De la tinta seca…


Martes, 28 Marzo, 2006 a las 1:30
De la tinta seca...

Acabé,
tan harto de buscarte en los espejos
que ahora paso de perfil
cuando veo mi reflejo en ellos.

No paré
hasta ver tu sombra sujetándome los pies.

Hasta hablarte, por hablar, del tiempo.

Y mientras grito un qué será de ti
todo lo que te quise decir
se lo traga insatisfecho este silencio.

la inevitable diferencia entre pensar e imaginar


Lunes, 13 Marzo, 2006 a las 23:23

Pienso en este lugar, en los primeros rayos de una luna llena que se filtran por entre las azoteas para dar en mi ventana. En esta brisa ya primaveral que arrulla cada pulso del teclado.

y mil imposibles carabelas se desplazan surcando un cielo en el que sólo cabe el viajar sutil de sus velas impulsadas al batir enamorado de un ejército de mariposas. La quilla de la embarcación que lleva la bandera (construida cuando el tiempo aún no era algo importante que contar) es de obsidiana pura, y adornan a lo largo de toda su eslora, esparcidos como por azar, cristales surgidos de la misma piedra al calor y la presión de cada beso.

Pienso en la primavera que se acerca inevitable cuando veo despertándose, tímidas todavía, las primeras hojas en las ramas de los árboles. En la hormiga que celosa corretea por los brotes de una tardía hierba. En la sequía. En el mar.

… y por las jarcias del navío, de plata pura, se descuelga una figura de ojos verdes con una intención amordazada entre los dientes. Apenas un susurro de su piel acaricia cada cuerda en su caída mientras juega solo en la más pura oscuridad a rozar con cada una de las yemas de sus dedos el saludo inevitable de un tiempo mejor, surgido mucho más abajo de las copas de los árboles. Y al posar sus pies descalzos en ésta, su cubierta, un millón de gotas de rocío hacen cosquillas en sus plantas. El tacto le recuerda a la plenitud de aquel que un día fue su hogar (paisaje en el que tantas veces se perdió), océano de verdes praderas.

Pienso en la gente que dio nombre a cada calle, en cada desconocido escrito en blanco sobre azul. En Karen Blixen cuando abandonaba la tierra a la que amaba (¿Acaso conoce África una canción que hable de mí? ¿Se agitará el aire sobre la llanura con un color que yo he llevado? ¿O tal vez los niños inventarán un juego en el cual figure mi nombre?). En el bálsamo reparador de cada minuto de olvido cuando duele lo que se recuerda.

Y la figura de desplaza por el barco que le vio crecer, testigo incólume de sol abrasador y las más terribles tempestades, agradecido de volver por fin a casa. Las tablas de madera crujen susurrándole la bienvenida, y el chasquido inevitable de la lona de las velas hace correr la voz al resto de la armada. Él ha vuelto a casa. Al fondo, una pequeña luz anaranjada, un camarote, una figura recortada en claroscuro durmiendo plácida en su cama.

Pienso en el silencio de esta noche, sorprendido de la ausencia de palabras. En esta paz. En esta calma. En este ritmo sosegado de la música que invita, casi demasiado, a soñar. Te pienso acurrucada y de perfil, perdida tu consciencia entre las sábanas.

… Abre la puerta y, sin ruido alguno que le pueda delatar, vuelve en acto cada segundo abrasador de su intención; y el eco que se derrumba al instante desde el centro de sus vidas (allí donde abriga el recuerdo cada pecho), es la melodía despiadada de un enjambre de violenta percusión que le pone fin al sueño, a la ausencia, al dolor. Y nada falta.

Porque, ya lo ves, tratando de pensar en lo hermoso que es el mundo tal y como está, sigo imaginando que por invisibles y fantásticos que sean los mundos por los que te quieres escapar, allí donde duerme tu corazón se construyó el mío su casa.

Mudando la piel. A tiras.


