Despedidas
Siempre creí que nunca era demasiado tarde para decir adiós. Que valía con un simple “hasta luego” y, como por arte de magia, ocultos hilos trenzarían el destino de otro encuentro.
La última vez que la ví aún permanece nítida en la memoria, grapada entre otros tantos recuerdos. Ella saludaba con la mano desde la estación, subiendo una escalera. Yo, dentro del autobús, le seguía los pasos. “Hasta luego”, pensé. Hasta luego.
Y mientras el autobús se perdía en un universo de noche y carretera, con su olor impregnando mi piel y latiéndome el corazón todavia a besos, sonreí sin darme cuenta de que los adioses, las eternas despedidas, nunca se esperan. Llegan un día de repente, mudas, y convierten todo en un manto de silencio.
“Hasta luego”, pensé.
Y a modo de respuesta, sólo quedan olvido y viento.


Uyuyuy… Usted necesita meter la cabeza debajo del grifo durante unos 30 segundos.
Comentario realizado el Julio 15, 2005 @ 9:46 am
Tiene toda la pinta, sí. Qué bueno verte por aquí.
Comentario realizado el Julio 15, 2005 @ 3:49 pm
Yo creo que siempre hay que dejarle la puerta ligeramente entornada a la sorpresa.
Comentario realizado el Julio 18, 2005 @ 4:44 pm
también vale “adiós”
creo que nunca llegas a odiar un aeropuerto hasta que bajas de un avión, habiéndolo perdido todo, esperas a tu maleta; emborronas recordar cuando esperabas lo mismo a la ida; y sales por la puerta automática. T2 Una lágrima. Todo perdido. Nada ganado, por ende
En los aeropuertos no se gana. Debería empezar a tomar nota
Comentario realizado el Septiembre 26, 2005 @ 1:47 am