Colirrojo real


Sunday, 18 September, 2005 a las 16:18

Por fin una foto del Colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus). Aunque menos común que el colirrojo tizón (o al menos yo no lo he visto tanto, y nunca en un parque), este pájaro a mí me gusta mucho… ¡y me cuesta fotografiarlo! Se suele mover con un vuelo rápido y muy inquieto, y hasta donde he podido ver, es muy asustadizo, pero le pillé desprevenido y ahí lo tenéis…

Colirrojo real

Como siempre, podéis encontrar información extendida al respecto aquí (link)

Permutando “levantarse” y “caer” dentro del alma.


Monday, 12 September, 2005 a las 10:47

Leo en el blog de V (de Vendeta) frases que me recuerdan a mí hace demasiado tiempo, ya sabéis, cuando yo aún vivía en la edad de la Inocencia. Cuando aún no me corría la manzana envenenada por las venas. Leo sobre abismos y miserias, sobre miedo, poesía y fuerza.

Leo en blog de Will o’ the Wisp tantas otras cosas, que me hablan de Heridas y Cicatrices (y esas sí que son las nuestras), de finales, epílogos, dolor, tristeza.

Y no hago más que leer y releer sobre golpes que nos da la realidad y abren heridas que duran una vida entera. Y yo jamás pensé que aquello de crecer y también envejecer se compusiera exactamente de sangre reseca taponando llagas abiertas. Que al final se puede adormecer hasta la más pequeña de las ilusiones en una celda podrida y con barrotes de tristeza…

Así que sigo leyendo, aunque sé que nunca encontraré la fórmula secreta, sobre cómo hacer para salir de estas cicatrices que vienen y qué se le va a hacer, una vez llegan se quedan, en el alma.

Sabéis que quiero un soplo de aire que me recuerde que una vez existió la primavera. Un beso fresco de mujer al despertarme de una noche sin sueños cobardes que la comprometan. Un espacio más allá de esta cajonera de costillas en las que al final todo se encierra, envejece y enferma.

La magia, espero, habrá de volver. Con ella, llegarán las flores y los verdes que atesora esa maldita y esquiva primavera. Mientras tanto, yo sigo leyendo sobre cómo levantarse una y otra vez (en esas páginas gastadas de pasado ya en el interior), y dejo que me arrastre el corazón hasta la siguiente cima imposible de escalar, donde seguro habré de descubrir que imposible sólo es librarse de todas las veces que uno decidió “esta no la subo”, y la vadea.

Llegaré a la cima lleno de Palabras. De esas que no podrán llevarse hasta el papel, porque por mucho que puedan permutarse y combinarse estas 106 teclas negras, ninguna da con el código de página del alma.

Doña Urraca


Tuesday, 6 September, 2005 a las 0:09

La primera vez que la vi el cielo se derrumbaba sin terminar de llover sobre el suelo; una tenue constelación de gotas de agua se dejaba caer acariciando el mundo a su paso, y estrellándose inevitablemente contra su piel.

Yo caminaba con ese paso lento que caracteriza a los que se han olvidado ya hasta de su propio camino, acostumbrado a oír el ritmo lento de sus pies. Ella era apenas una figura a ratos pálida y negra, inmóvil en el punto de fuga de la perspectiva del cuadro.

Nunca nos dijimos una sola palabra. Apenas nos cruzamos las miradas una sola vez. Si acaso un leve roce de la ropa al cruzarnos en aquellas escaleras por las que yo siempre habría de bajar, y en las que ella construyó su mirador al mundo.

En mi corazón, yo la llamaba Doña Urraca.

Y se desgranaron meses y años, vidas enteras repetidas una y otra vez, con la misma escena de fondo. Unos pies que se perdían cuesta abajo en una escalera gris, una mirada atenta perdida en perspectiva caballera. Una cortina de agua que sin terminar de caer, nos empapaba.

Pronto mis pasos se hicieron más lentos para poder observarla. No sé cuántas veces jugamos sin querer a la caricia que uno envuelve con la indiferencia rutinaria del “estás aquí como ayer, y te veré mañana”. Sé que cada vez, en su pecho se escondía más abiertamente una discreta bienvenida. Tal vez por el murmullo leve de sus pies al acercarme. Sin saberlo, se quedaba prisionera de mi olor, como yo moría cada vez que sentía sus ojos como un puñal de acero acariciándome la espalda.

