Doña Urraca
La primera vez que la vi el cielo se derrumbaba sin terminar de llover sobre el suelo; una tenue constelación de gotas de agua se dejaba caer acariciando el mundo a su paso, y estrellándose inevitablemente contra su piel.
Yo caminaba con ese paso lento que caracteriza a los que se han olvidado ya hasta de su propio camino, acostumbrado a oír el ritmo lento de sus pies. Ella era apenas una figura a ratos pálida y negra, inmóvil en el punto de fuga de la perspectiva del cuadro.
Nunca nos dijimos una sola palabra. Apenas nos cruzamos las miradas una sola vez. Si acaso un leve roce de la ropa al cruzarnos en aquellas escaleras por las que yo siempre habría de bajar, y en las que ella construyó su mirador al mundo.
En mi corazón, yo la llamaba Doña Urraca.
Y se desgranaron meses y años, vidas enteras repetidas una y otra vez, con la misma escena de fondo. Unos pies que se perdían cuesta abajo en una escalera gris, una mirada atenta perdida en perspectiva caballera. Una cortina de agua que sin terminar de caer, nos empapaba.
Pronto mis pasos se hicieron más lentos para poder observarla. No sé cuántas veces jugamos sin querer a la caricia que uno envuelve con la indiferencia rutinaria del “estás aquí como ayer, y te veré mañana”. Sé que cada vez, en su pecho se escondía más abiertamente una discreta bienvenida. Tal vez por el murmullo leve de sus pies al acercarme. Sin saberlo, se quedaba prisionera de mi olor, como yo moría cada vez que sentía sus ojos como un puñal de acero acariciándome la espalda.
Y nos vimos los dos envejecer cada mañana.
Un día, sin embargo, Doña Urraca ya no estaba. Quise encontrarla, pero se me había perdido en el ayer aquella figura altiva y solitaria. Y se me antojó la fiesta funeraria, las lágrimas del no saber que hacer, la falta. Y entonces me di cuenta de que con los años, aquella que pudo haber sido mi mujer, a cada paso sin hablar trenzaba su camino inexorable hacia mi alma.
Cuando se fue, sin darme cuenta, algo se había llevado entre sus garras, y supe que jamás se equivocó mi corazón cuando en silencio, al recodrdarla, la llamaba Doña Urraca.


Conste, y dejo yo el primer comentario, que el texto anda muy por debajo de lo habitual…
Pero no doy para más, y tenía esto a medio escribir desde hace meses…
Comentario realizado el Septiembre 6, 2005 @ 12:11 am
No pidas perdón. A otra cosa. ;)
Comentario realizado el Septiembre 6, 2005 @ 7:56 pm
Pues sí, a ver…
Comentario realizado el Septiembre 7, 2005 @ 8:19 am
Vaya, pues a mí me ha gustado. Pero es que yo soy una inculta para estas cosas.
Comentario realizado el Septiembre 7, 2005 @ 11:39 am
Joer, no seas tan exigente contigo mismo :D
Comentario realizado el Septiembre 8, 2005 @ 12:42 pm
¡¡Gente, que no he dicho que sea una mierda!!
He dicho que está por debajo de lo habitual. No os pongáis dramáticos, que el textillo ha pasado la criba de lo visible y lo invisible…
Gracias por el apoyo *snif*
Comentario realizado el Septiembre 8, 2005 @ 2:08 pm
Lo siento Sansara, no tienes derecho a publicar como autor de Lume.
Puedes intertarlo de nuevo
Comentario realizado el Septiembre 9, 2005 @ 11:46 am
ahahahahaha
Comentario realizado el Septiembre 9, 2005 @ 8:55 pm
me gusta. mucho. no sé cómo es el resto porque leo hacia atrás… como hago con el periódico; que conste que también con el EP, pero busco a Javier MArías con avidez!
Es el tema este de pensar que el amor de tu vida se fue en la otra dirección del metro. Estando en el mismo andén, esperando uno al tren del otro, pero cambiando de vía en el último momento, y sin avisar… Línea 9
Esto son sólo cicatrices, tampoco las tengas muy en cuenta. Un abrazo!
Comentario realizado el Septiembre 26, 2005 @ 1:39 am
En mi caso linea 10 (Estación Begoña). Aunque en realidad no ha sucedido nunca (como todos los relatos del blog, es inventado) la sensación a describir… es esa, y cuando imaginé la historia, era esa parada de Metro.
Por cierto, Goth. Distingue lume de esto. He aprobado tu comentario para que quede aquí referencia de que este sitio no tiene nada que ver con su “matriz”. Así que si allí no puedes publicar, pues mala suerte.
Comentario realizado el Septiembre 26, 2005 @ 10:13 am