Cosas que le diría con sólo mirarla


Thursday, 9 June, 2005 a las 0:07

Tenemos chica nueva en la oficina. Y no, ahora no voy a hablar de tetas y culos, ni de lo insoportable del calor, ni de mandriles ni de nada de eso. Mala suerte.

Farala (es divina) es una más de las recién licenciadas en económicas y/o empresariales, con un master (de los masters del universo esos de verdad, un MBA, vaya), y doscientos títulos menores más que hacen que si fuera militar la pobre tendría que ir arrastrando la pechera llena de medallas por el suelo. Tiene 31 años, y es su primer trabajo. Wow.
Tiene_31_años_y_es_su_primer_trabajo.

En fin, a lo que iba. Farala tiene 31 años. Es su primer trabajo. Sus piernas son tan largas que le llegan hasta el suelo. Pestañas increíbles, muy chic. Es la mezcla perfecta entre un anuncio de Dove y una portada de Cosmopolitan. Y tiene voz de locutora de radio. Fuerte, decidida y fluctuante.

Dado que trabajo en el departamento de sistemas de la empresa, casi se puede decir que soy el primero en ver a la gente que llega, y el último a la que se va. Y me gustan mucho esos primeros momentos delante del ordenador. Pánico escénico. Press Ctrl + Alt + Supr to logon . Esas cosas.

Farala no parece del tipo de chicas que pregunte cómo se cambia su password. En cuanto nos sentamos y me preparo para darle todo el speech sobre la cultura de empresa, las cosas que se pueden y no hacer, los sitios eb visitables y los que no… no toma ni una sola nota. Solamente dos direcciones. La de la web interna, y la que le doy para abrir incidencias relacionadas con nuestro departamento.

Se sienta delante del teclado y sus dedos bailan sobre las teclas como si hubiera nacido directamente con un cacharro de esos pegdo. Teclea mucho más rápido que yo, y lo primero que hace es cambiar la password (+10). Y cuando la veo teclearla no reconozco secuencias conocidas tipo teléfono, DNI, nombre del novio, etc (+100). Me ha gustado tanto que decido “ver” (con esos privilegios muy de “gran hermano” -el de Orwell, entiéndanme) cómo se desenvuelve en su primer día de trabajo.

Desde que me voy hasta que vuelvo a mirar otra vez…

Farala resulta el clon perfecto de un funcionario de estado, pero en perfecto. Vamos, que curra. En una hora se ha visitado la web interna corporativa enlace por enlace. Ha accedido a cientos de documentos en la red cuyo uso prácticamente se desconoce (o está obsoleto, algunos de los documentos y políticas datan del 97, donde Internet era ese gran milagro…). Su cabecita ha ido registrando información a raudales, clasificando, archivando, calculando. Todo su cerebro parece una gran carpeta clasificadora de esas con dos anillas donde todo va ocupando su lugar. Un minuto tras otro. Ni se levanta a por café -gratis-. Sólo se ven, de cuando en cuando, sus increíbles pestañas muy chic parpadeando. Es guapa, esta Farala.

Llega la hora del descanso (esa que nunca existe, pero que dan las 11 y todoe l mundo sale en estampida a tomárselo) y Farala observa quién sale y quién no sale. Quién se mueve. Quién habla con quién. Aprovecha solamente un momento en que su superiora directa sale al baño para salir al pasillo y cruzarse con ella. Farala es todo sonrisas, es todo un ejemplo del buen hacer. La oigo decir que si pueden reunirse por la tarde, en un momento, porque hay cosas que no sabe bien sobre su puesto de trabajo, y quiere aclararlas. Unas dudas personales.

Cuando camina desde el baño a su puesto de trabajo, el ritmo de sus zapatos suena corporativo. De hecho, pienso que si en algún momento en esta empresa se hace un himno (que no tardará, no…) ella será, con sus zapatitos, la que lleve las percusiones. Todo en ella rezuma buenos resultados.

No lleva ni un día aquí, y ya está haciendo buenas migas. Veo las caras de sus compañeros de departamento y les intuyo deslumbrados ante tamaña capacidad de aprendizaje. A las 15 horas, después de comer, sube discutiendo sobre los matices legales de la LOPD y un par de contratos. Y todos sus compañeros revolotean a su alrededor sonriendo entre complacidos y asombrados.

Por la tarde, envía varios mails. Echada para alante, la chica (no, no he mirado qué contenían, eso es ilegal); seis horas de trabajo y ya se codea con las altas esferas. Incluso entra en el despacho del director general (esa figura insomne, vieja y decrépita) un par de veces.

