Lightning crashes…


Martes, 20 Junio, 2006 a las 13:11

Tengo un recuerdo de mi infancia que siempre me hace sonreír.

En casa teníamos un perro, uno de esos spaniels de caza que de tanto no ejercer se vuelven bastante falderos. Una de esas fieras absolutamente domesticadas por el paso de los años y de los tiempos, y que sin embargo acabó desarrollando un instinto de protección para con mi persona que siempre me ha dejado un buen sabor de boca.

Dormía debajo de mi cuna los primeros años, y creo que ninguno de los dos tenía demasiado claro si el perro me protegía a mí, o era yo quien protegía al perro. Pero el caso es que le daban miedo los túneles y los puentes (cuando pasábamos debajo agachaba siempre la cabeza), y tenía pavor a las tormentas. Sabíamos que iba a llover por cómo el perro iba caminando por la casa o la calle, como temiendo que se le fuera a desplomar el cielo y aplastarle o partirle por la mitad.

Yo sin embargo he crecido al revés. Por más que me encuentre mal, las tormentas me levantan el ánimo. Hay algo en esa furia natural e incontrolable que me acaba electrizando, que me activa. Mi perro oía un trueno y no perdía el tiempo en refugiarse debajo de mi cama, y yo acabo saliendo a la calle a mojarme en cuanto arrecia.

Anoche, a las dos de la madrugada, me encontré con ésta:

Y me acordé, mientras estaba en la terraza fotografiando la tormenta, de aquel borrón blanco y marrón lanzándose en plancha debajo de la cuna como una exhalación, no sea que se le fuera a tragar la tierra.

6 Comentarios »

  1. r. dijo,

    Así que realmente hubo tormenta. Me he despertado con el vago recuerdo del tronar y de la lluvia cayendo, pero he pensado que lo había soñado. Lo debí oir medio dormido.

    Comparto contigo tu afecto por las tormentas.

    :)

    Comentario realizado el Junio 20, 2006 @ 4:30 pm

  2. Gib dijo,

    Uooh! que foto más chula… últimamente tengo una tormenta al día por aquí, pero la de anoche fue memorable.

    A mí me aterran los rayos. Un día estaba esperando el autobús en medio de una tormenta y un rayo se dibujó perfectamente delante de mis ojos, yendo a caer en el árbol que tenía encima. Una enorme rama cayó ardiendo a dos pasos mientras el suelo temblaba, como si se tratara de un terremoto. Recuerdo que todos los que estábamos en la parada nos mirábamos flipados, sin poder decir nada, como si de pronto nos hubiéramos dado cuenta de lo insignificantes que somos frente a la naturaleza.

    Curiosamente guardo aquél recuerdo como algo precioso…

    Comentario realizado el Junio 20, 2006 @ 5:00 pm

  3. kayser dijo,

    ayer pasé miedo ¿sabes? Miedo del irracional, del que te provoca taquicardias, mientras duermes…
    Me gusta tanto la foto. Es genial. Echaba de menos leerte.
    Un beso, un minuto menos!

    Comentario realizado el Junio 20, 2006 @ 11:36 pm

  4. Tigre dijo,

    Una foto preciosa, oiga.

    Y el gusto por las tormentas también es mío. Ese subidón de energía es inigualable. Si puedo también me mojo.

    Comentario realizado el Junio 22, 2006 @ 9:38 am

  5. lady action dijo,

    Da gusto, eso de tener la cámara siempre a mano…
    He prometido no morirme sin ver una galerna en el Cantàbrico.
    Y los del Cantábrico dicen que no sé lo que digo.

    Comentario realizado el Junio 25, 2006 @ 6:23 pm

  6. Ce dijo,

    Más que elocuente, de esas fotos que hacen recordar el estruendo infernal de una gran tormenta, con rayos y centellas.. aquí las hay, me refiero a Buenos Aires, anoche, justamente. Sin tanto ruido, pero… cascabeles y trombones..
    gracias por tu arte, estuve recorriendo tu “guarida”. Un abrazo.

    Comentario realizado el Marzo 26, 2007 @ 11:49 pm

¡Pero di algo, hombre!

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