Diez de los grandes


Martes, 19 Julio, 2005 a las 1:12

- ¡¡¡¡Acelera, por Dios, acelera!!!!

Juan conduce a mi lado como un histérico, equivando el tráfico como si fueran balas a más de 200 kilómetros por hora por la autovía.

- Tío, esta mierda de coche no da para más.

- Pues encuentra la manera, que ésta se nos muere.

En el asiento trasero, Gemma gimotea de dolor agarrándose las tripas como puede con las dos manos. De vez en cuando nos lanza una mirada perdida por el retrovisor central.

Es curioso en lo que se fija uno en estos momentos. Mientras Gemma se muere y mi amigo intenta encontrar la manera de llegar a casa esquivando un tráfico que de tan lento parece aparcado, miro por la ventanilla y me fijo en los colores del atardecer, en cómo las últimas nubes rosadas se reflejan con la primera luz de las farolas en los cristales del coche. Para mí se ha detenido el tiempo como en un videoclip de música de finales de los 90. Voy a cámara lenta.

En el cine toda esta mierda se le antoja a uno demasiado fácil. Entrar y salir. Pasta fácil y al final, besos y reuniones. Y mientras veo las luces pasar, solamente pienso que ojalá esta mierda tenga algún sentido dentro de alguna película y todo se limite a tensión dramática entre dos escenas. Pero lo cierto es que al menos a este lado de la ciudad, ya no queda demasiado sitio para príncipes y princesas y apretar el culo contra la pared es poco más que lo que uno puede hacer al final del día para llevarse algo que comer a la boca.

Gemma se muere en el asiento de atrás. Juan suda por todos los poros y el coche parece que va a empezar a perder un par de tuercas.

- ¡¡Vamos, joder, vamos!!
- ¡Lo estoy intentando, joder, no me toques encima las putas pelotas!

La cosa era bien sencilla. Un bar en el casco viejo con sus luces de neón y barra llena de cervezas. Un par de bolsos, quizá alguna cartera que llevarse al bolsillo con un par de billetes y tarjetas. Alguien me había dicho que otro alguien de esos de Gucci por fuera pero con alma de Satanás iba a dejarse olvidada una mochila llena de mierda. Coger la mochila, y salir por piernas.

Qué coño podía salir mal. Gemma en la barra del bar un rato antes, enseñando por encima del escote un par de libras de sus tetas de fulana experta. Juan esperando en la puerta de atrás, motor en marcha y entre sonrisas y guiños, coger la mochila, las tetas de Gemma, y salir de allí como quien no tiene nada que hacer si no queda primero en la carrera.

En el cristal, cada vez menos luces de ciudad, y menos atardeceres de videoclip de los noventa. Se nos echa la noche encima.

- Tíos, esto va mal…

Al menos puede hablar, me digo. Pero cuando la miro por el retrovisor Gemma tiene la cara descompuesta, y se inclina para vomitar sangre y cerveza.

- Hostias, Juan, que se nos va, que se nos va…

Juan al principio no contesta.

- Pues nos estamos quedando sin gasolina. No sé para cuánto más nos queda, llevo ya un rato en reserva y la aguja marcaría el mínimo aunque pongamos el coche de cabeza.

- No jodas.

Puta mierda de cine cinco estrellas. A las siete y media de la tarde Gemma se presenta echando chispas por los ojos con una de esas faldas de matar, y una camiseta de no necesitar explicaciones. Yo estoy sentado un poco más allá, en una mesa, calentando un vaso de Jack Daniels sin muchas ganas.

Juan manda un mensaje corto al móvil. Todo listo para la acción.

Alguien entra con la mochila de marras y, cuando llega a la barra, se sienta al lado de mi novia.

- Mira tú, pero si es la putilla de Gemma.

A mí se me traga la tierra.

- Juan, juan, a la derecha.
- ¿qué?
- ¡¡¡¡Que te metas en la puta gasolinera!!!!
- ¿Ya, y qué hago, decirle al tío que me llene el depósito cagando leches que mi amiga se muere y yo no puedo ir al jodido hospital?
- ¡¡Para el puto coche, ya se nos ocurrirá algo!!
- Total, no vamos a llegar mucho más allá. Tampoco perdemos nada.
- Mira, hazlo como quieras. Llena el depósito del coche, manga un triciclo, o lo que sea. Yo me meto en la puta tienda a comprar alguna mierda para que la pobre deje de sangrar y para cuando salga echamos piernas.

