Así encontraste aquel regalo


Lunes, 30 Enero, 2006 a las 22:19

Te has cansado de buscar en el lugar equivocado. Tantas veces has intentado abrir las puertas que ya sabes el sonido que provocan de memoria.

Has recorrido ya todas las calles. Masticado el mar de sal que en surcos te brotó por la mejilla. Agotado cada espacio, no te queda ni un rincón en qué mirar.

Dejas que te caiga otro copo de nieve en la piel. El frío te mantiene en calma. El silencio te permite respirar, porque hay veces que hasta los demonios callan. Y con este frío se les congeló la voz. Y a ti casi se te hiela la memoria.

Se te está ahogando cada grito entre los tubos de escape de los coches. La ponzoña susurra tan profundo que no la oyes ya.

Siempre supiste que los golpes más potentes, los más grandes, eran cargas de profundidad. Explotan por dentro y para cuando llegan a la superficie para hacerse visibles siempre es demasiado tarde para reaccionar. Demasiado tarde para alzar la mano y gritar basta. Por eso se te vuelve inútil cada grito, cada gesto amargo.

Hoy se te descarna la explosión en las pupilas, más allá del llanto y de la suciedad. Te ha teñido de ceniza las pestañas, te ha temblado el hueco donde colocaste el corazón.

Frente a ti una mancha de sangre tiñe el suelo blanco. Apartas con cuidado la capa de escarcha que lo cubre y abres la boca para recordar, pero ya no queda nada. Un pozo inmenso.

Un despojo de tu corazón es lo que te mancha el suelo. Un guiñapo que palpita con un puñal clavado hasta la empuñadura.

Así te lo han devuelto.

Y con ojos desbordando gris, te lo clavas en el pecho.

Así se quedará en su sitio.

Sujeto, medio muerto.

Tiempo habrá para zurzir con imposibles alfileres. Y quizá un día de estos, cuando estalles preso de la risa (esa que ahora te vuelve medio loco, histérico), brotará algo de tu sangre del hollín, y estarás un poco más completo.

Caos


Viernes, 27 Enero, 2006 a las 2:22

Podría dedicarme a contemplar el mundo más allá de donde acabe abandonada esta doblada servilleta. Dejar pasar así las horas, llenando huecos con adornos de mentira en cada papel, en cada esquina. Describiendo a cada paso que pudiera dar el contorno más allá de toda dimensión que encierra la gran herida.

Caminar con un dedo en los labios para que no me diga nada la gente al pasar.

Podría dedicarme a describir esta línea que separa el pie cansado del abismo y que nunca se agotasen las palabras. El horizonte allá al final, la visible ausencia de sustento en este universo de una sola torre permanentemente en obras.

Torres

Seguir perdiéndome cada sonrisa que al final poco me importa. Vivir perdido entre éste y aquél otro bar.

… O podría dejarme llevar por la corriente que grita que vuelva.
Por este asfalto recubierto de polvo y de verdín donde el mundo ya nada recuerda, pues es corta la memoria de estas calles resecas.

Y me podré perder en un invierno seco, de bálsamo de gris y sin tormenta en el que me pueda reconocer en esa voz que ahora susurra mi nombre mientras camina hacia mi puerta.

Esta visión ridícula del yo, esta ausencia que me queda, este contorno inabarcable de una herida que se ha tragado ya hasta la tristeza es más de lo que se podrá ofrecer el día que deje caer su mano para encontrarse con mi piel.

Porque no podré olvidar aquel verdeazulado de mi mar por mucho que pueda ofrecerme el seductor oasis de ébano, canela y la sombra con olores de madera de su puerto. Su ciudad. Su aliento.

Sé que puedo respirarla más allá de toda sombra. Acariciar un vientre de coral. Perderme entre sus sueños como el viento que se desvanece entre las hojas.

Pero a la hora de dormir, sé que apartaré mis lazos de la almohada para dejar la oreja reposar en el recuerdo que traerán la caracolas.

Que hablarán de aquel paisaje de espuma de mis costas.

