Viajar. O no (editado el 08.12.05)


Lunes, 5 Diciembre, 2005 a las 19:58

Un día llegué a casa y la musa me dijo que me abandonaba. “Me voy a donde no llega nadie“, me dijo, “pero si me amas, me encontrarás”. Y la busqué, incansable, incluso en los lugares donde nunca ha llegado nadie. Entonces regresé…

Cuando llevo mucho tiempo prisionero del gris o la sombra hay algo en esta clase de huidas que considero necesario. No sé si en este caso soy la musa del bendito anuncio de coches o su perseguidor. Ni siquiera (a pesar de tener un poco en mente el itinerario) a dónde voy. Mochila, cámara de fotos, tienda y saco y que decida la divina providencia si es que la hay. Un poco de verde, de silencio y frío que espero me sienten como deberían.

Pero me voy, buscando con el viaje pasar unos días solo. Salir de aquí, del Madrid incomprensible y traicionero, de la miserable rutina y fundirme un poco con el entorno, con el verde que echo demasiado de menos con demasiada frecuencia.

Viajar solo en invierno es difícil. Anochece demasiado pronto y se cuentan con lentitud apabullante todas las horas de silencio y soledad, que a falta de tener paisaje con el que dejar jugar los ojos y compañía con la que charlar, pueden resultar agobiantes. Pero me lo pide el cuerpo.

Me voy donde no llega nadie, esperando traeros de vuelta algunas fotos y un poco más de mí realmente renovado. Nos vemos en algo así como una semana.

Hasta entonces, cuidaos.

Y sí, espero usar la red mimética esta vez. Y le haré fotos. ;)

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Y hasta ahí llegaban mis estupendas intenciones. Pero la realidad, la triste realidad, es que después de mil problemas con el transporte (el alojamiento jamás lo llegué a mirar) y recientes problemas familiares, ha tocado quedarse en casa y tragar, cómo no, con una semana de mierda más. No tengo ganas ni de escribir al respecto.

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24 Consultas. En 0.317 Segundos. Qué guay.