Diez de los grandes
- ¡¡¡¡Acelera, por Dios, acelera!!!!
Juan conduce a mi lado como un histérico, equivando el tráfico como si fueran balas a más de 200 kilómetros por hora por la autovía.
- Tío, esta mierda de coche no da para más.
- Pues encuentra la manera, que ésta se nos muere.
En el asiento trasero, Gemma gimotea de dolor agarrándose las tripas como puede con las dos manos. De vez en cuando nos lanza una mirada perdida por el retrovisor central.
Es curioso en lo que se fija uno en estos momentos. Mientras Gemma se muere y mi amigo intenta encontrar la manera de llegar a casa esquivando un tráfico que de tan lento parece aparcado, miro por la ventanilla y me fijo en los colores del atardecer, en cómo las últimas nubes rosadas se reflejan con la primera luz de las farolas en los cristales del coche. Para mí se ha detenido el tiempo como en un videoclip de música de finales de los 90. Voy a cámara lenta.
En el cine toda esta mierda se le antoja a uno demasiado fácil. Entrar y salir. Pasta fácil y al final, besos y reuniones. Y mientras veo las luces pasar, solamente pienso que ojalá esta mierda tenga algún sentido dentro de alguna película y todo se limite a tensión dramática entre dos escenas. Pero lo cierto es que al menos a este lado de la ciudad, ya no queda demasiado sitio para príncipes y princesas y apretar el culo contra la pared es poco más que lo que uno puede hacer al final del día para llevarse algo que comer a la boca.
Gemma se muere en el asiento de atrás. Juan suda por todos los poros y el coche parece que va a empezar a perder un par de tuercas.
- ¡¡Vamos, joder, vamos!!
- ¡Lo estoy intentando, joder, no me toques encima las putas pelotas!
La cosa era bien sencilla. Un bar en el casco viejo con sus luces de neón y barra llena de cervezas. Un par de bolsos, quizá alguna cartera que llevarse al bolsillo con un par de billetes y tarjetas. Alguien me había dicho que otro alguien de esos de Gucci por fuera pero con alma de Satanás iba a dejarse olvidada una mochila llena de mierda. Coger la mochila, y salir por piernas.
Qué coño podía salir mal. Gemma en la barra del bar un rato antes, enseñando por encima del escote un par de libras de sus tetas de fulana experta. Juan esperando en la puerta de atrás, motor en marcha y entre sonrisas y guiños, coger la mochila, las tetas de Gemma, y salir de allí como quien no tiene nada que hacer si no queda primero en la carrera.
En el cristal, cada vez menos luces de ciudad, y menos atardeceres de videoclip de los noventa. Se nos echa la noche encima.
- Tíos, esto va mal…
Al menos puede hablar, me digo. Pero cuando la miro por el retrovisor Gemma tiene la cara descompuesta, y se inclina para vomitar sangre y cerveza.
- Hostias, Juan, que se nos va, que se nos va…
Juan al principio no contesta.
- Pues nos estamos quedando sin gasolina. No sé para cuánto más nos queda, llevo ya un rato en reserva y la aguja marcaría el mínimo aunque pongamos el coche de cabeza.
- No jodas.
Puta mierda de cine cinco estrellas. A las siete y media de la tarde Gemma se presenta echando chispas por los ojos con una de esas faldas de matar, y una camiseta de no necesitar explicaciones. Yo estoy sentado un poco más allá, en una mesa, calentando un vaso de Jack Daniels sin muchas ganas.
Juan manda un mensaje corto al móvil. Todo listo para la acción.
Alguien entra con la mochila de marras y, cuando llega a la barra, se sienta al lado de mi novia.
- Mira tú, pero si es la putilla de Gemma.
A mí se me traga la tierra.
- Juan, juan, a la derecha.
- ¿qué?
- ¡¡¡¡Que te metas en la puta gasolinera!!!!
- ¿Ya, y qué hago, decirle al tío que me llene el depósito cagando leches que mi amiga se muere y yo no puedo ir al jodido hospital?
- ¡¡Para el puto coche, ya se nos ocurrirá algo!!
- Total, no vamos a llegar mucho más allá. Tampoco perdemos nada.
- Mira, hazlo como quieras. Llena el depósito del coche, manga un triciclo, o lo que sea. Yo me meto en la puta tienda a comprar alguna mierda para que la pobre deje de sangrar y para cuando salga echamos piernas.
