Ese calcetín.
El mal común. Uno de tantos, en realidad. Uno se levanta por la mañana y, haga lo que tenga que hacer, al final acaba por llegar a tener que ponerse los calcetines. Y por mucha diferencia que haya entre unos y otros y otras, el resultado es que lo hace falta son dos calcetines del mismo color, y no suele haberlos. ¿Qué pasa con los calcetines desparejados?.
Pues que se transmutan en perchas. Todos los armarios tienen defecto de calcetines y exceso de perchas (si lo que se busca es un calcetín, claro). El ciclo de vida del calcetín involucra convertirse en percha en algún momento, y vuelta.
Y todo esto no tendría ningún sentido más allá de la más horrible banalidad si no fuera por el aterrador pensamiento, y la sensación que tiene uno cuando sale por la calle, de ser un apestoso calcetín y el universo una marabunta de jodidas perchas.