De otro lugar.

Y olas.

Siempre, siempre olas.

Habré de encontrar


Domingo, 22 Enero, 2006 a las 16:36

Habré de encontrar
camino que me aleje de la sombra.
Lugares donde sepa
que el viento no vendrá a contarme
que acarició al pasar tu mano
y aún recuerda el roce de tu piel.

Un camino donde pueda
reflejarme en cada charco
para ver, por una vez,
que ya no queda en este cuerpo
tanta cicatriz de labios
que grabaste a fuego algún ayer.

Habrán de encontrar camino
que me aleje de ti
estos ojos gastados
que no hacen más que ver el nombre
que le puse a cada amanecer
y me dejaste en la retina tatuado.

Habré de encontrar ese camino
el día que consiga descubrir
que para caminar sin rumbo a ti
sólo tengo que mover los pies
y dejarme la maleta con el corazón…

en otro lado.

Aviso


Martes, 17 Enero, 2006 a las 2:29

Tienes todas las armas, todas las cartas. Eres dueña del tablero de juego y hasta de las normas. Tienes todo a tu favor para la muerte.

Me has abierto la camisa para ver este amasijo desmembrado de piel y costillas. Apuntas con la más precisa de tus armas justo al corazón. Aunque sabes que no está; esa posición en el pecho no es más que un mero valor simbólico. Cuando quieras ahogarme de verdad, tendrás que tirar aquello que se te perdió en el bolso.

Llegados a este punto sólo he de pedirte una cosa.

Dispara.

Justo al centro.

Sin atreverte a no mirar (no sea que falles).

Asegúrate clavándome un puñal en cada ojo y, cuando ya no pueda ver, arráncame una a una cada canción que pudimos compartir. Cada recuerdo que a los dos nos duela. Cada palabra que sirvió de truco alguna vez. Cada película que pueda devolverme la esperanza sólo un momento. Cada instante que tuve de tu piel. Quémalo todo hasta que no me oigas gritar y entonces, solamente entonces, márchate.

Porque si te dejas sin querer cualquier resquicio por el que pueda empezar a buscar una vez más, seré incapaz de controlar mis pasos hasta encontrarte.

Silencio


Lunes, 9 Enero, 2006 a las 3:58

Se me ha pegado el tiempo a la piel, a la memoria. Soy una cinta que se harta de escucharse del revés, rebobinada. Me escucho hacia atrás para evitarme este universo informe de la nada, para oírte susurrarme un hálito de vida y yo bebiéndome tu espalda.

He buscado la sombra de tus manos hasta en las aceras, preguntado a cada piedra si te vio pasar.

He buscado tu olor detrás de cada puerta, tu reflejo en todas las ventanas, y no encuentro nada.

Me ha visto la gente llenando con tu nombre todas las paredes. Me han visto recogiendo gotas de lluvia con las palmas de las manos ya cansadas. He corrido a ojos cerrados en la niebla. Acariciado el envés de cada hoja, la promesa de un millón de primaveras escondida en cada planta.

Y nunca estabas.

Se te tragó la tierra, se te llevó a una costa que ya no sé encontrar y estoy cansado ya de este sol que abrasa cara y espalda, de verme en una balsa malherida rodeado de tu mar.

Y estoy tan lejos ya que no me queda nada. Lo he dejado todo en el camino para correr más y aunque he dejado un rastro de notas y mensajes en cada puerta, en cada calle, en cada ventana, ya no sé volver atrás. He adelgazado demasiado, hasta que he visto asomar las vísceras marcadas debajo de las costillas, y queda tan poca distancia entre el hueso y la piel que no me puedo creer ya que sea aquí donde te escondas.

Estoy a la deriva. Ya no sé cómo remar. El viento calla. Y no escuché hace poco un soplo que decía donde estabas.

Así que solamente queda esperar, mirando a la noche gris, sin moverme un sólo pelo, porque no me quiero perder la próxima señal para llegar hasta ese puerto en el que sé que, aunque escondida, esperas.

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