Domingo, 12 Marzo, 2006 a las 17:13

Siete días de mudanza. Un total de 54 cajas de cartón acumuladas en un salón que me han pintado de color demasiado naranja. Muchas horas sin dormir, y mucho polvo en todas las habitaciones.
Siete días de mudanza y tres cajas que casi ni consigo abrir, con todas sus cosas.

En el contenedor de basura que hay al fondo de la calle se han perdido demasiados de mis recuerdos. Basura emocional que un día pensé que era importante para mí y ahora no quiero ni verle la cara. Un total de 18 cajas han ido directa y literalmente a la mierda.

Ahora miro a mi alrededor y casi nada me recuerda a nada. Quizá un par de CD’s, un puñado de agrietadas cartas. Unas copas de cristal. Tres cajas.

Por eso estoy algo más ausente por aquí, porque mudo lentamente la piel. Y me arranco la memoria a tiras. Un futuro en blanco para lo que habrá de renacer entre paredes demasiado naranjas. O en un dormitorio de color de calabaza.

Quizá te dejaré pasar. La puerta está casi abierta.

Tempus fugit


Martes, 7 Marzo, 2006 a las 2:05
tears

Derramándose sin darme cuenta, atravesando cada poro de mi piel, atragantando fechas, no se harta consumiendo las semanas a zancadas. Son demasiados ya los días de levantar la cabeza y verlo todo blanco. Lienzos de papel que se suceden uno a otro sin tinta que les devuelva los sentidos. Tanta la libertad que duele, que se ha vuelto densa alrededor de donde nunca deseé tener los pies.

Quiero… (hablo entre susurros, para que nadie oiga) abrazar hasta morir ahogado, besar unos pasos que no se vuelvan de cristal, enredarme en el susurro de una primavera que hable murmurándome mientras se hace el café, una sábana que sepa a algo más que a luna llena.

Y sólo sé correr para que todas las horas no me alcancen. Correr porque se escapa al horizonte el sol del alba y por aquí vuelve a anochecer, y en esta oscuridad que ya se cierne se oye el vuelo de la sombra triste al borde del suicidio entre los párpados. Correr más allá de tu memoria. Donde se escucha limpio este discreto amanecer. Correr para apreciar que ya no llueve, que ha pasado hace un instante la tormenta.

Se me ha vuelto hipersensible ya la piel de tanto viento acariciando las muñecas.

Corro porque me persigue este interludio gris en un capítulo del que ya se acabaron ya hasta las metáforas. Corro porque me persiguen horas y palabras. Porque me cansé ya de esperar. Y de esperar se me atrofió una mano acostumbrada a dibujar hilos de luz (su contraluz, y algunas sombras) en cada hoja. Gotas perfilándose al borde del abismo de las ramas.

Lienzos de papel que no te pueden ver, blanco neutro página tras página para pintarme esntre imposibles amapolas. Y yo corriendo enloquecido buscando un trazo que se acuerde de que hoy ya no es ayer, y que mañana, empieza ahora.

Tuve que correr

Tuve que correr
cuando la vida dijo: “ve”
No hubo manera de pararme
Correr que fue volar
Beber de un solo trago todo el mar
Y no sació mi sed el agua

Tomé el sendero sin saber
que me alejaba para no volver

Dulce como miel
probar el roce de su piel
Ella en el suelo, yo en el aire

Dulce pero cruel
llenó mi mundo de papel
Jamás pensé que llegaría a helarme
Que perdería el calor
y con el tiempo la razón.

En el camino tropecé
con esa piedra desde la que arranqué

Tomé el sendero sin saber
que me alejaba para no volver
En el camino encontré
lo que jamás pensé tener.

Tuve que correr
cuando en el viento pude oír
que igual que vine habría de marcharme,
que como vine habría de marcharme.

Nacho Béjar/Antonio Vega - Anatomía de Una Ola

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