2005


Sábado, 31 Diciembre, 2005 a las 20:06

Se acabó tu tiempo.

Ya no te quedan cosas por contar. Le siguió el silencio a tu última explosión de gloria. Después del aplauso final, ahora sólo quedan en el escenario una estela de humo que acaricia las lámparas del techo, ecos en la puerta de atrás, y un puñado de sillas viejas.

Se han marchado todos los oyentes y por no quedar, no se han quedado a verte ni los bailarines.

Has tenido tus momentos, eso he de reconocerlo. Pero lo mejor que ha salido de ti se queda en el imperio de la nada más mediocre. Una sonrisa detrás de un café, un viaje que pudo haber merecido la pena. Promesas que quedaron en nada.

Aire.
Humo.
Otro álbum de fotos que enmarcar.
Una colección endemoniada de palabras.

Nada.

Y así esta noche, en unas horas, se dará punto y final a tu reinado, a tu maldita transición.

Te despediré con todos los honores. No por lo que has hecho, si no por lo que te creíste merecer. Porque conseguiste regalarme un par de besos. Porque juntos le dijimos dónde se llevaba sin querer mi corazón.

Ahora, queda cerrar los ojos. Escribir algún deseo en un papel que doblar en la suela del zapato. Y esperar que, cuando te hayas ido, te lleves de aquí todo lo que no echaré jamás de menos.

A todos los que me hablan un poquito (a veces en susurros) más al corazón, un Abrazo. Y el mejor de mis deseos.

Dos segundos


Miércoles, 28 Diciembre, 2005 a las 3:24

Ya no entiendo si es que son las trentaysiete y cientocinco de la tarde, give or take. Si hoy es lunes o martes. Si ayer jueves. Si pasó la Navidad y estamos ya en horas de fiesta, o es verano y me salté Semana Santa. El minutero del reloj muestra un borrón donde debería haber agujas y no creo ni siquiera ser capaz de dejar de mirarle al centro de los ojos (epicentro en calma de tu inútil huracán) con una sonrisa estúpida en la cara.

Puedes robarme todos los minutos que quieras, todos los días, las semanas y las horas. Puedes extender mis días más allá de lo que queda y aquí me encontrarás, como un idiota, sonriéndole mi triunfo a tu reloj de desmemoria.

Hoy (ayer, quizá también mañana) soñé que me besaba. Y ahora intentas restregarme, con tu cara de pez, tu fracaso por la cara. Yo me río, porque hoy pierdes.

Son las treintaynueve y cientoveinte de la noche. Parpadeo desde entonces con las llagas. Pero ya lo ves, tú me obligas a olvidarme y me llevó dos míseros segundos atrapar el beso (aunque me sangra) para siempre en la memoria.

Orchid


Miércoles, 21 Diciembre, 2005 a las 18:26

Orchid

Porque, alguna vez, también le viene bien sonreír a uno.

Cosas a tener en cuenta:

La orquídea en cuestión es una Phalaenopsis, aunque no sabría decir cuál (es un híbrido, seguramente una reichenbachiana, pero ni idea).

La foto ha sido tomada en mi terraza, y los detalles de su realización son: ISO 400, f/5,6, a 1/4000, balance de blancos personalizado y teleobjetivo 170-500 (a unos 425) más o menos.

Febril


Martes, 20 Diciembre, 2005 a las 16:28

Vivo estos días en una confusión de realidad febril y sueño, apenas abro los ojos para despertar y me descubro enterrado entre sábanas y sudor. A veces te busco con las manos. Pero nunca estás ahí, y sólo encuentro el rastro de tu perfume. Perfume que hace cuánto, ¿años?, que no huelo.

Creo que te estoy sudando, que te vas de aquí. Que cada vez que duermo y me despierto vas haciendo de algún modo las maletas. Y así se despide mi cuerpo de ti, emponzoñado por la fiebre y el esfuerzo.

Ahora me miro y me veo más delgado, más pálido, más menos. Quizá esto es lo que quedará de mi sin ti, y me pregunto si se llegará mi cuerpo a hacer pequeño. Si me está diciendo que sabe volver hacia atrás y buscar entre los charcos todos los años perdidos.

Abrir y cerrar los ojos. Como Sylvia Plath.

Y el mundo sigue girando obediente al paso del reloj, y en esta habitación huele a poême, a sudor, a frío en las entrañas. Y yo sigo vaciándome por dentro. Y me sigo haciendo un poco más pequeño. Y hoy he abierto un poco la ventana de mi habitación y el viento no me hablaba de tu nombre, era solamente viento.

¿Será esto lo que siente la serpiente cuando muda de piel?¿Piensa en algo la recién nacida mariposa cuando abandona la crisálida para los restos?

Fiebre, sueño. Un poco de Alicia (detrás del espejo).

Y viento que solamente es viento.

Todos los abrazos de domingo


Lunes, 19 Diciembre, 2005 a las 4:14

Todos los abrazos de domingo saben a lluvia. A tierra mojada. Al eco de tus manos en mi piel. A invierno frío. Todo sabe a gris en esta ciudad empapada de silencio y tú te pierdes ya entre el humo anaranjado en las farolas.

Me enseñaste otra forma de mirar. Me peinaste el nombre de cada canción por dentro. Dibujaste corazones en mi espalda mientras yo enredaba mi futuro con los dedos en tu pelo.

Aprendí contigo el significado que tenía Respirar. A seguir el rastro de tus pasos cuando me perdía tratando de escapar de las trampas que ponía el tiempo. A escapar de la prisión de las agujas del reloj. A besar el aire. A escucharte hablar acercándome la mano al pecho.

Pero un día tus pasos se desvanecieron. Ahora de tanto caminar me siento viejo. Y ya no quedan vías en tu tren. Y este vagón en el que viajo me ha llevado demasiado lejos.

Acaso sea poco más que el eco de las llagas en mi piel. Acaso sea un pétalo de luna que no sepa ya de enredaderas que se quiebran en la noche triste. Acaso sea que le conseguí cerrar la puerta al corazón. Acaso el ruido que me despertó en la noche fue la última página de todos los libros que había dejado para siempre abiertos.

Acaso sea eso el eco de las huellas de tus pies en la escalera que se acercan.

Todos los abrazos de domingo saben a lluvia. A tierra mojada. Al murmullo de las hojas secas acariciándome la piel con el suspiro gélido de un nuevo invierno.

Todos los abrazos de domingo saben a lluvia. Viven enraizados al asfalto gris, pegados al bordillo en las aceras. A pedazos de mí pegados al cristal desenfocado de mis ambiciones, que dejé enfriando en la nevera. A todo aquello que perdí.

A gotas de pasado que se abrazan al olvido del tiempo.

Pero siempre, siempre alguna vez, entre los reflejos en las gotas que se quedan abrazadas al cristal (ven, mira, acércate) aparecen nuevas formas que mirar. Y en lo que tardan en caer, vuelven aquellos de lluvia en otros, por absurdo que parezca, abrazos de colores.

Goodbye my lover.
Goodbye my friend.
You have been the one.
You have been the one for me.

I am a dreamer but when I wake,
You can’t break my spirit - it’s my dreams you take.
And as you move on, remember me,
Remember us and all we used to be.

James Blunt

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