Una camisa blanca.


Sábado, 11 Febrero, 2006 a las 14:25

Se ha dejado una camisa encima de la cama. Una camisa blanca.

Lleva pegada parte de su piel, que aún hueles enredándose en la tuya. Nunca te ofreció la más arcana de las artes, ni quiere darte un corazón al que esperar. Se te ha ofrecido entendiéndote y buscándote distante, y no pregunta por tu ayer. No te quiere como caballero que la salve.

Esta noche habló contigo en el lenguaje de la carne harta ya de tu discurso y tus aviones de papel. Te arrancó con sus caderas cada una de tus horas tristes, destrozó tus labios obligándote a entender que ya está bien de tanto ritual del autoengaño que te creíste merecer.

No se te ha llevado el alma en sus abrazos, no ha querido preguntarte cuándo os volveréis a ver. Solamente se ha dejado una camisa encima de la cama con los restos despiadados de tus manos arrancándola a tirones de su piel. Un eco dormido del olor a sangre de una noche enmudecida entre jadeos y el silencio de dos cuerpos enredados hasta el desvanecimiento de las fuerzas al amanecer.

Te ha dejado su recuerdo de la única manera en que podría hablarte. Una camisa encima de la cama con el rastro de un perfume dibujado a fuego en tu memoria por primera vez. Se ha quedado con tu risa y tu sudor, te ha bañado de gemidos, pateado hasta el infierno tus heridas, se te ha comido con violencia el corazón.

Ahora aprietas contra el pecho la camisa, sonriendo ante la imagen que te brinda ese festín de fruta prohibida. Te escuece el arañazo que marcó en tu espalda, pero no La Herida.

Y te alegras, por primera vez, de tan tremenda discusión de ojos que se encuentran presos de un incendio cuyos cuerpos no consiguen contener.

Y del único lenguaje que te lleva hacia el más real de los Olvidos.


De cada mirada, por dios,
ardía el recuerdo en mi interior,
pero ya he desechado
por siempre la fruta podrida.

En la prisión del deseo estoy.

Héroes del Silencio - Mar adentro

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