No tengo puta idea de qué comprar, así que me llevo todo un cargamento de algodones, gasa, vodka y vendas, y me tiro en el asiento de atrás mientras Juan arranca quemando ruedas.

- ¿Y qué se supone que haces aquí? ¿Dar el palo a alguien sin muchas luces?
- Vete a la mierda.

No tengo puta idea de qué hacer, pero esta mierda se nos queda grande. Gemma mira incómoda hacia la puerta de atrás. Resulta que el puto alguien no es otro que Pedro “el mafias”, uno de los tantos exnovios capullos de Gemma, matón popular desde que le salió el primer pelo que se pudo afeitar y que siempre anda metido en todo lo que huele a mierda.

Y yo me estoy empezando a cagar en los pantalones. Debemos tanta pasta que si no nos echamos atrás se nos comen las fieras, y Gemma sabe esto tan bien como yo. Le mando un mensaje a Juan para que vaya preparando la salida sobre ruedas.

- ¿Y tu novio ese de pastel? El corbatas ese, como_se_llame, no andará muy lejos, claro...
- Mira, tronco, que me dejes en paz.

Pedro coge a Gemma por el antebrazo y le planta la otra mano en las tetas.

- Siempre las tuviste perfectas. Ahora dime por qué la tengo que soltar en lugar de reventarte aquí mismo la cabeza. Tu novio está muerto de miedo dos mesas más allá, así que no te estás tomando una puta cerveza, que por otro lado nunca te gustó. Esta mierda te queda grande, pequeña. Al cambiar de amigos te pasaste al bando perdedor. Te vienes a dar una vuelta.

Y se la lleva. Dejo un par de monedas en la mesa y salgo detrás con, seguro, cara de tener problemas.

- ¿Qué tal?
- Yo qué sé, joder. Ésta respira pero se ha quedado sopa, y no sé ni por dónde empezar.
- ¿Sangra?
- ¡¡¡¡Joder, yo qué coño sé si sangra o ha dejado de sangrar, esto parece una puta piscina cubierta!!!!
- Joder, joder, joder…
- Deja de rezar y acelera…

Pedro sale por la puerta de atrás, y afortunadamente no conoce a Juan, así que ni se entera. Gemma ni reacciona. Yo saco la navaja de trinchar como si supiera usarla a modo de puñal y me acerco. La mochila se ha quedado en el bar.

- Por dios, mujer, no te me mueras…

Le quito la camiseta y me pongo a vendar con mucha fuerza, empapando las vendas en Vodka, y al terminar me abrazo a ella. Puto Hollywood de mierda, puta mierda de ciudad. Putas deudas…

- ¿Cuánto queda?
- Unos diez minutos, joder. Si el coche aguanta.
- Date cera…

En todas las películas la puerta de atrás es un callejón de basura y escaleras metálicas de incendios por las que resulta fácil escapar. En ésta, el sol machaca una explanada descomunal de tierra sin muchos sitios hacia los que mirar.

- Eh, Pedro. Que esta puta ya no es puta.
- Vaya, si se ha levantado de la mesa el maricón. Y eso que tienes ahí qué es, ¿una puta navaja?¿Suiza, seis funciones con cuchillo y tenedor?
- Suéltala.
- Me cago en la entrepierna. Mira, Félix, Julio, Nadie, cómotellames. Esta zorra me la va a chupar ahora.

Y entonces, el apocalipsis según san Mierda. Me intento tirar encima de Pedro y antes de que llegue me estampa un filete de Doc Martens del 46 entre ceja y ceja.

- ¡¡¡Hijo de puta, te mato!!!

Gemma saca un cutter de a saber dónde.

Pedro le sacude entre las piernas.

Y yo elijo ese momento para ponerme a contar ovejas.

- ¿Cómo va?¿Cómo va?

Creo que me he debido quedar inconsciente, pero la voz de Juan me despierta. Me duele horrores la cabeza y no puedo centrar la vista.

