El síndrome de la libreta
Según la RAE, una libreta es un Cuaderno o libro pequeño destinado a escribir en él anotaciones o cuentas .
Y yo creo que tengo un fetichismo. Tengo que llevar una encima. Me da absolutamente lo mismo el tamaño, el formato, la textura, el papel me da igual todo, pero tengo que llevar una libreta encima. Sí que es cierto que las prefiero con las hojas blancas y sin encuadernado en espiral (soy zurdo, y eso molesta), pero acaba por darme lo mismo. Necesito llevar encima un fajo de papeles en el que escribir, o en el que poder hacerlo. El problema con el que me encuentro es que me la suelo dejar en casa, por lo que de forma casi compulsiva acabo en un todo a cien o una de esas modernas meta-papelerías, y comprándome una.
El horrible defecto de todo esto es, evidentemente, que muchas libretas se quedan sin escribir, o con una o dos páginas escritas, o cuatro frases garabateadas sin mucho sentido. Me gusta llevarlas “por si acaso”, como la cámara de fotos.
Éstas son las libretas que tengo ahora mismo rondando por mi mesa del trabajo.

Entre las cinco suman un total de dos poemas y un buen fajo de frases que se quedan para siempre a medio camino entre un poema completo y la promesa de ser publicadas alguna vez. Me gustaría poder decir que tengo decenas de libretas rellenas hasta el último de los márgenes con textos, dibujos, reflexiones, lo que sea. Y también, que el 50% de ellos sea, como mínimo, aceptable.
Pero no. Siempre tengo la necesidad urgente de escribir en el peor de los momentos, y por mucho que lleve una libreta encima, lo más probable es que tenga las manos a otra cosa y no pueda hacerlo.
Así que así va la estantería, coleccionando páginas en blanco llenas de libretas con lo que pudo ser, pero que se quedan ahí. Escondidas. Esperando su momento, si es que llega. A algunas de ellas las he llegado a bautizar, y tengo dos que quise regalarle una vez a alguien, prácticamente terminadas. Pero la norma general es que no pasen de ahí. Contraportadas de un libro en blanco, un par de páginas con versos completamente huérfanos y sin terminar. Ideas mutiladas. Sin fecha. Perdidas tras tiempo de abandono y escasa revisión. Anotaciones que, por crípticas, cuando reviso pierden su sentido. Y me gustaría que no fuera así, pero así pasan las cosas.


Tú lo que necesitas es un cuaderno Moleskine :P
Comentario realizado el Junio 29, 2005 @ 11:08 am
pues las que ya no te digan lo que te decían, préstaselos a tus autores de Lume en el apartado de “interactivos”.
Y si llevaras bolso, siempre escribirías en la misma libreta, como hacemos otras.
Comentario realizado el Junio 30, 2005 @ 1:48 pm
Si siempre llevo bolso, que es lo peor!!
Comentario realizado el Junio 30, 2005 @ 5:42 pm
En tus manos por lo menos están a salvo, porque los conservas; en las mías, cuando los versos pierden su sentido, si no los salva su calidad literaria, acaban en la papelera.
Comentario realizado el Julio 1, 2005 @ 3:58 pm
Ni con el bolso. Las libretas de los zurdos tienden a perderse, es ley de vida, no estamos solos.
A veces creo que somos nosotros los que mantenemos en pie a la industria papelera finlandesa.
Comentario realizado el Julio 8, 2005 @ 12:53 am
Hombre, la excusa del “es que soy zurdo” es buena, pero está manida manida manida… ;), es casi como el “es que soy de letras”, ¿no?.
Comentario realizado el Julio 8, 2005 @ 1:05 am
Recuerdo haber leido esto en su momento pero no recordaba la mención a la Moleskine. Hay algo en el diseño de los objetos, a veces en la historia o leyenda, que da un atractivo especial y uno siente ganas de comprarlo obviando que nos pueden ser innecesarios. Será el veneno del consumo y/o un bolsillo alegre?
Comentario realizado el Septiembre 22, 2005 @ 11:26 pm
Y sin embargo, no. Porque en los “todo a cien” la cosa está bien baratita… ;)
Comentario realizado el Septiembre 22, 2005 @ 11:43 pm