No tengo puta idea de qué comprar, así que me llevo todo un cargamento de algodones, gasa, vodka y vendas, y me tiro en el asiento de atrás mientras Juan arranca quemando ruedas.
- ¿Y qué se supone que haces aquí? ¿Dar el palo a alguien sin muchas luces?
- Vete a la mierda.
No tengo puta idea de qué hacer, pero esta mierda se nos queda grande. Gemma mira incómoda hacia la puerta de atrás. Resulta que el puto alguien no es otro que Pedro “el mafias”, uno de los tantos exnovios capullos de Gemma, matón popular desde que le salió el primer pelo que se pudo afeitar y que siempre anda metido en todo lo que huele a mierda.
Y yo me estoy empezando a cagar en los pantalones. Debemos tanta pasta que si no nos echamos atrás se nos comen las fieras, y Gemma sabe esto tan bien como yo. Le mando un mensaje a Juan para que vaya preparando la salida sobre ruedas.
- ¿Y tu novio ese de pastel? El corbatas ese, como_se_llame, no andará muy lejos, claro...
- Mira, tronco, que me dejes en paz.
Pedro coge a Gemma por el antebrazo y le planta la otra mano en las tetas.
- Siempre las tuviste perfectas. Ahora dime por qué la tengo que soltar en lugar de reventarte aquí mismo la cabeza. Tu novio está muerto de miedo dos mesas más allá, así que no te estás tomando una puta cerveza, que por otro lado nunca te gustó. Esta mierda te queda grande, pequeña. Al cambiar de amigos te pasaste al bando perdedor. Te vienes a dar una vuelta.
Y se la lleva. Dejo un par de monedas en la mesa y salgo detrás con, seguro, cara de tener problemas.
- ¿Qué tal?
- Yo qué sé, joder. Ésta respira pero se ha quedado sopa, y no sé ni por dónde empezar.
- ¿Sangra?
- ¡¡¡¡Joder, yo qué coño sé si sangra o ha dejado de sangrar, esto parece una puta piscina cubierta!!!!
- Joder, joder, joder…
- Deja de rezar y acelera…
Pedro sale por la puerta de atrás, y afortunadamente no conoce a Juan, así que ni se entera. Gemma ni reacciona. Yo saco la navaja de trinchar como si supiera usarla a modo de puñal y me acerco. La mochila se ha quedado en el bar.
- Por dios, mujer, no te me mueras…
Le quito la camiseta y me pongo a vendar con mucha fuerza, empapando las vendas en Vodka, y al terminar me abrazo a ella. Puto Hollywood de mierda, puta mierda de ciudad. Putas deudas…
- ¿Cuánto queda?
- Unos diez minutos, joder. Si el coche aguanta.
- Date cera…
En todas las películas la puerta de atrás es un callejón de basura y escaleras metálicas de incendios por las que resulta fácil escapar. En ésta, el sol machaca una explanada descomunal de tierra sin muchos sitios hacia los que mirar.
- Eh, Pedro. Que esta puta ya no es puta.
- Vaya, si se ha levantado de la mesa el maricón. Y eso que tienes ahí qué es, ¿una puta navaja?¿Suiza, seis funciones con cuchillo y tenedor?
- Suéltala.
- Me cago en la entrepierna. Mira, Félix, Julio, Nadie, cómotellames. Esta zorra me la va a chupar ahora.
Y entonces, el apocalipsis según san Mierda. Me intento tirar encima de Pedro y antes de que llegue me estampa un filete de Doc Martens del 46 entre ceja y ceja.
- ¡¡¡Hijo de puta, te mato!!!
Gemma saca un cutter de a saber dónde.
Pedro le sacude entre las piernas.
Y yo elijo ese momento para ponerme a contar ovejas.
- ¿Cómo va?¿Cómo va?
Creo que me he debido quedar inconsciente, pero la voz de Juan me despierta. Me duele horrores la cabeza y no puedo centrar la vista.
- Mal, tío. Me he quedado sopa, el martillazo en forma de pierna de ese cabrón me ha dejado completamente fuera de escena. ¿Cuánto llevo dormido?
Fuera del coche, la nada. La nada oscura y gris y borrosa.
- Unos cinco minutos. Ya estamos cerca. Por lo menos ese jodido bastardo tendrá un par de cicatrices para recordar si sale del hospital con algo de mollera. Le pasé por encima con el coche. Estaba tan concentrado en mataros a golpes y cuchilladas a ti y a Gemma que ni me vio venir.
