Lánzame una moneda
Lánzame una moneda al aire. Y verás que en cada vuelta de su viaje hasta aterrizar, alternando cruz y cara, cambian al instante mis facciones.
La cara…
Hoy relleno este silencio de miradas grises con una mirada de carbón enrojecido. Se ha llevado el viento todo el eco de mis huesos hasta el mar, y soy de sal por dentro. Así queda más cerca de las llagas. Así cauterizan sin sangrar. Propongo quedar esta noche libre de tu cepo, arrancar del corazón esta semilla emponzoñada de muerte que le impide palpitar.
Buscaré con hambre cada instante para recordar, le haré sitio en mi interior a la anaranjada luz de las farolas. Beberé a sorbos pequeños hasta que se cansen de mirarme todos los futuros imposibles a los ojos.
Hoy no cabe suficiente yo que reflejarse en los espejos, y dicen que la vida es corta.
Habrá que intentar apartar las ramas, en algún lugar habrá algo que necesariamente ha de brillar…
Y la cruz
Estoy cansado ya de verte sonriendo detrás de todos los cristales, apoyada en la ventana de todos los asientos en cada autobús.
De olvidarte sin querer realmente hacerlo.
De llenar las papeleras de servilletas que te gritan que vuelvas.
Estoy cansado de tener que huir de mi rutina para soportarte.
De cansarme de que cada día empiece y se termine con el eco de tu nombre.
Hoy pagaba lo que fuera por un poco de tarta sin memoria, por poder mirar hacia algún lado sin buscarte.

Hacer magia.
Caminar. No darle la vuelta al mundo una y otra vez buscando entre silencios todas tus razones.
Convertir en un susurro amortajado cada beso que me diste alguna vez.
Dejar de correr por esta cinta tan gastada en que se convierte tu recuerdo.
Quiero dedicarte cada sorbo de este mal café.
Y dejar de estar cansado de beber las llagas que supone la distancia.
Quiero desnudarme de mi piel, que todavía te recuerda. Borrar de un golpe todas las heridas que no se vuelven cicatrices.
Mirar al frente sin pensar que tal vez hoy no sea capaz de tirar la servilleta.
Pero allí donde mi vista alcanza solamente queda el eco de tus ojos, y la religión a que me convertiste con todas tus palabras.
Pero…
Deja de decirme que todas las monedas caen de cara, porque muchas veces hasta la vida trae las más horribles sorpresas, y de cruces está la vida llena. Ven, siéntate a mi lado y contempla conmigo la moneda girar. ¿Que no hay fondo?… Llegará. De todas las incertidumbres y los pasos en su viaje podemos hablar tanto como quieras, pero en algún momento (¿ha sido un eco eso allá en el fondo?), parará.
Y no, no se me borrará esta irónica sonrisa cuando vea tu cara de sorpresa, porque los dos sabemos que cuando su movimiento acabe, estará de canto.

