Escrito por: sansara
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Result? que tir? los dados...
y salieron pares.
Vaya noche aquella. Pares ten?an que salir. Sin un c?ntimo en el bolsillo -lo justo para entrar a jugar- y la apuesta al todo por el todo. Un 50% de probabilidades de ganar, y para variar pierdo. La historia de mi vida.
Quiz? eso explique la situaci?n actual. Ver?n....
En este momento la fotograf?a me sit?a en la esquina inferior izquierda de la imagen, casi saliendo del marco, corriendo como puedo mientras de mis brazos caen carteras, relojes y probablemente todo el kit de manicura de alguna se?ora entrada en a?os.
Si siguen el rastro, que desemboca un par de metros m?s all?, podr?n ver que detr?s m?o corretea una recepcionista en estado de histeria y seguramente uno o dos guardias de seguridad a los que ech? abajo cuando sal?a del guardarropa con todo lo que abarcaba entre mis brazos. Oigo los gritos de un mont?n de gente que me se?ala y yo contin?o mi carrera pugnando como puedo por salir de la imagen, por evitar ser el centro de atenci?n y el lugar donde todas las miradas se dirigen.
En realidad, quiero salir de la foto, pero ni siquiera puedo adivinar por d?nde se sale. La calle est? atestada de gente y en mis brazos cada vez quedan menos cosas, abalorios e instrumentos de valor. Por all? donde paso la gente me se?ala y hasta se r?e, y el par de matones que me persigue desde el casino pretende ganar la marat?n a mis espaldas.
As? que no puedo escurrirme disimuladamente por una esquina realmente oscura y, como en las pel?culas de televisi?n, conseguir zafarme de la polic?a entre un pu?ado de bolsas de basura, mendigos y contenedores.
La situaci?n es como sigue. A mi izquierda, la Gran V?a a las dos de la madrugada, lo que significa que los coches se suceden en una procesi?n infranqueable y, debido a la hora, el alcohol y los cambios de programaci?n en los sem?foros, no puedo jug?rmela a cruzar a ciegas. A mi derecha, locales y m?s locales y de cuando en cuando un callej?n sin salida que conozco demasiado bien aunque sea de vista.
El centro, es como un gran carril de bolos por donde la gente se desploma a mi alrededor llev?ndose un pintalabios o una tarjeta de cr?dito de recuerdo.
La verdad es que opciones quedan pocas, as? que decido que sea la suerte la que decida. Si al pasar por la siguiente bocacalle lo hago con el pie izquierdo, sigo recto. Si no, cambiamos la direcci?n de la marcha.
A mis espaldas, las mismas voces sorprendidas de hace un rato. Quiz?, a estas alturas, ya se haya sumado alg?n guardia cogido por sorpresa en una noche tranquila.
Malditos pares...
Pie derecho. Hop, cambio de marcha.
El panorama cambia considerablemente. Saquemos otra foto. Contenedores de basura demasiado a la luz a mi izquierda, portales y m?s portales con pinta de estar cerrados a la derecha, y yo entrando en este momento hacia el centro del foco con un par de carteras en la mano y sudando como en la vida. En la esquina inferior del marco, aparece el pie de un guardia que, cuando miro atr?s, ya no pertenece al casino sino al cuerpo nacional de polic?a. Aprieto el paso.
La carrera dura un par de segundos m?s. Delante m?o, un muro infranqueable. Otro callej?n sin salida. Pares. Dados en mi cabeza y todo lo que sucede al azar, sale mal esta noche. Hora de darle a la lengua.
Cuando me detengo, el polic?a -algo impresentable y lleno de sudor- est? desenfundando su porra y mir?ndome con cara entre el infarto y los pocos amigos.
- Ver?, se?or guardia... quiz? podr?a explicarle... no, hombre, guarde eso... quiz? podr?a explicarle, repito... que esta es la noche c?lmen de una vida en que el azar parece estar jugando a esquivarme. Si esto lo hubiera intentado otra persona, habr?a sacado pares, o salido ileso, o en la esquina del siguiente portal, habr?a encontrado una puerta abierta.
- Ah?, y...
- Pues que este es el momento en el que demostramos mi mala suerte, usted se r?e conmigo y lo deja estar.
- Mira, chico, no s? si habr?s bebido o qu?, pero no me parece que las circunstancias est?n como para andarse con chorradas.
La mano que sostiene la porra precipita lentamente al uniformado funcionario hacia mi persona. Cuidado, cuidado, cuidado.
- No, en serio, deje que le ense?e, mire... ver?, voy a dejar estas cositas en el suelo y coger? una moneda...
- Deja las cosas en el suelo pero ponga las manos donde las vea.
- Que no, hombre, de verdad...
Mientras me agacho, veo que hay espacio suficiente entre el guardia y la pared m?s pr?xima para colarme corriendo. Pero necesito una oportunidad...
- mire, en serio. D?jeme tirar la moneda al aire, no tiene nada que perder. Usted gana, y yo le dejo. Usted pierde y tendr? que dejarle... tiene usted una porra, est? a dos metros de m? y yo estoy desarmado, muerto de hambre y hasta... ?joder, si hasta me conviene la c?rcel!, ya sabe... comida y techo y cama gratis y encima, toneladas de amor...
El guardia sonr?e y parece que acepta. Es mi momento.
- Elija, se?or guardia, ?elija!.
- Est? bien, cara.
Y a la cara le tiro la moneda. Suerte puede que no tenga, pero punter?a no me falta. Lo justo para salir corriendo y pasar a su lado mientras se protege el rostro con las manos.
Saquemos otra foto.
En la esquina inferior derecha, el guardia se repone y corre detr?s m?o, llev?ndose una mano a la boca. En el centro, sin carteras ni relojes ni pintalabios, me desmiembro del esfuerzo para salir de esta. Y en la esquina superior izquierda, la calle un poco iluminada. La libertad. La Gran V?a.
Alcanzo por fin el cruce con la calle general. Aleluya. Por fin algo de suerte. Oigo al guardia jadearle algo a su mano derecha.
- Se ha escapado. Disparen.
Ten?an que ser pares...
sansara
Fecha de publicación: 28.10.2003
Fecha de creación: 28.10.2003
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