Silencio


Lunes, 9 Enero, 2006 a las 3:58

Se me ha pegado el tiempo a la piel, a la memoria. Soy una cinta que se harta de escucharse del revés, rebobinada. Me escucho hacia atrás para evitarme este universo informe de la nada, para oírte susurrarme un hálito de vida y yo bebiéndome tu espalda.

He buscado la sombra de tus manos hasta en las aceras, preguntado a cada piedra si te vio pasar.

He buscado tu olor detrás de cada puerta, tu reflejo en todas las ventanas, y no encuentro nada.

Me ha visto la gente llenando con tu nombre todas las paredes. Me han visto recogiendo gotas de lluvia con las palmas de las manos ya cansadas. He corrido a ojos cerrados en la niebla. Acariciado el envés de cada hoja, la promesa de un millón de primaveras escondida en cada planta.

Y nunca estabas.

Se te tragó la tierra, se te llevó a una costa que ya no sé encontrar y estoy cansado ya de este sol que abrasa cara y espalda, de verme en una balsa malherida rodeado de tu mar.

Y estoy tan lejos ya que no me queda nada. Lo he dejado todo en el camino para correr más y aunque he dejado un rastro de notas y mensajes en cada puerta, en cada calle, en cada ventana, ya no sé volver atrás. He adelgazado demasiado, hasta que he visto asomar las vísceras marcadas debajo de las costillas, y queda tan poca distancia entre el hueso y la piel que no me puedo creer ya que sea aquí donde te escondas.

Estoy a la deriva. Ya no sé cómo remar. El viento calla. Y no escuché hace poco un soplo que decía donde estabas.

Así que solamente queda esperar, mirando a la noche gris, sin moverme un sólo pelo, porque no me quiero perder la próxima señal para llegar hasta ese puerto en el que sé que, aunque escondida, esperas.

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