Y nos vimos los dos envejecer cada mañana.

Un día, sin embargo, Doña Urraca ya no estaba. Quise encontrarla, pero se me había perdido en el ayer aquella figura altiva y solitaria. Y se me antojó la fiesta funeraria, las lágrimas del no saber que hacer, la falta. Y entonces me di cuenta de que con los años, aquella que pudo haber sido mi mujer, a cada paso sin hablar trenzaba su camino inexorable hacia mi alma.

Cuando se fue, sin darme cuenta, algo se había llevado entre sus garras, y supe que jamás se equivocó mi corazón cuando en silencio, al recodrdarla, la llamaba Doña Urraca.

La máquina (im)perfecta


Monday, 5 September, 2005 a las 23:15

Es asombroso el cuerpo humano.

Pero dista de ser perfecto. Los primates son capaces de usar los pies como si fueran manos. Los felinos tienen una agilidad que ya quisiéramos para nosotros. Las aves vuelan. Los insectos son capaces de transportar cientos de veces su peso. Los anfibios respiran tanto dentro como fuera del agua. La lista es infinita.

Es asombroso el ser humano. Dicen que nos diferencia (en sentido positivo) nuestro cerebro, y el que seamos capaces de crear herramientas; modificar el entorno para adaptarlo a nosotros y suplir las carencias físicas que con el tiempo seguro estamos adquiriendo (tiendo a pensar, aunque no lo he comprobado, que hoy en día nuestros huesos son más débiles, o somos más miopes, ese tipo de cosas).

Si ese hecho diferencial que nos ha valido para situarnos en la cima de la pirámide alimenticia es beneficioso o no, es algo que habremos de ver (oh, sí, el fin del mundo tal como lo conocemos se acerca gracias a nosotros) con el tiempo y paso de las generaciones, pero el hecho es que yo nos veo débiles. La mayoría de nosotros sería incapaz completamente de sobrevivir por sus propios medios en la naturaleza, y seguramente de conseguir alimentarnos correctamente, no duraríamos mucho.

¿Por qué digo esto?. Salvo las palomas, que es el único animal que vemos con frecuencia mutilado por la calle (carecen de depredador en las ciudades), no se suelen ver animales heridos o mutilados. Cosas de la selección natural, la competencia entre miembros de la misma especie, los depredadores y demás se encargan de quitar de en medio a los débiles, a los heridos. A los que no sirven.

Es curioso pensar que la naturaleza premia, de alguna forma, a aquellos animales en los que su sentido de la “autoconservación”, por ponerle un nombre, es más fuerte. El que se arriesga menos, tiene más posibilidades de llegar sano a la edad adulta… (y de comer menos, también. Pero en un entorno que ofrezca posibilidades, creo que es así) y con ello, de dejar una herencia genética en el planeta.

Quizá mis antepasados fueron así (una panda de vagos) y mi instinto de la autoconservación está deteriorado hasta límites insospechados, y mis huesos son más débiles y estoy peor construído para la supervivencia de lo que debería. Si hubiera habido un depredador cerca, creo que yo no seguiría por aquí escribiendo esto.

¿A cuento de qué viene toda esta reflexión absurda?

Tengo un esguince en un dedo. Y repasando mi lista de lesiones, me parece ciertamente abultada…

5 luxaciones del hombro derecho (bicicleta la primera)
4 en el izquierdo (más bicicleta la primera)
1 esguince en el pie (el metro)
1 luxación del dedo gordo de la mano izquierda (un tropezón subiendo a un autobús)
1 rotura de la muñeca izquierda (esquiando)
2 roturas de la aritulación de la segunda falange en el dedo corazón (baloncesto las dos)
1 rotura del ligamento cruzado de la rodilla izquierda (gimnasia deportiva)
1 rotura de coccix (patinando)
1 fisura en una costilla (¡¡más bicicleta!!)
1 fisura en una costilla (más esquí)

y ahora, para rematar, un esguince en la segunda falange de la mano derecha (anteayer jugando al fútbol)

De todo esto se deduce, supongo, que no debo hacer deporte… que soy torpe y descuidado (no, no soy tan deportista, ni de lejos) y que el día que los dinosaurios reinen de nuevo sobre la tierra, si estoy por ahí, no duraré mucho.

Mañana prometo escribir aquí algo más interesante.

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34 Consultas. En 0.402 Segundos. Qué guay.