Una noche como ésta


Viernes, 28 Octubre, 2005 a las 21:28

Apareces con la bruma del olvido
devorando a chorros el murmullo de tu abrazo
y me sonríes como siempre calaveras
tras ahogarnos tanto aplauso de silencio.
Yo contemplo el cuadro que formamos
tu paisaje y mi recuerdo,
y hago formas en la niebla
que pintaste con tus ojos al matarnos.

Tú mientras me ves haces que olvidas
si yo pinto al viento un corazón a pincel seco;
y si vuelves algún día sobre mí
a posar tu palma herida,
¿será tarde para hablarnos uno al otro
podrido ya cada reloj de nuestro tiempo?.

Así pasea tanto ocaso en nuestra vida,
y se escribe tanta muerte en cada vena;
un latido, un palpitar, la noche eterna.
Hoy tu cielo llora, aquí hay tormenta
y la vida se nos marcha ennegrecida
con la lluvia y su riada de hojas secas.

Battlestar Galactica o el androide que me enamoró


Jueves, 27 Octubre, 2005 a las 1:25

Eso diría Gaius Baltar, uno de los personajes con más fuerza de la serie de televisión Battlestar Galactica (un remake de una que ya era antigua, con algún cameo que otro de sus antiguos actores en otros personajes) a la que, me confieso, soy adicto. La verdad es que no soy un aférrimo seguidor de prácticamente ninguna serie de televisión, pero ésta es una de las contadísimas excepciones. Una gran serie de ciencia ficción donde, dentro de contar una historia más bien clásica (la salvación de la humanidad por culpa de sus retorcidas acciones), el enfoque hace sudar con prácticamente cada capítulo.

gaius & number 6

No se centra en las batallas contra los alienígenas, androides o demás amenazas (que las hay) ni hace gala de ese militarismo proestadounidense absurdo al que inevitablemente nos han acabado acostumbrando en todas las películas del género (si bien, hechos como que haya un “presidente de las colonias” dejan un cierto tufillo). Tampoco se centra en las clásicas historietas de amor entre sus protagonistas (que evidentemente también hay). No.

Battlestar Galactica es una serie de ciencia ficción con temática muy clásica pero con un guión escrito con muchísimo cuidado (tanto es así que el primer capítulo, “33 minutos”, se llevó un premio Hugo), en el que lo que prima es un análisis muy acertado sobre las relaciones humanas. Sobre el poder y la presión. Sobre la guerra y lo que, en demasiadas ocasiones, un soldado o un civil, tienen que vivir en ella.

Starbuck

Se ponen en la mesa argumentos interesantes como la actuación “en pro de la especie” aunque signifique dejar a un 10% de la humanidad indefensa frente al enemigo. Se ponen en la mesa traiciones involuntarias por una mujer. Uno siente en sus carnes la humillación de la tortura, psicológica a veces y muy física en algún momento. El amor a pesar de las insalvables diferencias. Y por supuesto, naves, combates imposibles de ganar, muchas derrotas, movimientos magistrales, excelentes pilotos, motines, rebeliones, terrorismo, cerebros incomprendidos, máquinas terribles, bellezas solitarias, manipulación en los medios de comunicación, más combates, disparos, explosiones…

El reparto, que yo desconocía casi por completo (alguna cara conocida de “corrupción en Miami”, por ejemplo, sí se ve), pero acertadísima en su papel) borda su interpretación en absolutamente todos los capítulos, incluyendo la clásica femme fatale -una modelo llamada Tricia Helfer- que, lejos de poner una cara y un cuerpo bonitos y ya realiza una interpretación de lo más correcto. Todos los actores y actrices saben ejecutar su papel, son auténticos profesionales. Cuando uno sufre, sufre el espectador. Son, y aquí hay un bonito juego de palabras, muy humanos.

Commander Adama

Una de las cosas que más me ha llamado la atención es la carencia total de “spielbergismo” en la serie. No te apabullan con sus efectos especiales, ni se recrean en visiones imposibles del espacio, o de los planetas que recorren, o de la tecnología que usan. Los ves, están ahí, pero no sobrecargan. No estamos ni frente a un matrix ni una guerra de las galaxias.

Tampoco encontramos al típico personaje con el que se identifica todo el mundo. No hay un gran héroe, así como no hay un gran villano. Todos tienen sus fallos y sus errores, y sus virtudes también. Pero sufren para conseguir sus objetivos día a día. Y, el más importante de todos, sobrevivir, pesa cada vez que uno de ellos es eliminado o asesinado.

President Roslin

No quiero dejar aquí ningún “spoiler” (o lo que es lo mismo, reventaros el argumento de la serie), así que no contaré nada -absolutamente- sobre el desarrollo de la misma. Ni sobre su argumento, ni sobre su primer espectacular capítulo, porque lo que tenéis que hacer es sintonizar la mula y dejarla galopar los bits y los bytes, descargar la serie (en v.o. subtitulada en su mayoría) y verla. Os aseguro que no os va a decepcionar.

Y sí, a veces hago algo más que lamentarme de mí mismo y sacar fotos de pájaros. También veo, de cuando en cuando, la tele. Ja.

