Carta inacabada


Miércoles, 14 Diciembre, 2005 a las 1:10

… eres la única persona que consigue hacerme llorar.

Con esa frase que dijiste anoche conseguiste hacer que ya no hiciera las maletas. Me llevaba tu recuerdo a alguna parte, casi sin querer, para arrojarlo con desprecio en la distancia. Lamenté al instante no haber cerrado como tú todas las puertas y enjaulado lejos de mi soledad cada uno de todos los cristales. Porque aún podían romperse un poco más.

Te necesitaba fría, distante, ajena, muerta. Cada vez que hablé de sentimientos inservibles, de toda la basura emocional que me tortura cada miserable minuto al día, no buscaba el ver la fragilidad bajo la que escondes todos tus desprecios. Yo quería oírte sonreir indiferente, darme consejos de los que solamente se dan a quien no te importa nada. Un “Javi, olvídate de mí para variar” con que terminar de arrebatarme toda la esperanza.

Quería que me hablases del ayer como lo hiciste, como la mancha oscura que olvidar, como el tiempo perdido, como la vida demacrada. Quería… necesitaba recibir cada gramo del veneno que pudieras darme sin humanidad. Catalizado y a la vena. Porque ya no te importaba (para qué si me va a perdonar, porque ya no le importa…).

Pero tenías que llorar. Que deshacerte en un momento en una risa y lágrimas.

Y se tuvo que encender la fulminante luz cuando, del otro lado del teléfono, escuché caer al suelo tu primera lágrima.

Ayer yo no quería a la María humana. No quería comprender que aún te queda corazón. Que también heridas, cicatrices y llagas.

Yo quería hacer el tonto hablándote de Amor. Sentirme inútil y abrasado por todo lo que tú tenías que considerar mentira y no desgracia. Echarte cada día de este mes de Infierno en cara y que no te hiciera sentir mal, porque así comprendería que esto de verdad había sido nuestra Muerte.

Tú tenías que volver a aparecer…

Y yo no podía evitar hacer esa llamada. Y no dejarte hablar. Y apabullarte con cada recuerdo, con cada cristal que no pude meter en la maldita jaula para así dejarlo y que se fuera vaciando mi mitad. Saber que habías tirado de tu bolso ese trozo de mí que un día te regalé y todavía me sangra. Que lo picotearan hasta hacerlo desaparecer todas tus gaviotas.

Pero te oí llorar.

Y a este cuerpo ya no hacen más que aparecérsele Marías en todas direcciones pensando que un día vendrás (a qué, a qué, a qué) al maldito Madrid de los demonios que aún no pude presentarte como los cánones mandan.

Sabes por qué tuve que colgar. No podía soportarte. Explorar ese dolor y descubrir que aún había cosas que añorabas. Que aún llevas puesto algo de mí que no consigues lavar en esa tierra de olvido por la que deambulas con la falsa seguridad de quien tiene aún tanto que asumir que todavía tiembla.

“y morirme contigo si te matas…” dice la canción cuando se abre el ascensor por la mañana. Y no puedo más que huír de él. Correr hacia la puerta y dejar que el frío me congele las lágrimas.

Yo sabía que podía haber hurgado un poco más en tu dolor. Y que la noche me podría haber traído como alguna que otra vez un Beso que guardar bajo las mantas. Nos ha pasado ya más de una vez, que de tanto ataque de emoción se caen al suelo todas tus barreras, y me hablas. Maldita sea, tenías que llorar. Y yo ni siquiera lo esperaba.

Por todo lo que significan esas lágrimas. Que aún te queda algo de mí y no es eso que llevas en el bolso y sangra. Que no puedes perdonar (como dudo tantas veces que pudiera hacerlo yo ahora). Que tu máscara de olvido tiene sus fisuras que también puedo llegar a atravesar. Que nunca dormiré mejor que con uno de tus Besos enredado entre las sábanas.

Tú tenías que hacerme sufrir y hacerme ver que nada vale nada.

Y así vuelvo esta mañana a desearte besos, y ausencia, y sonrisas, y lágrimas. Y tú me hablas de tu corazón. Y me dices que lo tienes “Enquistado de alguna manera, como el hombre de hojalata”.

Pero este mundo ya no es Oz. Se nos acabó la magia. Y yo no soy Dorothy. Y no hay escarpines rojos.

Pero sí que es cierto que no hay lugar como el hogar. Y que sin certezas, tres de aquellos taconazos no me llevarán jamás a casa.

Lánzame una moneda


Sábado, 10 Diciembre, 2005 a las 20:15

Lánzame una moneda al aire. Y verás que en cada vuelta de su viaje hasta aterrizar, alternando cruz y cara, cambian al instante mis facciones.

