Tempus fugit


Martes, 7 Marzo, 2006 a las 2:05
tears

Derramándose sin darme cuenta, atravesando cada poro de mi piel, atragantando fechas, no se harta consumiendo las semanas a zancadas. Son demasiados ya los días de levantar la cabeza y verlo todo blanco. Lienzos de papel que se suceden uno a otro sin tinta que les devuelva los sentidos. Tanta la libertad que duele, que se ha vuelto densa alrededor de donde nunca deseé tener los pies.

Quiero… (hablo entre susurros, para que nadie oiga) abrazar hasta morir ahogado, besar unos pasos que no se vuelvan de cristal, enredarme en el susurro de una primavera que hable murmurándome mientras se hace el café, una sábana que sepa a algo más que a luna llena.

Y sólo sé correr para que todas las horas no me alcancen. Correr porque se escapa al horizonte el sol del alba y por aquí vuelve a anochecer, y en esta oscuridad que ya se cierne se oye el vuelo de la sombra triste al borde del suicidio entre los párpados. Correr más allá de tu memoria. Donde se escucha limpio este discreto amanecer. Correr para apreciar que ya no llueve, que ha pasado hace un instante la tormenta.

Se me ha vuelto hipersensible ya la piel de tanto viento acariciando las muñecas.

Corro porque me persigue este interludio gris en un capítulo del que ya se acabaron ya hasta las metáforas. Corro porque me persiguen horas y palabras. Porque me cansé ya de esperar. Y de esperar se me atrofió una mano acostumbrada a dibujar hilos de luz (su contraluz, y algunas sombras) en cada hoja. Gotas perfilándose al borde del abismo de las ramas.

Lienzos de papel que no te pueden ver, blanco neutro página tras página para pintarme esntre imposibles amapolas. Y yo corriendo enloquecido buscando un trazo que se acuerde de que hoy ya no es ayer, y que mañana, empieza ahora.

Tuve que correr

Tuve que correr
cuando la vida dijo: “ve”
No hubo manera de pararme
Correr que fue volar
Beber de un solo trago todo el mar
Y no sació mi sed el agua

Tomé el sendero sin saber
que me alejaba para no volver

Dulce como miel
probar el roce de su piel
Ella en el suelo, yo en el aire

Dulce pero cruel
llenó mi mundo de papel
Jamás pensé que llegaría a helarme
Que perdería el calor
y con el tiempo la razón.

En el camino tropecé
con esa piedra desde la que arranqué

Tomé el sendero sin saber
que me alejaba para no volver
En el camino encontré
lo que jamás pensé tener.

Tuve que correr
cuando en el viento pude oír
que igual que vine habría de marcharme,
que como vine habría de marcharme.

Nacho Béjar/Antonio Vega - Anatomía de Una Ola

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