- Qué alegría.
- Vamos, ahora no me jodas… al menos cogí la mochila.
- Date prisa. Por favor.
Gemma abre los ojos una sola vez. Una, y me mira tratando de hablar. Y sus ojos me dicen que me quieren, que esto no tendría que salir así, que lo siente, que la abrace, que la cuide.
Que se muere.
Deja de respirar sin que tenga tiempo ni de decirle que la entiendo, mientras Juan clava el coche en la puerta del motel de las emergencias.
- Vamos, joder, Gemma, aguanta…
En las pelis de Hollywood todo acaba saliendo bien. En las pelis de gangsters al final siempre ganan los buenos. Pero aquí el mangui soy yo. Yo soy el del plan de mierda. Yo soy el de la vida fácil y arreglada. El mafiosillo del GTA con aspiraciones de seguir triunfando hasta vivir a lo grande. Y la realidad es que mi amigo Juan acaba de llegar hasta el final, y que Gemma ya no respira, y no se mueve. Que me duele demasiado la cabeza hasta para pensar.
- Venga, joder, sal del coche, Miguel.
- Tarde, Juan. Tarde.
- No me jodas con tarde. Saca la puta piba del coche de una vez. He avisado al doctor amor y nos espera con la sala de curas a punto. Llevo una mochila con deiz de los grandes y tú no me los vas a joder.
Diez de los grandes. Eso es todo lo que queda del ayer. Diez de los grandes y yo pierdo a mi mujer, mi negocio, y un par de dientes.
Puto cine de mediodía en Antena 3.


Hmm…
Es un género que no te había leído desde hacía mucho tiempo…
Creo que peca de primar forma sobre contenido, es decir, me parece más un ejercicio de estilo -con alguna influencia de Mr. Fuckoswki- que un relato. Quizás más exabrupto del necesario, pero acorde con la realidad, por otro lado…
Me pone en escena, que para los tiempos que corren, no es poco.
:*
Comentario realizado el Julio 19, 2005 @ 1:35 am
Pues la verdad, sí que llevaba tiempo sin darle a este tipo de literatura, sí. Como dices, efectivamente es poco más que un ejercicio de estilo aunque en lo de Mr. Fuck no sé si estoy del todo de acuerdo…
Anyway, gracia por el feedback.
Comentario realizado el Julio 19, 2005 @ 8:40 am
Vaya, nunca te había leído nada así. Claro que yo he leído un par de poesías tuyas, y la poesía en general no me convence demasiado.
Hola, Shimoda, no sabía que le dieras al mundo virtual :P
Comentario realizado el Julio 20, 2005 @ 10:18 am
Estilísticamente hablando, sí es cierto que demasiados putas y mierdas; aunque, si lo piensas bien, seguramente los tipos que protagonizan este tipo de situaciones no sepan más de dos o tres insulto-muletillas.
Por lo tanto, “pesado”, pero creible.
Me siento más cómoda leyendo tu prosa; en tu poesía no acabo de saber cuando escribes con el corazón y cuando con la pluma, y los strep-teases emocionales me dan un poco de apuro.
Comentario realizado el Julio 20, 2005 @ 4:12 pm
Vaya, ¡festival de comentarios! :P
Dakini, a veces escribo “normal”, sí ;)
Y lady action… bueno, los “puta” y los “mierda” en realidad los espolvoreé casi a posteriori… aunque no creo que sea cierto que los tipos estos solamente se sepan dos insulto-muletillas. A mí son las que me saldrían en esa situación. Creo. Y al respecto del strip tease emocional… pues prácticamente el 90% hasta el momento ha sido de eso… Pesado, ¿por?.
Anyway, gracias a todos/as por los comentarios, ¡que siempre son bien recibidos!
Comentario realizado el Julio 20, 2005 @ 5:13 pm
Muy bueno :D
Por cierto, te has puesto Flickr, por finnn :D
Comentario realizado el Julio 29, 2005 @ 2:01 pm
Atiza, creí que ya no te pasabas por aquí!. Y sí, lo de flickr me gustó, reconozco que ví el sidebar en tu blog y me gustó más que publicar solamente aquí las fotos. :). Ya iré subiendo más.
Comentario realizado el Julio 29, 2005 @ 7:47 pm