La inocencia perdida
Siempre fuiste un tonto con ideas de papel.
Cuando te pienso, el corazón se me acelera con violencia imaginando tus ojos húmedos empapelando el alma en una servilleta, aquellos versos que se te caían directamente desde el corazón en forma de palabra y lágrima al mismo tiempo. Aquellas larguísimas noches de espera y en vela, que te harían llegar las mañanas cansadas rodeado de de tinta y esperanza.
Siempre te gustó la lluvia, el cantar de las piedras sabias hacia el agua, el grito distante del relámpago a lo lejos. Y se me pierde la sonrisa en tu recuerdo cuando aún te veo caminar por ese Madrid que tanto odias con la sonrisa en los labios, la ropa empapada y los brazos abiertos.
Son tantas las cosas que te echo de menos. Tu forma de jugar a dar forma el mundo con esa actitud triunfal del que sabe que tenga lo que tenga, no puede perder nada. Aquel conquistador con porvenir que luchaba el todo por el todo como si no hubiera un mañana que vivir. Tu manera de robarle al mundo la belleza en un instante para recordar, y cómo tus ojos casi siempre perdidos en el horizonte los buscaban y encontraban.
Siempre, siempre fuiste un tonto con ideas de papel, que se creyó “la princesa prometida” a pies juntillas. Capaz de mover su mundo de su órbita por una de aquellas miradas. El brazo incansable, la mano firme, la espada con que todos tus demonios acababan cayendo a tus pies, sin importarte tus heridas o tu sangre. Devastabas el tiempo con tu abrazo al llegar a Casa. A tu hogar que no era otro que aquel otro corazón que siempre te acompañaba.
Cogías de la vida aquello que querías como quien coge una manzana de un arbol cercano, sin importar lo fina que fuera la rama que escalar, o lo duro del golpe tras caer si habías obtenido aquello que querías. Y te rompiste mil veces al caer, muchas veces más allá de lo que podían tus venas. Pero había que seguir…
Y ahora, tonto con ideas de papel, ves que tras todos estos años tanta lluvia y tantas lágrimas han emborronado por completo la tinta de tus páginas.
Y el mundo es gris. Si acaso un atisbo de luz. Te apoyas lánguido sobre la cazoleta de tu espada magullada sin saber siquiera el camino que seguir, el corazón sin sangre, las venas secas de tanta herida sin cerrar. La mirada perdida entre tus pies y el suelo.
Ya ni siquiera te gustan las manzanas.
Y en el paisaje en que te observas no sabes ni siquiera si podrás correr. Si acaso no será mejor sentarse y observar la vida pasar por una temporada.
Poco queda para que duerma el héroe ya, parece ser, de tu inocencia.
Anda presa en un papel con la tinta emborronada…


Hmmm…
Te voy a regalar una camisa de flores y palmeras de alegres colores. Luego viene la tabla de surf, y ya hemos logrado la transformación :P
Comentario realizado el Septiembre 1, 2005 @ 10:52 am
A mí me gustaría regalarle una diosa de la risa bastante efectiva.
Y que no se marche
Comentario realizado el Septiembre 1, 2005 @ 11:44 pm
Yo, sin embargo, le endiñaría dos tortas…
Comentario realizado el Septiembre 2, 2005 @ 11:20 am
Lo intentarías, sí (CiRC). Y… no, de flores no. Todo menos eso…
Y lady action, una diosa de la risa se pasaría el día descojonándose de mí, y como que no es plan ¿no?
Como siempre, gracias por los comentarios.
Comentario realizado el Septiembre 2, 2005 @ 4:01 pm
así por lo menos descargarías el cabreo en ella…
Comentario realizado el Septiembre 4, 2005 @ 10:13 am
Bueno, quizá necesitas algo, más… No sé, ¿no?. En un brazo una chorba imponente, en el otro un lanzallamas. Y a fundir el universo, hombre ya.
Comentario realizado el Septiembre 5, 2005 @ 9:59 am
Una mujer, creo que es eso.
Comentario realizado el Septiembre 5, 2005 @ 12:44 pm
Qué decir.
Comentario realizado el Septiembre 5, 2005 @ 10:45 pm