La cara…

Hoy relleno este silencio de miradas grises con una mirada de carbón enrojecido. Se ha llevado el viento todo el eco de mis huesos hasta el mar, y soy de sal por dentro. Así queda más cerca de las llagas. Así cauterizan sin sangrar. Propongo quedar esta noche libre de tu cepo, arrancar del corazón esta semilla emponzoñada de muerte que le impide palpitar.

Buscaré con hambre cada instante para recordar, le haré sitio en mi interior a la anaranjada luz de las farolas. Beberé a sorbos pequeños hasta que se cansen de mirarme todos los futuros imposibles a los ojos.

Hoy no cabe suficiente yo que reflejarse en los espejos, y dicen que la vida es corta.

Habrá que intentar apartar las ramas, en algún lugar habrá algo que necesariamente ha de brillar…

Y la cruz

Estoy cansado ya de verte sonriendo detrás de todos los cristales, apoyada en la ventana de todos los asientos en cada autobús.
De olvidarte sin querer realmente hacerlo.
De llenar las papeleras de servilletas que te gritan que vuelvas.

Estoy cansado de tener que huir de mi rutina para soportarte.

De cansarme de que cada día empiece y se termine con el eco de tu nombre.

Hoy pagaba lo que fuera por un poco de tarta sin memoria, por poder mirar hacia algún lado sin buscarte.

Hacer magia
Hacer magia.

Caminar. No darle la vuelta al mundo una y otra vez buscando entre silencios todas tus razones.

Convertir en un susurro amortajado cada beso que me diste alguna vez.

Dejar de correr por esta cinta tan gastada en que se convierte tu recuerdo.

Quiero dedicarte cada sorbo de este mal café.

Y dejar de estar cansado de beber las llagas que supone la distancia.

Quiero desnudarme de mi piel, que todavía te recuerda. Borrar de un golpe todas las heridas que no se vuelven cicatrices.

Mirar al frente sin pensar que tal vez hoy no sea capaz de tirar la servilleta.

Pero allí donde mi vista alcanza solamente queda el eco de tus ojos, y la religión a que me convertiste con todas tus palabras.

Pero…

Deja de decirme que todas las monedas caen de cara, porque muchas veces hasta la vida trae las más horribles sorpresas, y de cruces está la vida llena. Ven, siéntate a mi lado y contempla conmigo la moneda girar. ¿Que no hay fondo?… Llegará. De todas las incertidumbres y los pasos en su viaje podemos hablar tanto como quieras, pero en algún momento (¿ha sido un eco eso allá en el fondo?), parará.

Y no, no se me borrará esta irónica sonrisa cuando vea tu cara de sorpresa, porque los dos sabemos que cuando su movimiento acabe, estará de canto.

Viajar. O no (editado el 08.12.05)


Lunes, 5 Diciembre, 2005 a las 19:58

Un día llegué a casa y la musa me dijo que me abandonaba. “Me voy a donde no llega nadie“, me dijo, “pero si me amas, me encontrarás”. Y la busqué, incansable, incluso en los lugares donde nunca ha llegado nadie. Entonces regresé…

Cuando llevo mucho tiempo prisionero del gris o la sombra hay algo en esta clase de huidas que considero necesario. No sé si en este caso soy la musa del bendito anuncio de coches o su perseguidor. Ni siquiera (a pesar de tener un poco en mente el itinerario) a dónde voy. Mochila, cámara de fotos, tienda y saco y que decida la divina providencia si es que la hay. Un poco de verde, de silencio y frío que espero me sienten como deberían.

Pero me voy, buscando con el viaje pasar unos días solo. Salir de aquí, del Madrid incomprensible y traicionero, de la miserable rutina y fundirme un poco con el entorno, con el verde que echo demasiado de menos con demasiada frecuencia.

Viajar solo en invierno es difícil. Anochece demasiado pronto y se cuentan con lentitud apabullante todas las horas de silencio y soledad, que a falta de tener paisaje con el que dejar jugar los ojos y compañía con la que charlar, pueden resultar agobiantes. Pero me lo pide el cuerpo.

Me voy donde no llega nadie, esperando traeros de vuelta algunas fotos y un poco más de mí realmente renovado. Nos vemos en algo así como una semana.

Hasta entonces, cuidaos.

Y sí, espero usar la red mimética esta vez. Y le haré fotos. ;)

-=-=-=-=-=-=-=-=-

Y hasta ahí llegaban mis estupendas intenciones. Pero la realidad, la triste realidad, es que después de mil problemas con el transporte (el alojamiento jamás lo llegué a mirar) y recientes problemas familiares, ha tocado quedarse en casa y tragar, cómo no, con una semana de mierda más. No tengo ganas ni de escribir al respecto.

« Entradas anteriores
En mis retinas. Get yours at bighugelabs.com/flickr
ibsn_img.php.gif

Creative Commons License
Esta obra es publicada bajo una licencia Creative Commons.

24 Consultas. En 0.472 Segundos. Qué guay.