- Mal, tío. Me he quedado sopa, el martillazo en forma de pierna de ese cabrón me ha dejado completamente fuera de escena. ¿Cuánto llevo dormido?

Fuera del coche, la nada. La nada oscura y gris y borrosa.

- Unos cinco minutos. Ya estamos cerca. Por lo menos ese jodido bastardo tendrá un par de cicatrices para recordar si sale del hospital con algo de mollera. Le pasé por encima con el coche. Estaba tan concentrado en mataros a golpes y cuchilladas a ti y a Gemma que ni me vio venir.
- Qué alegría.
- Vamos, ahora no me jodas… al menos cogí la mochila.
- Date prisa. Por favor.

Gemma abre los ojos una sola vez. Una, y me mira tratando de hablar. Y sus ojos me dicen que me quieren, que esto no tendría que salir así, que lo siente, que la abrace, que la cuide.

Que se muere.

Deja de respirar sin que tenga tiempo ni de decirle que la entiendo, mientras Juan clava el coche en la puerta del motel de las emergencias.

- Vamos, joder, Gemma, aguanta…

En las pelis de Hollywood todo acaba saliendo bien. En las pelis de gangsters al final siempre ganan los buenos. Pero aquí el mangui soy yo. Yo soy el del plan de mierda. Yo soy el de la vida fácil y arreglada. El mafiosillo del GTA con aspiraciones de seguir triunfando hasta vivir a lo grande. Y la realidad es que mi amigo Juan acaba de llegar hasta el final, y que Gemma ya no respira, y no se mueve. Que me duele demasiado la cabeza hasta para pensar.

- Venga, joder, sal del coche, Miguel.
- Tarde, Juan. Tarde.
- No me jodas con tarde. Saca la puta piba del coche de una vez. He avisado al doctor amor y nos espera con la sala de curas a punto. Llevo una mochila con deiz de los grandes y tú no me los vas a joder.

Diez de los grandes. Eso es todo lo que queda del ayer. Diez de los grandes y yo pierdo a mi mujer, mi negocio, y un par de dientes.

Puto cine de mediodía en Antena 3.

Despedidas


Martes, 12 Julio, 2005 a las 23:15

Siempre creí que nunca era demasiado tarde para decir adiós. Que valía con un simple “hasta luego” y, como por arte de magia, ocultos hilos trenzarían el destino de otro encuentro.

La última vez que la ví aún permanece nítida en la memoria, grapada entre otros tantos recuerdos. Ella saludaba con la mano desde la estación, subiendo una escalera. Yo, dentro del autobús, le seguía los pasos. “Hasta luego”, pensé. Hasta luego.

Y mientras el autobús se perdía en un universo de noche y carretera, con su olor impregnando mi piel y latiéndome el corazón todavia a besos, sonreí sin darme cuenta de que los adioses, las eternas despedidas, nunca se esperan. Llegan un día de repente, mudas, y convierten todo en un manto de silencio.

“Hasta luego”, pensé.

Y a modo de respuesta, sólo quedan olvido y viento.

Londres, 7J, drama.


Jueves, 7 Julio, 2005 a las 23:19

Creo que hoy me toca a mí ser el malo.

Prefacio:

Partimos de una base (que hay que tener en cuenta a la hora de leer el resto de este artículo. Antes de chillar de rabia, recuerden la siguiente línea).

Condeno totalmente cualquier -cualquier- forma de violencia, incluída por supuesto, la de orígen terrorista. Al 100%. Al_cien_por_cien.. Este post es un canto contra la guerra.

Dicho lo cual, puedo pasar a polemizar al respecto.

Hoy, la ciudad de Londres se ha visto absolutamente colapsada debido a una acción terrorista que por el momento se ha cobrado 37 vidas y más de 700 personas han resultado heridas por la explosión de varios artefactos explosivos en el metro y sus aledaños. Aunque aún no se sabe nada a ciencia cierta, el parecido con el atentado del 11M de Madrid hace pensar que se trata de algún grupo islámico del tipo Al Qaeda (noticia: Link).

Aquí tenéis un grupo de Flickr donde se están posteando todas las fotos tomadas con móviles de los atentados: Link.

Hay algo que debo decir a todo esto. El mundo islámico no es muy diferente del nuestro; si en un lugar a alguien le hacen mucho daño lo que busca es dar una respuesta a modo de castigo por el daño recibido. Como todos sabemos, a eso se le llama vulgarmente venganza.

