Escrito por: sansara
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Agua.
La lluvia llega en la calle Rector hasta la m?s peque?a de las esquinas, desliz?ndose a veces silenciosa entre luces y sombras hasta desaparecer, en riachuelos iguales, en el cruce con la Plaza Gris.
Bajo mi capucha empapada (siempre he odiado los paraguas), mi rostro permanece clavado en un desvencijado cartel; anunciando tiempos mejores en el modesto y abarrotado bar que tengo enfrente.
"Quiz?, por fin, desemboque aqu? esta eterna y desesperada b?squeda" me digo al encaminar los pasos hacia la sala repleta.
El interior est? casi tan h?medo como el exterior y el aire, de pardo y gris, casi parece la niebla de un londres de los a?os 20. Suenan risas y gritos de alcoba. Suenan vasos brindando, risas, chanzas, gente. Suena a vida mediocre y gris apagada en los resquicios del ?ltimo trago en un vaso de whisky. A celebraci?n en copas que pretenden ser de champ?n.
En el bolsillo busco un par de monedas, suficientes para pagarme el modesto vaso de un vino que bien podr?a haber pasado por cualquier otra cosa y encuentro, junto a la esquina, un abandonado peri?dico que parece reclamar la atenci?n de cualquiera dispuesto a leerlo. Curiosamente, la mesa est? vac?a.
Pienso en los ventiladores del techo, en sus aspas y giros, en su eterno moverse sin desplazamiento. En las vueltas que da la vida. En las de la ruleta. En las de las ruedas de la bicicleta que mi padre guardaba en aquella caseta en el jard?n...
- Disculpe ,- casi no oigo la voz de mi interlocutor, que me mira con cara de sorpresa.
- ?s??
- ?No nos conocemos de algo?.
Mi mirada salta fugaz del vaso de vino (?vac?o?) a los ojos, azules, de la persona que tengo delante. S? que mis ojos son un puro reflejo de alegr?a, de esperanza, y por un momento olvido c?mo ocultarlo. Mis manos se aferran al empapado gab?n que cubre a un hombre que hace varias d?cadas ya estaba entrado en a?os. El escaso cabello (blanco como la nieve) que cae lacio y mojado hasta las cejas, est? recubierto por un pa?uelo gris, y sobre ?l, un sombrero de ala ancha pugna por mantenerse erguido a pesar del agua que lleva encima.
- ?Me conoce?, ?sabe qui?n soy?, ?puede ayudarme?
Retrocede. No es m?s que un peque?o paso involuntario, un gesto reflejo, un tic. Pero lo atraigo hacia mi con tanta fuerza que trastabilla y sus ojos quedan a la altura de los m?os cuando apoya la mano sobre la mesa.
- Disculpe, me he debido de conf...
- Por favor... d?game solamente de qu?, d?game de qu?. Por favor...
Hay un instante de silencio. Finalmente se sienta, dejando el sombrero a un lado.
- Ver?, hace un tiempo... conoc? a un hombre. Un hombre como usted, aunque visiblemente m?s joven. Me hizo un regalo. Un regalo precioso, de valor incalculable para mi, y... bueno, es extra?o... me dijo que viniera todos los mi?rcoles a este bar desde entonces, que quiz? yo podr?a ayudarlo a ?l, que quiz? estar?a buscando algo. Y... es extra?o, nunca he sido una persona de honor, pero cumpl? mi parte del trato.
- ?Qu? trato?
- Ya se lo he dicho, caballero. Que vendr?a cada mi?rcoles al bar, a esta misma mesa, y si alg?n d?a encontraba a alguien sentado en ella que se pareciera a ?l, le ayudase a buscar algo. No me quiso decir nada m?s, y despu?s se fue. Hace ya... casi 30 a?os de eso, y al final, bueno... he acabado vinendo por costumbre. No cre? que volver?a a verle.
