Escrito por: sansara
Lecturas: 260
Hoy las palas de la ?ltima excavadora arrancaban del suelo un ?rbol vencido por el peso de los a?os. Mientras el operario luchaba con sus largas ra?ces por terminar de llevarse el tronco entre las ruedas, mi memoria se perd?a en un pasado cada vez m?s profundo y lejano.
Era la navidad del 73, y t? corr?as ausente entre las hojas secas de oto?o. Se te perd?an las trenzas rubias en el vestido mientras el mundo pugnaba por perseguirte, por capturar una instant?nea de tu sonrisa mientras te acercabas a m? con los brazos abiertos.
Qu? peque?as eran tus manos entonces, cuando agarrada a mi pierna mirabas hacia arriba a aquel gigante que era tu padre. Qu? hermosos aquellos abrazos con tus mejillas perdidas entre mara?as de hojas que nadie sab?a c?mo acababan siempre enred?ndosete en todo el cuerpo.
Y qu? grande era el mundo para nosotros. La cantidad enorme de formas y figuras que encontrabas escondidas en cada marca en un tronco, en la silueta de las nubes que se desmadejaban en el horizonte cuando la lluvia atrapaba al paisaje y lo iba devorando a poquitos mientras t?, pegada a nuestra ventana, re?as.
La casa entera te abr?a las puertas a su paso. El mundo entero se deshojaba a tus pies para hacer de cada paseo una manta suave que te abrigara al caminar, inocente, sobre su cuerpo.
Era el verano del 74 y ya se perd?a tu vista con demasiada frecuencia en el horizonte y te quedabas muy quieta escuchando las hojas verdes susurrando a tu o?do palabras que luego te esforzabas en contarnos a tu madre y a m?. Palabras que hablaban de sue?os y mundos que nunca, como t? conocimos.
Cu?nto creciste aquel a?o. C?mo cambi? tu sonrisa, que crec?a contigo, que despertaba cada momento que se escuchaba el sonido de un mirlo, de un gato, o de un claxon en la distancia. Siempre tan pendiente, tan atenta, haciendo de cada instante un universo de sensaciones que te desbordaban, pod?a verse, por todos los poros.
Y en el 76, cu?ntas noches saliste a perderte escuchando los b?hos, acechando como un gato hambriento al rat?n que hab?a descubierto la forma de llegar hasta la despensa desde el patio trasero. Qu? hambre de mundo ten?as. Qu? ganas de vida. Qu? poco te llenaban paisajes y encantos que luchabas contra el sue?o por disfrutarlos un segundo m?s, un instante m?s, hasta el punto de llegar a enfadarnos.
Pero no te importaba, y a decir verdad, a nosotros tampoco.
Un d?a, por la ma?ana, sal? a buscarte pensando que tal vez te hab?as quedado dormida observando algo, descubriendo algo, memorizando una escena que venir corriendo a contarnos.
Pero ya no te quedaba fuerza para caminar, ni aliento en el pecho.
Ah? estabas, tumbada, dormida, junto al tronco de un ?rbol en el que encontramos algunas avellanas ro?das que tambi?n se hab?an comenzado a escurrir de tus manos. Tus labios estaban azules y tu cuerpecillo casi congelado, como una estatua de sal, con cara de paz y sin un s?lo rasgu?o. Tan s?lo tendida, dejando que la brisa del amanecer apartase el pelo de tu cara empalidecida y marm?rea.
Hoy, decid? por fin acabar con aquel bosque de ?lamos. Con aquellos paisajes, con aquellos recuerdos. Hoy contemplo al ?ltimo de mis operarios arranc?ndote del suelo de mi pecho, llev?ndose con sonido a madera resquebrajada y dormida el ?ltimo de los ?rboles que te vio crecer, que te descubri? el mundo para luego arrebat?rtelo.
Y bien sabe mi coraz?n que a?n alimento ese sue?o lejano de encontrarte, como aquella vez, perdida en un mundo de hojas secas de ?lamo.
Dormida.
Pero respirando.
sansara
Fecha de publicación: 21.05.2004
Fecha de creación: 21.05.2004
Envía por mail a un amigo |
Añade lume a tus favoritos |