Sic transit gloria mundi
Aprendí a vivir lejos de ti, como aprende uno a manejarse siendo manco, como vive uno cuando acaba dejando las maletas en una ciudad que le resulta totalmente extraña. Aprendí que caminar ya no es cuestión de conocer el nombre de las calles, que siempre buscaría alguna esquina que llevase un eco de tu nombre. Que intentaría recorrerte dibujando mapas con el corazón, que siempre habría algún punto de mi cuerpo en el que jamás alcanzaría ya a rascarme.
Aprendí a vivir huyendo del silencio, porque lejos de acallar esa locura interior, el murmullo general apaga algunas voces. Como aprende uno que ciertas heridas no terminan de cerrarse, o que siempre dolerán en días de tormenta.
Hoy, digamos que un año después, puedo decir que tengo más arrugas en la frente. Que me quedan todavía cinco dedos en la otra mano. Soy una reposición caduca de una peli de domingo. Otra vez los mismos gritos, otra vez los mismos nombres, otra vez los pies perdidos entre ésta y aquella otra ciudad en la que puse nombre a todos los gestos de tu frente.
Sigo buscándome el brazo al dormir.
Sigo pintando mapas con que descubrirte, imaginando formas de encontrarte. Sonriéndole de nuevo al mar que nunca he vuelto a ver al despertarme.
Y así me van saliendo sombras en las líneas de las manos, y callos en las plantas de los pies. Tú te mueves. Viajas. Subes o bajas. Recorriendo todas las distancias que traduce un no volver, pero sin terminar de marcharte.
Yo aprendí a vivir lejos de ti. Pero nunca aprenderé a olvidarte.
Esta sala de espera sin esperanza,
estas pilas de un timbre que se secó,
este helado de fresa de la venganza,
esta empresa de mudanzas
con los muebles del amor.
Esta campana muda en el campanario,
esta mitad partida por por la mitad,
estos besos de Judas, este calvario,
este look de presidiario,
esta cura de humildad.
Este cambio de acera de tus caderas,
estas ganas de nada, menos de tí,
este arrabal sin grillos en primavera,
ni espaldas con cremallera,
ni anillos de premusir.
Esta casita de muñecas de alcoba,
este racimo de pétalos de sal,
este huracán sin ojo que lo gobierne,
este jueves, este viernes,
y el miércoles que vendrá.
Joaquín Sabina – Nos sobran los motivos (extracto)


Uf, un texto tan precioso como peligroso…
Comentario realizado el mayo 8, 2006 @ 4:01 am
el texto es precioso y el dolor inmenso.No cabe olvidar sino sacar lo bueno de cada experiencia y aplicarlo a las sucesivas para no volever a incurrir en los mismos errores.El olvido esta negado y el sufrimiento permitido por lo que mas vale hacer coraza y solo rememorar lo bueno.animo y fuerza.
Comentario realizado el mayo 8, 2006 @ 2:23 pm
hace algo más de un año que yo también sufrí de una amputación en mi corazón cargado de rojo.
desde entonces me he valido de la sonrisa para sentirme valiente. quizás sea cuestión de buscar otras salidas para comenzar a olvidarle.
Comentario realizado el mayo 8, 2006 @ 7:16 pm
Aprender a vivir con el vacío no es olvidar, es simplemente intentar no caer en él. Ardua tarea el hacer acrobacias en sus bordes. Todo llega, hasta el olvido. Eso dicen…
Un beso.
Mamen
Comentario realizado el mayo 9, 2006 @ 12:03 am
se fue de viaje hace unos meses, y yo me quedé como en las películas en blanco y negro, en el andén mientras llovía. En realidad no hubo tren, ni estación, ni siquiera está lejos de aquí. Pero sé que no volverá, que no tiene sentido imaginar cómo sería si. Pero también sé que la arena lleva miles de años dando vueltas, y siempre podemos recogerla con las manos de nuevo. que hasta las piedras tienen memoria, pero siguen estando ahí. Es cuestión de levantar los ojos y dejarse arañar por el sol, de volver a mirar al mar y darse cuenta de qué pequeños somos y qué poco tiempo estamos aquí. Hay que cerrar puertas y abrir ventanas.
Comentario realizado el mayo 9, 2006 @ 11:26 am
No existen respuestas en mi para darte una mano… Olvidar es como arrancarse un pedazo de piel… duele pero después cicatriza… y a la vuelta de la esquina, si uno esta dispuesto, podemos encontrar el brazo que nos abrace…
Que deje de doler… ese es mi deseo
Comentario realizado el mayo 10, 2006 @ 2:44 pm
Un día me di cuenta de que nunca olvidas… hasta que dejas de intentar hacerlo. Y que aprender como lo has hecho tú es andar un camino directo a las arenas movedizas. El dolor está ahí, duele, pero no se quedará para siempre.
Te lo prometo.
Comentario realizado el mayo 10, 2006 @ 5:38 pm
Al olvidar lo/los que nos han construido como personas quizás perdemos una pequeña parte de nosotros mismos…
Comentario realizado el mayo 11, 2006 @ 1:41 pm