- ?Y no le dijo nada m?s?, ?ese hombre era yo?, por favor, ay?deme, no puedo recordar nada... no s? qui?n soy. No s? nada.
Sin darme cuenta, veo que he apurado ya mi segunda copa de vino, y que una tercera vuelve a llenarse con una mirada c?mplice entre un camarero y el hombre que est? frente a mi. Todo, absolutamente todo, se est? desordenando en mi cabeza. S? que pierdo la percepci?n del tiempo, de las cosas, de mi. Manoseo el peri?dico con nerviosismo.
- Mire... todo esto es una locura. Agradezco de veras el regalo que me hizo, pero... no puedo ayudarle. No s? qui?n es. No s? ni tan siquiera su nombre. Un d?a vino y sin decirme nada me hizo un regalo, y ya est?... demonios... aunque tal vez est? olvidando algo...
Otra vez lo mismo. Es el d?cimo bar que visito por instinto esta semana. Todos en el mismo barrio, en el mismo cruce de calles, y en todos ha sucedido lo mismo. Siempre hay alguien con un regalo. Siempre hay un trato, y nunca nadie puede ayudarme...
- Bueno, es igual, muchas gracias. Perd?neme si le he molestado.
El hombre contempla horrorizado c?mo la copa de vino se rompe de pura frustraci?n entre mis dedos, y suelta de un tir?n el abrigo de mi mano. Con precipitaci?n se dirige a la barra, paga, y desaparece de nuevo en la calle mojada.
No s? cu?nto tiempo permanezco en el bar, con el gastado peri?dico entre las manos. Antes jugaba a convertir en horas los segundos del tiempo. Ahora el tiempo se me escurre de las manos como mantequilla caliente sobre un pedazo de pan, y no s? c?mo ponerle remedio. Tengo demasiados momentos en blanco.
El bar est? casi vac?o ahora, y de la calle solo percibo oscuridad, lluvia, y pasos acelerados sobre la acera mojada. Soy el ?nico cliente sentado en la mesa y los que est?n en la barra parecen estar agotando sus ?ltimas monedas en ahogar sus penas en silenciosos suspiros repletos de alcohol de garrafa. Hora de irse. El peri?dico vuelve a la mesa, mojado, manchado de sangre y todav?a sin leer.
La calle Rector no muestra un aspecto distinto del de cualquier calle en invierno. La gente corre bajo sombreros y paraguas, y el tr?fico es demasiado lento y denso. Se oyen gritos y voces, radios y sirenas, y pocas risas a estas alturas de la noche.
- Se?or, ??se?or!!
Al mirar hacia atr?s compruebo como un tipo de traje de chaqueta y malet?n corre desesperado hacia donde me encuentro. Y de repente, como un olvidado instinto, a mi mente acude un recuerdo: "corre cuando te busque el hombre de los ojos Negros. El hombre de los ojos Negros significa la muerte, la perdici?n".
- Se?or, oiga, ??se?or!!, ??escuche!!, ??tengo algo importante para usted!!.
No hay tiempo para la duda. Ni para pensar.
P?nico.
Correr, girar la esquina, cruzar la calle, saltar el charco.
- ??Se?or!!
Correr, correr porque la vida te va en ello. Sin descanso, sin pausa.
Cruzar la calle, saltar el charco. El bar.
El bar, s?, el bar.
Entrar en el bar.
Confundirse con la gente.
Los ba?os.
Un tel?fono en los ba?os.
Un poster de Warhol en los ba?os.
Un cerrojo...
El pecho me duele demasiado fuerte para pensar, y la mano sigue sangrando. Qui?n es el hombre de los ojos Negros. Puedo oler mi propio miedo desde aqu? como si fuera un asqueroso perro. Necesito coger aire. Respirar. Necesito un trago. Abro la puerta....
- Se?or, por f...
El primer pu?etazo le parte el labio superior, los siguientes golpean su pecho mientras va cayendo.
- Sssse?orrr...