Y de eso va todo el tema. Tanto Madrid como Londres son las capitales de dos países que se han involucrado directamente en una guerra, inicialmente (no vamos a polemizar acerca de motivos ocultos ahora) para derrocar a un líder tirano y genocida e imponer la democracia con mano de fuego en un país que lleva como nombre Irak (a.k.a Iraq).

Una guerra a la que los ejércitos de los países más “desarrollados” han destinado todos los medios y tropas a su alcance. Una guerra que se ha cobrado hasta el momento, y según se puede leer en Internet:


La organización internacional Amnistía Internacional (AI) ha expresado una condena contundente contra los ataques que el 21 de abril se cobraron la vida de al menos 58 personas, muchas de ellas niños, en Basora, ciudad de Irak.

En boletín de prensa, AI indica que sólo el martes 20 de abril perdieron la vida 22 presos en ataques con mortero perpetrados contra la cárcel de Abu Ghraib, al oeste de Bagdad, y se contabiliza en más de 600, el número de víctimas --entre ellas numerosas mujeres y niños— en la ciudad de Faluya, que sigue bajo asedio.

Amnistía Internacional señala que teme que la población civil de Faluya pueda ser víctima de los combates una vez más, y que se desate una crisis humanitaria si no se toman las precauciones necesarias para proteger a todos sus habitantes.

Aquí tenéis el link de UNICEF donde se condena la masacre: Link

Echando cuentas (y estamos hablando solamente de víctimas civiles), el día 21 de Abril murieron más personas en Irak de las que, por el momento, han muerto en Londres. Irak es un país que vive situaciones como esta a diario. En Irak hay también familias que quedan rotas y desmembradas por culpa de una “bala perdida” o un misil dirigido a alguien. Recordando una de las frases con las que más de un millón de personas nos desgañitamos hace ya poco más de dos años: Link.

No son víctimas civiles, no son víctimas civiles, son daños colaterales tralará, son daños colaterales tralará, son daños co-la-teraaaleeess (piensen vds. en la canción “vamos a contar mentiras”, es la misma sintonía).

Simplemente, de algún modo, lo que en aquellos momentos condenamos hasta quedar exhaustos, hoy se nos ha olvidado. Cientos de personas han perdido la vida en una guerra que para ellos no tiene sentido. Y en la que nos metimos de cabeza (”nos” en el sentido más europeíto y americanito de la palabra) sin tener en cuenta las consecuencias.

Las consecuencias, señores, son que toda esa gente, que además de pobre está repleta de veneno en contra del mundo occidental (al final sus presuntos salvadores del tirano señor Hussein resulta que provocan más vícticmas, más pobreza y más malestar -eso sí, supuestamente democrático- que el dictador mismo) se arma de la mejor forma que puede. Y ellos también se cansan de andar luchando con palos y piedras (es literal, hay muchas fotos por ahí que lo demuestran) contra nuestros tanques, cazas bombarderos, bombas de mortero y racimo (ah, ¿qué son ilegales?) y demás incursiones en ciudades como Basora en las que se entra a matar sin importar a quién, cómo y por qué.

Y la única forma que tienen de responder al daño que se les está haciendo en sus propias casas, dado que no tienen la potencia económica de Europa, EEUU y cierto sector de los propios ciudadanos del país, dado que no tienen medios, dado que no tienen misiles intercontinentales y sólo un poco de ingenio y mucha, muchísima sed de sangre, ven en manos de los fanáticos (dándole un tinte religioso al tema, algo muy común en la sociedad -castigos divinos, guerras santas, etc, para justificar algo con lo que la mayoría de ellos quiere lavar sus conciencias porque no están de acuerdo) la herramienta, tipo “ira de Dios”, el camino para devolver (sí, devolver) el daño que se les ha hecho.

Y estos fanáticos religiosos no tienen medios para fletar un portaaviones (sí, señor Moratinos, Irak tiene mar) repleto de F-18, ni armar a sus soldados con equipos de ciencia ficción. Les llega para organizar (¿y nos sorprende?) un ataque corrdinado con explosivos casi marca ACME que, en un territorio como el Reino Unido o España, que no está acostumbrado ya -después de la II guerra mundial y la guerra civil española- a las andanzas y vicisitudes de una guerra en toda regla, sorprende.

