Frío
Hace dos años, cuando falleció mi madre, mi padre se moría de frío por las noches. Daba igual el número de mantas, el calor que se le pudiera dar, su cuerpo se empeñaba en mantener su temperatura bajo mínimos. Él nos lo decía a todos. “Tengo frío por dentro“. Cuando uno oye estas cosas siempre piensa que comprende, que le ha pasado alguna vez, o que siente lo mismo.
Frío por dentro.
Exactamente un mar de hielo, un pozo congelado que no permite ni dormir. Que provoca dolor y recuerdo cada segundo con cada estremecimiento de la piel, con la ausencia de hambre y sueño.
Hace dos años mi padre perdió a su mujer. Y se le congeló por dentro el alma.
Y aunque la mía no haya muerto, y sea simplemente un universo de silencio y carretera el que nos separa (y que sé que otro ocupa ya el que fue mi lugar), hoy soy yo el que se congela por las noches. Al que no le quedan mantas. El que sueña extraño con lugares en los que fueron forjados los [R]eencuentros una vez pero no es protagonista ya de semejante historia.
Un espectador que tiembla congelado mientras te sueña (y sabe que una vez más acertará) comiéndote a otro a besos.
Frío por dentro. Pelo corto. Ojos marrones. Triskels engarzados como a fuego en la pared, en el respaldo de la silla de madera donde, hace unos 3 años volvíamos a vernos.
Frío por dentro.
Y una sensación de oscura y triste soledad, mientras amontono cerca de la lumbre todos tus recuerdos.
PD: Todas las negritas son enlaces.

