¡¡¿Qué está pasando?!!
Ayer me invitaron a ver “la pesadilla de Darwin”, que iba a estar fenomenal. Y no es la primera vez que me invitan a ello, así que decidí decir muy prudentemente “no, gracias” e informarme un poco.
Resulta que el susodicho es un monumental docudrama sobre la terrible terribilísima y horripilante realidad de los nativos de Tanzania (donde, por cierto, con un poco de suerte, pasaré 20 días a finales de agosto), que pescan un pez llamado perca del Nilo (hubo polémica medioambiental al respecto hace unos 30 años con consecuencias fatales hoy) en el lago Victoria.
Ahá.
Y esta persona que me invitaba decía que era una reflexión interesante sobre la pobreza y la explotación.
Ahá.
(Sigan conmigo, asientan con la cabeza levemente mientras levantan una ceja. Sí, justo así)
Y entonces yo me empiezo a preguntar cosas:
¿Es que estas cosas solamente pasan en África?. Es acojonante, parece que para entender lo malo que es el hombre blanco lo que hay que hacer es irse al continente negro a ponerle verde… No, señores, no. En Madrid, sin ir más lejos, hay muchas -muchísimas- personas que viven en la miseria, en la nada, y como son miseria y son nada, pasamos del tema. Nos vamos a mirar a otra parte, a desviar los ojos de corderito degollado esos que se nos quedan todos tiernos cuando vemos estas miserias hacia otro país, lejos, porque así parece que aquí somos civilizados, oigan, y tenemos otros problemas. Y no, aquí lo que tenemos es nuestro silencio y nuestras quejas comprados con algo de dinero en forma de sociedad del bienestar, pero nada más.
Porque además, cuando uno ve un documental de éstos, ve centenares de experiencias de personas esforzadas por salir de una mecánica capitalista en situaciones a cada cual más dramáticas (esto, en el fondo, es como el Programa de Ana Rosa Quintana pero con protagonistas indígenas, que es mucho más chic) y siempre hay unos malos que son “la empresa” y unos buenos que son “los trabajadores explotados” y un ejército “dios qué mala es la guerra” y… y…
A-puta-há.
Pero vamos a ver, es que esa “empresa” y ese “ejército” somos NOSOTROS. Somos los blanquitos ricachones que COMEMOS DEMASIADO y mal, que crecemos demográficamente más de lo que nuestro entorno es capaz de tolerar, y necesitamos invadir países y continentes vecinos que estén menos poblados para poder cultivar y pescar sus (no olvidemos esto, SUS) cereales, peces, etc., llevárnoslos a precio de saldo y provocar deudas y enriquecimientos viles y descontrolados que luego son los que hacen que el dueño de la parcela que se cultiva “necesite” “protección” y acabe con un ejército que luego será guerrillero y así oprimir al resto del pueblo, construyendo un pequeño microcosmos económico en el que Ngundu (por ejemplo), como ahora es rico, compra el terreno de la tribu de los kikuyus, por poner otro ejemplo, para poder cultivar más y recibir más dinero de sus socios europeos y americanos, y con parte de sus ingresos contrata más mercenarios para su ejército personal por si a los kikuyus se les ocurre tratar de recuperar sus tierras…
bla, bla, bla. The same old song.
Los problemas en África no son las guerras tribales. Los problemas en África somos los europeítos y americanitos de mierda. Si queremos que ese continente se recupere, si queremos que la gente de allí recupere su paz y sus costumbres, lo que tenemos que hacer es LARGARNOS corriendo y bien lejos y dejarles en paz, porque todo este rollo del “qué pena da el pobre esclavito allá a lo lejos” ni me lo trago yo ni se lo debería tragar nadie. Porque sí, da pena, mogollón. Pero el pobre esclavito lo que está haciendo es pescar la mierda de perca del Nilo que luego te venderán a ti en filetes en el puto hipermercado, membrillo.
Y todo esto sin haber visto el documental…
Por cierto, que Algernon, en su blog, tiene una entradita de lo más maja a un respecto similar a este. Vean, vean.


Para empezar, habría que quitar de Africa las fronteras artificiales que se establecieron en la época colonial.
Comentario realizado el Julio 7, 2005 @ 12:36 pm