Porque terrorismo es igual en las dos direcciones. “Nosotros” bombardeamos sus ciudades, y ellos las nuestras. Pero no entendemos esta forma de guerra en la que no hay un pelotón de soldados de infantería dándose tiros a lo lejos mientras lo vemos en prensa y televisión. Este, aunque de otro modelo, es otro tipo de guerra. Simplemente devuelven los golpes. Igual de mal, igual de injustamente que nosotros. ¿Que ellos son salvajes y horribles?. Sí. Pero nosotros también. Que a nadie se le olviden estas fotos, tan fieles al clásico de “matar a los hombres y violar a sus mujeres”:

Podéis encontrar todas (incluyendo las de las torturas a los presos) en este enlace: Link

¿Cómo, entonces, ellos mismos, sus hermanos, sus familias, sus amigos, no nos van a ODIAR con mayúsculas, con toda su alma?¿Cómo no nos van a recordar aquí, en nuestras casas, el horror de su guerra?¿No haríamos nosotros lo mismo?

Pobres aquellos que sufrieron el atentado de Madrid. Pobres los que sufrieron el atentado de Londres. Y pobres los que día tras día sufren y viven una guerra mucho más intensa en sus propias casas.

No a la guerra, señores. Si no hubiéramos mandado tropas, si no hubiéramos metido la nariz donde nunca nos llamaron o si lo hubiéramos hecho por una vía más diplomática y menos absurda (primero en Afganistán, luego en Irak, y seguramente dentro de nada en Irán también), estas cosas no nos pasarían.

No a la guerra. Ni a la guerra Santa, ni a la guerra preventiva, ni a la guerra fría, ni a la guerra, como estamos viviendo a nivel mundial, de guerrillas.

Porque a mí lo que me da que pensar, es realmente el alcance político-social de todo esto. Nueva York, Londres, Madrid. 3 capitales de países del mundo, tres grandes ciudades separadas miles de kilómetros entre sí, y a miles de kilómetros del lugar donde se lucha. Esto es una guerra mundial. No con misiles ni bombas atómicas. Una guerra de guerrillas donde ya no se dispara con fusiles y se va uno a la montaña a esconderse. Una guerra donde ya nada importa, capaz de golpear con mano dura no sobre el ejército, si no directamente sobre la población civil, la gran damnificada, sea europea, americana o musulmana.

Y espero de verdad que todos reflexionemos un poco más con una perspectiva global a este respecto. La violencia sólo genera violencia. Y pacificar un país a base de tanques y misiles, tiene esta clase de consecuencias. Horribles, trágicas, desastrosas, pero lamentablemente muy lógicas. Nosotros bombardeamos su país, y ellos el nuestro. La archiconocida y antiquísima ley del talión. Ojo por ojo, diente por diente.

Todos esos pobres (recordemos que son pobres de verdad, su renta per cápita ahora mismo asciende a 500 dólares al año, unos 30 euros al mes, después de haber sido de 3000 en los años 80 -según el FMI-. Fuente: Link y aquí el informe de UNICEF al respecto: Link), aún más empobrecidos debido a lo alto de la deuda externa que ya tienen (toda esa ayuda humanitaria, entre otras cosas, se les cobra) también dicen que no a la guerra, igual que nosotros. Y la condenan, igual que nosotros. Pero que no se nos olvide, sufren mucho más que nosotros dado que lo que hoy pasó en Londres, lo que pasó en Madrid, y lo que pasó en N.Y. ellos lo viven día a día.

Y aquí termino por hoy. Saludos.
Sansara.

¡¡¿Qué está pasando?!!


Miércoles, 6 Julio, 2005 a las 10:06

Ayer me invitaron a ver “la pesadilla de Darwin”, que iba a estar fenomenal. Y no es la primera vez que me invitan a ello, así que decidí decir muy prudentemente “no, gracias” e informarme un poco.

Resulta que el susodicho es un monumental docudrama sobre la terrible terribilísima y horripilante realidad de los nativos de Tanzania (donde, por cierto, con un poco de suerte, pasaré 20 días a finales de agosto), que pescan un pez llamado perca del Nilo (hubo polémica medioambiental al respecto hace unos 30 años con consecuencias fatales hoy) en el lago Victoria.