Hasta yo me sorprendo de Farala. Le instalo una impresora y veo en un pequeño bloc de notas muy moderno dos secciones atiborradas de notas: “Para modificar”, “Revisar con Mussolini” (llamaremos Mussolini a su jefa). Flechas que señalan a flechas que señalan a números que marcan las páginas (¡las páginas!) con las referencias que ha tomado. En su escritorio hay exactamente 6 hojas de excel abiertas y me ha dejado caer que si le podemos instalar el access (¡el access!). Es toda una reina de las pivot tables. Cada celdilla tiene sus notas. Sus comentarios. Las esquinas se colorean con puntos rojos o amarillos. Y no usa casi el ratón. Domina a la perfección los atajos de teclado.

¿Farala, eres un sueño convertido en realidad?…

Estoy encantado con ella. A las 17 ha clasificado los datos de la red, y cuando trabaja sobre algo siempre deja una copia de seguridad en la misma, por si los accidentes. Es perfecta. Pero se oyen ya a lo lejos los ecos de la tormenta.

Farala, hija, qué haces. Cómo se nota que es tu primer trabajo. Farala, hija, que te están empezando a mirar mal y son las 17:05 de la tarde. Farala, no, no entres al despacho de Mussolini…

A las séis y cinco de la tarde, Farala sale hecha un manto de lágrimas de la puerta del despacho de Mussolini. Nadie sabe los motivos, pero el suspiro de alivio de la mitad de la oficina dejará ecos hasta el día del juicio. Alguien competente, muchachos. Una máquina de trabajar. Y sus taconcitos corporativos se pierden en el ascensor, haciendo sonidos rítmicos también corporativos a juego con sus sollozos.

No, Farala. Te has equivocado. Te lo digo yo. Mi única pregunta es cuántas entrevistas de trabajo vas a tener que hacer antes de darte cuenta de algo básico. Algo que no dicen en el MBA. Ni en la carrera. Trabajar nunca significó, en el entorno corporativo, dar lo mejor de uno mismo. Trabajar, cielo, significa visitar todas esas páginas web que te hemos dicho que no visitases. Y mirar tu correo personal. Hablar por el messenger. Leer forwards cachondos que pasar por el departamento, o la oficina. Y si tienes tiempo, en los huecos, despachar un par de marrones a uno y otro lado.

Qué te podría decir yo, Farala… con sólo mirarte… que te cuides, tal vez. Y que es primavera. Que verte trabajar debería ser el tutorial de cualquier persona en un trabajo. Que por eso te han echado, incluída la despedida a la francesa.

Farala, mujer. Y ahora yo qué hago…

9 Comentarios »

  1. Algernon dijo,

    No me digas que es verdad… pues menuda jefa hijaputa, ¿no? :-)

    Comment realizado el June 9, 2005 @ 4:39 pm

  2. Sansara dijo,

    Pues no, no es verdad ;)

    Comment realizado el June 10, 2005 @ 10:37 am

  3. Cattya dijo,

    Será verdad o no, pero está escrito precioso :)

    Comment realizado el June 10, 2005 @ 2:27 pm

  4. lady action dijo,

    Las Faralas de pro (por lo eficientes, no por lo guapas), vamos a tener que montar una asociación.
    Te ha faltado ponerle la doble jornada laboral-familiar llevada con sonrisa Profidén, jugando con sus hijos, haciéndoles galletitas con formas, y cena inspirada en las recetas de El País Semanal.

    Comment realizado el June 13, 2005 @ 12:28 pm

  5. CiRC dijo,

    Toca actualizar, y tal.

    Comment realizado el June 19, 2005 @ 11:53 am

  6. Sansara dijo,

    Pues sí, pero ahora mismo ando en Lisboa -hasta el viernes que viene- currando como un animal y va a ser que no tengo tiempo ni para sacarme los mocos…

    Comment realizado el June 19, 2005 @ 2:48 pm

  7. lady action dijo,

    pues nada, búscate una lisboeta que te los saque

    Comment realizado el June 20, 2005 @ 6:07 pm

  8. CiRC dijo,

    Aquí huele a defunción. Le daré la URL a Morgue…

    Comment realizado el June 27, 2005 @ 3:45 pm

  9. Karen dijo,

    buenísima historia……!!!!!

    Comment realizado el March 23, 2006 @ 12:25 am

¡Pero di algo, hombre!

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