Escrito por: sansara
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... Abro los ojos y no veo nada. A mi alrededor es todo oscuridad, una estancia profunda y negra donde no se escucha m?s all? del eco que produce mi respiraci?n, y el suelo est? ligeramente h?medo. El aire est? cargado de part?culas de algo que parece agua y que siento adherirse a mi cuerpo (repleto de heridas), como magnetizadas hacia mi piel.
Al fondo, algo que puede intuirse entre sombras como un picaporte parece indicar la salida.
Camino hacia all?, y dejo caer la mano sobre una superficie que al instante se adapta a mis dedos y me permite, sin esfuerzo, desplazar la puerta que me confina.
Luz.
Una luz dorada refulge en cada una de las part?culas del fu?do, ahora ligeramente viscoso, que empapa la atm?sfera. En lo alto del cielo se obsevan bandadas de p?jaros de extra?os colores y formas que dejan tras de s? estelas de un color entre amarillo y oro; estelas que se pierden en una distancia que parece compuesta de por s? en tonos tierra, ocre y marfil...
La puerta que he abierto deja mis pies sobre la c?spide plana de un cerro desde el que se puede contemplar el paisaje a kil?metros de distancia. Monta?as brillantes y h?medas se alzan aqu? y all?, cubiertas en ocasiones por una maleza de tonalidades rojas y azuladas que parece jugar a aparecer y desaparecer por toda la superficie.
Ante m?, descienden unas escaleras que se pierden en una densa capa de niebla y nubes m?s abajo, y hacia all? encamino mis pasos...
Los escalones est?n tallados directamente sobre la piedra viva y, a pesar de tener estructura muy irregular parecen adaptarse a la forma de mis pies con cada paso, como si la propia piedra amortiguase la presi?n al apoyarme sobre ella.
El descenso s?lo dura un instante, y de repente, como si cada escal?n hubiera de desplazarme a una velocidad de v?rtigo hacia abajo, estoy inmerso en una niebla azulada. Al mirar hacia arriba puedo ver que, detr?s de m?, a?n puede verse una estela dorada que se pierde entre brisa y alturas.
La estancia en la que desembocan las escaleras es una superficie de piedra negra y lisa con un camino marcado en l?neas claras que desemboca sobre una mesa de cristal en la que hay un papel repleto de extra?as y siseantes formas y letras. Cuando lo miro, parece durante un instante que el propio papel me observa, y un gesto como una sonrisa aparece en las l?neas de texto incomprensible cuando se curvan. Un sonido tosco me obliga a dirigir mi mirada hacia all? y, entre la niebla descubro la fuente que otorga el color al aire.
Ante m? reposa una piedra descomunal, cuyo color desaf?a las leyes de la belleza. Destellos azules y verdes refulgen en cada una de las facetas de la descomunal roca, que tambi?n parece observarme alrededor de toda la negra superficie enl a que me encuentro, como un anillo de perfecci?n color mar que rodease un vasto universo donde cabr?an todas y cada una de las estrellas...
Y en ese momento casi me saltan las l?grimas. En esa roca color azul, de esos reflejos verduzcos, parece partir una l?grima. Me resulta imposible describir la Fuerza y Tristeza que llega a emitir la piedra. Sensaciones puras convertidas en cristal, en un cristal que ahora estoy seguro que me contempla.
Al acercarme, la piedra rota levemente. Ajena a esta y a cualquier otra piedra, Tierra o Realidad, el zafiro llena la atm?sfera ahora con un matiz que evoca profundidades de abismos completamente insondables mucho m?s all? de donde puedo tratar de averiguar; la sola vista de todo ello casi me marea, y me obliga a sentarme. Con qu? fuerza parece dirigirse ahora al Infinito, con qu? tranquilidad ha trascendido, en un instante, est mundo para sumergirse en otro que se me antoja tan inalcanzable y atractivo a la vez...
El suelo parece moverse ahora. Una superficie de blanco marfil se desplaza sobre la piedra negra, dejando un estrecho camino justo antes de completar el cierre por el que a duras penas consigo correr y abandonar la estancia. Al mirar atr?s, observo que all? donde los dos extremos de marfil se juntaron, una largu?sima hilera de juncos de obsidiana se balancea con suavidad. Inmensas agujas que se desplazan al ritmo de una m?sica ajena a mis o?dos.
Finalmente, decido caminar por la galer?a que tengo ante m?. Un pasillo levemente iluminado por antorchas que serpentea arriba y abajo, sin forma definida, hasta guiarme de nuevo a un paisaje sobrecogedor.
La estancia en la que me encuentro ahora es absolutamente blanca, todo un paisaje de marfil atravesado por gruesas l?neas azuladas en alguna de sus partes.
Sin poder contenerme, me dejo caer sobre el suelo, abrazando al marfil que en realidad no es tal; dejando que cada uno de mis dedos palpe un suelo que parece estar vivo en s? mismo. Dejando que mis labios se posen sobre una superficie de un blanco lechoso extremadamente c?lido que me transmite un olor lejanamente familiar. No hay pliegues en este suelo, es todo una uniforme y casi sensual estructura repleta de curvas, como pulida por un suave viento perfumado que hubiera dejado impresa su huella en la estructura.
Me resulta imposible no caminar descalzo apoyando manos y pies sobre tan perfecta estructura, tan familiar y c?lida por momentos, y no darme cuenta que cada una de esas imperfecciones azuladas que la atraviesan como vetas de m?rmol no hacen sino magnificar la belleza y contraste de un lugar tan blanco que, ahora me fijo, enormes bandadas de p?jaros de grandes alas protegen del impacto del sol.
Y tras recorrer kil?metros de pasillos de m?rmol, caminos de azul verdemar, hacia lo alto de todo el paisaje sube una largu?sima escalera de nuevo...
Y a medida que voy ascendiendo, a medida que mis pasos avanzan cada vez m?s y m?s alto, descubro que esa sustancia que ha terminado de sanar mis heridas por completo, que esa viscosidad en el aire desaparece...
Para darme cuenta, al llegar al l?mite de la escalera, tan y tan alto, que lo que parec?a aire no es m?s que un flu?do ligero y dorado que va perfilando poco a poco el marfil m?s abajo... y a lo lejos, puedo ver otra piedra azul contempl?ndome, similar a la anterior...
Ahora, desde aqu? arriba, puedo contemplar, en su perfecta desnudez, c?mo la brisa que en realidad es agua y oro tambi?n, acaricia cada contorno de un cuerpo que tan bien recuerdo... hilos perfectos, esquirlas de oro juegan como en un tunel de viento a no dejar una sola imperfecci?n sobre la piel, moldeando brazos y piernas, caderas y pechos para no dejar una sola imperfecci?n a la vista o el tacto...
Y por un instante, el paisaje se hace completo. He atravesado este abismo de perfecciones sin ver que durante todo el trayecto, cada galer?a y pasillo me conduc?a por un molde gigantesco.
Por un molde que conforma y en el que reposa tu cuerpo...
sansara
Fecha de publicación: 15.11.2003
Fecha de creación: 15.11.2003
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