Natura
Se me han cansado ya los ojos
de añorar el vuelo por las altas cumbres
y querer volver a despegar;
he encontrado mi camino en este suelo
que me harté de no pisar,
y me quiebro ante ese olor que me desborda
de esta tierra húmeda regada tantas veces con mi llanto
y que siempre me recordará
que no todo fue lluvia,
que siempre hay agua bajo arena seca,
que poblé la tierra mucho antes de volar.
Hoy me debo a la frescura de la hierba,
a este viento que acaricia
el vientre seco de los bosques
y lo acerca hasta mi piel.
Hoy me entrego al susurrar del tiempo
que juega a enredarse en la maleza
y escondido tras la hiedra
me asegura que he de despertar,
prisionero al mismo tiempo
de este abrazo renacido
que creí imposible de abarcar,
y el olor a cedro tierno del olvido.
Quedará escondido aquel recuerdo
entre el musgo amigo de la piedra
de un paisaje que me quiere guarecer,
y me sonríe ahora que por fin aprendo
que llorar al ave fénix que fuí ayer
era el riego esperanzado del estío
de estos montes que durante tanto tiempo míos
esperaban medio secos y rendidos
verme, como hoy, volver.


