de un pecho que nunca reconocí tan vacío.

Y así, tras un momento sin luz, oculta tras un murmullo de oscuridad informe esta luna (que nunca he descrito) me siento toalmente incapaz de saber, en este espejo camino al olvido, si es que tal vez fue que nunca te vi, o si te conocí. Pero sigues siendo la lluvia que besan mis pies, y de tanto esperarte se me ha cuarteado la piel.

Y ya no es que quiera beber.

Es que lo necesito.

Serengeti, 11.07.2006

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