Donde condené a los sueños


Lunes, 24 Octubre, 2005 a las 2:09

Allí, donde todo lo importante
recogió la llama del olvido,
empujo cada día la memoria de tus besos
sin fuerza ya ni para respirar.

Me consumo, me hago lento
espeso río de sonrisas y recuerdos
que empotrar tras un cristal
en este acuario de silencio.

Allí, donde condené a los sueños
en que siempre pude ver
aquel pincel de ti que sin saberlo
convertía en blanco negro y gris,
te encierro.

No era el mar profundo de tus ojos
(ese que en la guerra convertí
en espeso humo de hierro)
lo que me dejó despierto.

Este insomne testamento
fue lo que quedo de ti,
cuando dejando a un lado mis puñales
no te vi venir
y te clavaste hasta el inferno.

Un vacío roto incomprensible
que bordaste a machetazos en mi pecho.

Yo sólo quería verte sonreir,
y en français seulement la morte
bisous, baisés que plus d’une fois
avec toi, j’ai souhaitée

decidiste quién habría de morir.

Empujarte hacia el olvido
es lo que dicta tu silencio;
es la cripta de tu adiós,
un espacio en blanco en mi epitafio:

Alors, perdu, la mort.
L’amour après du tout.

y allí donde guardo cada instante
que quedó de ti,
condené a todos mis sueños

… y me condeno inevitable a mí
que vivo de recuerdos.

En la basura


Miércoles, 12 Octubre, 2005 a las 21:26

Paseando por estas calles de lluvia en que a veces se convierte Madrid, cuando los reflejos en el suelo las hacen brillar como el espejo que no son, vi a un hombre mayor revolviendo en un contenedor de basura.

Parecía triste y cansado, harto ya de pasear entre deshecho y cieno. Y rebuscaba con calma, abriendo con metódica precisión todas y cada una de las bolsas, que había depositado en el suelo, para vovlerlas a cerrar sin llevarse nada y dejarlas de nuevo en su interior. Estuve observándole durante una eternidad; sin paraguas, sin abrigo del frío. Una bolsa tras otra, un contenedor tras otro, a lo largo de la calle. Abría cada bolsa y, con los ojos semiabiertos, sus manos recorrían cada forma en cada bolsa, cada lata, cada trozo de cristal. En un rato, cuidándose de no dejar nada en el suelo, un suspiro marcaba el final de cada búsqueda para volver a empezar.

Desapareció entre reflejos plateados, al final.

Desde entonces he vuelto a encontrarle varias veces por el barrio abriendo bolsas, rebuscando en la basura sin llevarse nada. Caminando arrastrando toda una vida de monotonía y soledad a cuestas.

Nos hemos acabado conociendo.

El reconoce en mí el paso cansado del que nada tiene, y en el eco de mis botas yo comprendo su forma de vivir.

A veces me cuenta que la gente desperdicia todo tipo de tesoros, y me reconoce no haberse quedado con nada jamás; joyas, ropa, recuerdos, fotos. De cada uno de ellos, se imagina a veces una historia, un final casi siempre triste.

“La gente siempre tira aquello que más quiere cuando le hace daño”, me dijo. “Fotos de sus familiares muertos, libros de sus tiempos de escuela, cartas que más de una vez hubieron de leer directamente con el corazón. Regalos. Así juega de sucio la memoria, claro”.

Y yo guardé silencio al escuchar el sonido de su voz y ver el brillo esperanzado en sus pupilas.

Hoy sus ojos parecían derrotados por primera vez, y no pude evitarlo. Mientras charlábamos, le devoraban la pérdida y el llanto. Tenía sangre en las manos, un corte más perdido en el mundo de cicatrices que son ya sus dedos viejos. Hoy, tan triste como él, le pregunté por fin: “nunca te lo he dicho, no he querido molestarte, pero… ¿qué buscas?”

Y tras un silencio que me pareció una eternidad, me contestó:

“Alguien me dijo una vez que mi amor no valía una mierda. Desde entonces busco en la basura para encontrar mi corazón”.

No supe qué decir. Él siguió rebuscando en el contenedor, con los ojos envueltos en lágrimas. Yo caminando hacia ninguna parte una vez más.

Él buscaba su corazón entre las bolsas y yo, buscando el tuyo, ya no sé por dónde caminar.

El eclipse


Lunes, 3 Octubre, 2005 a las 17:43

No os iba a decepcionar, claro que no. Estuve allí. Y éste fue el resultado.

Para que luego digan, os comentaré que fueron tomadas usando como filtro para la cámara una radiografía normal y corriente pegada con cutrecelo al para sol del teleobjetivo, como podéis ver en la siguiente imagen:


El aparatejo

Y el resultado fue este. Si os fijáis, en las imágenes más grandes se produce un curioso y para mi gusto muy bonito efecto geométrico, esto es lo que se llama “viñeteo” por culpa de la óptica del teleobjetivo. Esas fotos TAN luminosas han sido tomadas sin filtros de ninguna clase.

¡Disfrutadlas!


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