No tengo tiempo. Tiempo. De alguna forma el tiempo es importante. Yo soy importante. Importante para el tiempo... ???importante para qu????
Salgo corriendo del bar antes de que el revuelo que se forma llegue a atraparme en su interior, debo alejarme del hombre de los ojos Negros. El hombre de los ojos Negros significa la muerte. La perdici?n.
Alguien me hace se?as desde un sem?foro cercano. Dios, ?es que todo el mundo me conoce?.
Calmar el miedo es importante. Calmarse, respirar hondo, respirar. Respirar es importante. El tiempo es importante. Yo soy importante. ?Pero qui?n soy yo?...
Me acerco despacio al hombre junto al sem?foro. Tiene los ojos azules. Y un gab?n. Y un sombrero que son familiares.
- ??Oiga!!, llevo sigui?ndole desde que sali? del bar de la calle Rector, he recordado algo. En el peri?dico que hab?a en la mesa tiene usted un mensaje. Dios, no s? ni por qu? hago esto, casi me da un infarto... se?or, ?se encuentra usted bien?, est? usted p?lido...
Encontrar la calle Rector no ser? dif?cil, descubro que en mi carrera no he hecho m?s que dar vueltas a la misma manzana. La plaza Gris se distingue al fondo. Debo encontrar el peri?dico, la raz?n, a mi. Y el tiempo es importante. Yo soy importante. Los ojos Negros significan la muerte, la perdici?n.
Volvemos al punto de partida... el bar est? cerrado, aunque a?n se distingue luz en el interior, el candado y la verja que cierran el local est?n a medio camino entre la desesperaci?n y el peri?dico. La puerta de cristal (antes imperceptiblemente abierta) est? cerrada. Llamo al timbre.
- Disculpe, est? cerrado...
- Lo s?, lo s?... antes vi un peri?dico en una de las mesas. ?Lo guardan?, ?lo han tirado?, es importante...
- Euh, creo que no, pero d?jeme mirar...
El hombre se encamina hacia la mesa donde estuve sentado sin vacilar (?un recuerdo?, ?intuici?n?) y recoge el peri?dico. Luego, busca algo tras el mostrador, envuelto en un papel de regalo (??de regalo!!) que bien podr?a llevar veinte a?os as? de lo gastado y sucio (y muy seguramente abierto y revisado) que est?, y me lo entrega.
- Tome, el peri?dico... ah, y una cosa curiosa... alguien que se parec?a a usted, una vez... me dijo que esto suceder?a. Me dio un regalo importante para mi, a cambio de este peque?o envoltorio. Me dijo que lo guardase, y que se lo diese a alguien a cambio de un viejo peri?dico del siglo pasado. Y le puedo jurar que ese peri?dico nunca pas? por mis manos...
La sangre golpea con violencia mis sienes. ??El tiempo!!. El tiempo es importante. El siglo pasado... con violencia le arranco el peri?dico y el viejo envoltorio de entre sus manos, y le farfullo unas gracias demasiado r?pido para que las oiga. Me refugio bajo la cornisa del portal de al lado y abro el peri?dico.
Devoro las p?ginas como si leer fuera lo ?nico para lo que estoy en el mundo. Cada palabra se incrusta en mi mente con el af?n de un activo funcionario cuya raz?n de ser fuera archivar y relacionar datos. No puedo recordar nada. Ni una sola de las palabras me suena. Ni una sola de... Dios, me voy a volver loco. Si es que no estoy loco ya. En la secci?n de anuncios por palabras hay algo...
"Hola, viejo amigo. ?Quieres abrir el regalo?".
El peri?dico cae como hojas secas hacia el suelo mientras mis manos desgarran el papel del envoltorio. En el interior hay un peque?o espejo. Alzo la vista para mirar el reflejo... y s?lo capto mis ojos.
Mis ojos Negros.
A lo lejos se oye un disparo.
sansara
Fecha de publicación: 28.07.2002
Fecha de creación: 28.07.2002
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