Ahá.

Y esta persona que me invitaba decía que era una reflexión interesante sobre la pobreza y la explotación.

Ahá.

(Sigan conmigo, asientan con la cabeza levemente mientras levantan una ceja. Sí, justo así)

Y entonces yo me empiezo a preguntar cosas:

¿Es que estas cosas solamente pasan en África?. Es acojonante, parece que para entender lo malo que es el hombre blanco lo que hay que hacer es irse al continente negro a ponerle verde… No, señores, no. En Madrid, sin ir más lejos, hay muchas -muchísimas- personas que viven en la miseria, en la nada, y como son miseria y son nada, pasamos del tema. Nos vamos a mirar a otra parte, a desviar los ojos de corderito degollado esos que se nos quedan todos tiernos cuando vemos estas miserias hacia otro país, lejos, porque así parece que aquí somos civilizados, oigan, y tenemos otros problemas. Y no, aquí lo que tenemos es nuestro silencio y nuestras quejas comprados con algo de dinero en forma de sociedad del bienestar, pero nada más.

Porque además, cuando uno ve un documental de éstos, ve centenares de experiencias de personas esforzadas por salir de una mecánica capitalista en situaciones a cada cual más dramáticas (esto, en el fondo, es como el Programa de Ana Rosa Quintana pero con protagonistas indígenas, que es mucho más chic) y siempre hay unos malos que son “la empresa” y unos buenos que son “los trabajadores explotados” y un ejército “dios qué mala es la guerra” y… y…

A-puta-há.

Pero vamos a ver, es que esa “empresa” y ese “ejército” somos NOSOTROS. Somos los blanquitos ricachones que COMEMOS DEMASIADO y mal, que crecemos demográficamente más de lo que nuestro entorno es capaz de tolerar, y necesitamos invadir países y continentes vecinos que estén menos poblados para poder cultivar y pescar sus (no olvidemos esto, SUS) cereales, peces, etc., llevárnoslos a precio de saldo y provocar deudas y enriquecimientos viles y descontrolados que luego son los que hacen que el dueño de la parcela que se cultiva “necesite” “protección” y acabe con un ejército que luego será guerrillero y así oprimir al resto del pueblo, construyendo un pequeño microcosmos económico en el que Ngundu (por ejemplo), como ahora es rico, compra el terreno de la tribu de los kikuyus, por poner otro ejemplo, para poder cultivar más y recibir más dinero de sus socios europeos y americanos, y con parte de sus ingresos contrata más mercenarios para su ejército personal por si a los kikuyus se les ocurre tratar de recuperar sus tierras…

bla, bla, bla. The same old song.

Los problemas en África no son las guerras tribales. Los problemas en África somos los europeítos y americanitos de mierda. Si queremos que ese continente se recupere, si queremos que la gente de allí recupere su paz y sus costumbres, lo que tenemos que hacer es LARGARNOS corriendo y bien lejos y dejarles en paz, porque todo este rollo del “qué pena da el pobre esclavito allá a lo lejos” ni me lo trago yo ni se lo debería tragar nadie. Porque sí, da pena, mogollón. Pero el pobre esclavito lo que está haciendo es pescar la mierda de perca del Nilo que luego te venderán a ti en filetes en el puto hipermercado, membrillo.

Y todo esto sin haber visto el documental…

Por cierto, que Algernon, en su blog, tiene una entradita de lo más maja a un respecto similar a este. Vean, vean.

Pito Real


Martes, 5 Julio, 2005 a las 23:51

Pues ya que de fotos va el asunto, una agradable sorpresa que me encontré también en el mismo parque… el pito real, (picus viridis). En este caso, creo que se trata de un juvenil hembra. Juvenil por el moteado en el plumaje, que les desaparece en edad adulta y hembra porque el macho posee una línea roja en la bigotera, (debajo del pico y hacia el oído) que además es negra.

El pito real es un tipo de pájaro carpintero, el único de color verde que podemos encontrar en la península ibérica.

Información que se puede encontrar por ahí sobre el pito real: aquí.

¡Hasta la próxima!

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