Sic transit gloria mundi


Domingo, 7 Mayo, 2006 a las 18:00

Aprendí a vivir lejos de ti, como aprende uno a manejarse siendo manco, como vive uno cuando acaba dejando las maletas en una ciudad que le resulta totalmente extraña. Aprendí que caminar ya no es cuestión de conocer el nombre de las calles, que siempre buscaría alguna esquina que llevase un eco de tu nombre. Que intentaría recorrerte dibujando mapas con el corazón, que siempre habría algún punto de mi cuerpo en el que jamás alcanzaría ya a rascarme.

Aprendí a vivir huyendo del silencio, porque lejos de acallar esa locura interior, el murmullo general apaga algunas voces. Como aprende uno que ciertas heridas no terminan de cerrarse, o que siempre dolerán en días de tormenta.

Hoy, digamos que un año después, puedo decir que tengo más arrugas en la frente. Que me quedan todavía cinco dedos en la otra mano. Soy una reposición caduca de una peli de domingo. Otra vez los mismos gritos, otra vez los mismos nombres, otra vez los pies perdidos entre ésta y aquella otra ciudad en la que puse nombre a todos los gestos de tu frente.

Sigo buscándome el brazo al dormir.

Sigo pintando mapas con que descubrirte, imaginando formas de encontrarte. Sonriéndole de nuevo al mar que nunca he vuelto a ver al despertarme.

Y así me van saliendo sombras en las líneas de las manos, y callos en las plantas de los pies. Tú te mueves. Viajas. Subes o bajas. Recorriendo todas las distancias que traduce un no volver, pero sin terminar de marcharte.

Yo aprendí a vivir lejos de ti. Pero nunca aprenderé a olvidarte.

Esta sala de espera sin esperanza,
estas pilas de un timbre que se secó,
este helado de fresa de la venganza,
esta empresa de mudanzas
con los muebles del amor.
Esta campana muda en el campanario,
esta mitad partida por por la mitad,
estos besos de Judas, este calvario,
este look de presidiario,
esta cura de humildad.
Este cambio de acera de tus caderas,
estas ganas de nada, menos de tí,
este arrabal sin grillos en primavera,
ni espaldas con cremallera,
ni anillos de premusir.
Esta casita de muñecas de alcoba,
este racimo de pétalos de sal,
este huracán sin ojo que lo gobierne,
este jueves, este viernes,
y el miércoles que vendrá.

Joaquín Sabina - Nos sobran los motivos (extracto)

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