el héroe
Hoy leo en el blog de Circ una historia bastante espeluznante sobre uno de esos héroes que uno podría llamar “fracasados”. Alguien que salvó el mundo y ahora vive de una miserable pensión y poco más. Y me hace preguntarme de qué va todo esto de la figura del héroe y su compatibilidad con el mundo en que vivimos.
Todos sabemos lo que es un héroe, un antiheroe, un lo que sea. Alguien que se convierte en un modelo a seguir gracias a sus hazañas o características. Y nos tragamos historias de héroes todos los días. Que si Star Wars y el viaje iniciático de Luke o de Darth Vader. Que si Gladiator. Que si Rambo. Jesucristo. Batman. Spiderman. El vecino del tercero, que coge a un bebé mientras cae. El que saca a sus abuelos en brazos en mitad de un incendio. a mayor o menor escala son gente a la que podemos admirar en general por algo, y cuyas características o actitud se convierten en un ejemplo para nosotros.
Pero lo cierto, lo gris, lo triste de todo el asunto es que la maquinaria social en la que estamos inmersos se traga a estos héroes con patatas. En el fondo lo que parece que nos gusta es lo “normal”, lo cotidiano, el día a día. Esos modelos se quedan en la región de lo utópico e inalcanzable y se convierten en la conversación del desayuno en la oficina, el chascarrillo en la comida, el post en un blog, y ya.
Stanislav Petrov, el héroe ruso que salvo al mundo (por omisión) del desastre nuclear, casi se muere de hambre en Rusia, y a nadie le importa. El mundo anda lleno de grandes individuos que por un motivo u otro nos salvan del desastre cada momento. A propósito. Gente que apuesta por la vida y que al menos por un instante piensa en los demás. Stanislav lo hizo, y eso es algo por lo que podemos darle las gracias.
Pero la masa que conformamos todos engulle y mediocriza Stanislavs. Se los desayuna, los volatiliza. toda esa gente que en alguna cosa o situación nos puede servir de ejemplo, todos esos héroes que de existir deberían marcarnos pautas y caminos a seguir, no están. O no los vemos, o no queremos verlos. 50 años después alguien decide revivir la historia del sr. Petrov, y algunos reflexionamos un poco sobre el tema, con más o menos estos resultados:
- Tío, stanislav petrov no pulsó el botón, ¿¡¡comprendes!!? Qué grande.
- Eummm… ¿más café?… ¿leche?… venga, chaval, ta lue.
Y punto. Adiós, Stanislav. Al rincón de la memoria donde se archivan las respuestas para el Trivial… ¿Por qué? a nuestro alrededor tenemos seguro millones de héroes potenciales, y héroes reales.
Y no van en mallas azules con los calzoncillos por fuera, ni tienen superpoderes.
Traje y gafas, gente normal. Ser un héroe con mallas azules que tira rayos por los ojos es lo fácil, señores. Ser un héroe así es la mar de sencillo. Todo pega. Lo difícil es ser Clark Kent, no superman. Lo difícil es hacer algo grande cuando todo a tu alrededor te mediocriza, con tu mierda de traje y tu mierda de corbata. Y no arrepentirte después, cuando a pesar de haber hecho algo grande, llega tu superior y te despide porque “sí, muchacho, hiciste las cosas bien, tomaste la decisión correcta pero tu trabajo era pulsar el jodido botón rojo”. Y a la calle.
Yo no tendría huevos de levantarme por la mañana, por eso prefiero ponerme mis mallas azules y salir vestido de superman. ¿Que no?.

