Mudando la piel. A tiras.
Siete días de mudanza. Un total de 54 cajas de cartón acumuladas en un salón que me han pintado de color demasiado naranja. Muchas horas sin dormir, y mucho polvo en todas las habitaciones.
Siete días de mudanza y tres cajas que casi ni consigo abrir, con todas sus cosas.
En el contenedor de basura que hay al fondo de la calle se han perdido demasiados de mis recuerdos. Basura emocional que un día pensé que era importante para mí y ahora no quiero ni verle la cara. Un total de 18 cajas han ido directa y literalmente a la mierda.
Ahora miro a mi alrededor y casi nada me recuerda a nada. Quizá un par de CD’s, un puñado de agrietadas cartas. Unas copas de cristal. Tres cajas.
Por eso estoy algo más ausente por aquí, porque mudo lentamente la piel. Y me arranco la memoria a tiras. Un futuro en blanco para lo que habrá de renacer entre paredes demasiado naranjas. O en un dormitorio de color de calabaza.
Quizá te dejaré pasar. La puerta está casi abierta.

